Alphabet ya es parte del club de los US$ 4 billones: cómo la IA y la energía limpia reconfiguran el mapa de poder corporativo
Alphabet entra al club de los U$S 4 billones con su recomposición en IA, Apple reconoce la supremacía tecnológica de Google al elegir GEMINI para potenciar Siri. Ørsted lleva a los tribunales el freno de Trump a un proyecto eólico de U$S 5.000 millones, en una trilogía que muestra cómo Big Tech y la transición energética que también se juega en política.

La entrada de Alphabet al club de los US$ 4 billones, la decisión de Apple de apoyarse en la IA de Google para relanzar Siri y la batalla legal de Ørsted contra la Casa Blanca de Trump por un proyecto eólico de US$ 5.000 millones condensan tres fuerzas que hoy marcan el pulso de los mercados: la carrera por la inteligencia artificial, la concentración de Big Tech y las tensiones políticas en torno a la transición energética.

Alphabet: del susto por la IA al club de los US$ 4 billones

Alphabet, matriz de Google, se convirtió en la cuarta Big Tech en alcanzar una valuación de US$ 4 billones, detrás de Apple, Nvidia y Microsoft. Sus acciones subieron 0,2% en la apertura de Wall Street el lunes, coronando un rally superior al 6% en el último mes y completando una suba de 65% en 2025, el mejor desempeño anual desde 2009, cuando el papel se duplicó tras la crisis financiera.​

El giro se produjo luego de que el mercado diera por superado el temor de que Google hubiera dejado escapar su ventaja temprana en IA frente a OpenAI. El grupo transformó una unidad históricamente subestimada —la nube— en un motor de crecimiento clave y sumó algo inusual: una inversión tecnológica de Berkshire Hathaway, el holding de Warren Buffett. Su nuevo modelo GEMINI 3 recibió críticas favorables y “ha intensificado la presión sobre OpenAI” luego de que GPT-5 dejara a parte de los usuarios “decepcionados”, según los análisis citados.​

Incluso en el ecosistema corporativo la señal es fuerte. Salesforce, por ejemplo, se alineó públicamente con el nuevo modelo: su CEO, Marc Benioff, dijo que “nunca volvería” al uso anterior tras adoptar Gemini 3, reforzando la percepción de que Alphabet recuperó tracción en la carrera de IA. El apetito inversor se explica también por la posibilidad de alquilar a terceros los chips de IA desarrollados por Google, antes reservados al uso interno, en un contexto donde la demanda por capacidad de cómputo crece al ritmo de la IA generativa.​

Apple se apoya en la IA de Google para revivir Siri

En paralelo, Apple envía una señal contundente: para su gran salto en IA, prefiere subirse a la infraestructura de un rival antes que seguir rezagada. La compañía confirmó una alianza multianual con Google para utilizar los modelos GEMINI y su nube como base de los futuros “Apple Foundation Models”, el corazón de las nuevas funciones de IA que integrará en el iPhone y otros productos.​

El acuerdo llega después de un año en el que Google y Samsung capitalizaron antes las capacidades de IA en sus dispositivos, mientras Apple demoraba el lanzamiento de varias de las funciones que había prometido para 2024 como parte de una actualización “revolucionaria” de software. Una de las ausencias más visibles ha sido la esperada transformación de Siri en un asistente “más conversacional y versátil”, capaz de gestionar tareas complejas de forma autónoma.

Ese déficit llevó a que, ya en agosto, Bloomberg revelara que Apple estaba en conversaciones iniciales con Google para usar una versión a medida de GEMINI en la próxima iteración de Siri. Ahora la compañía lo confirmó en un comunicado enviado a CNBC. “Después de una evaluación cuidadosa, determinamos que la tecnología de Google proporciona la base más capaz para los Apple Foundation Models y estamos entusiasmados por las nuevas experiencias innovadoras que habilitará para nuestros usuarios”, afirmó Apple.​

Según reportes previos, Apple podría pagar en torno a US$ 1.000 millones anuales por acceso al modelo GEMINI de 1,2 billones de parámetros, un salto importante frente al sistema de 150.000 millones de parámetros que hoy alimenta las funciones de Apple Intelligence en la nube. Para los inversores, el mensaje es doble: Apple admite que Google está un paso adelante en infraestructura de IA, mientras Alphabet monetiza su stack no solo vía buscador y nube, sino también como proveedor crítico de otros gigantes.​

Ørsted vs. Trump: la política energética entra en los tribunales

Lejos del Silicon Valley, otra batalla se libra en la costa este de Estados Unidos y habla de la fragilidad regulatoria de la transición energética. Ørsted, la mayor desarrolladora de parques eólicos offshore del mundo, pidió una medida cautelar contra la decisión de la administración Trump de frenar su proyecto Revolution Wind, de US$ 5.000 millones, frente a Rhode Island.​

El Departamento del Interior suspendió el 22 de diciembre por 90 días cinco contratos de arrendamiento para parques eólicos marinos, alegando “motivos de seguridad nacional” vinculados a posibles interferencias de las turbinas con sistemas de radar del Pentágono. La orden impacta directamente en Revolution Wind, un proyecto de 700 megavatios que Ørsted estima en un 87% de avance y que debería comenzar a generar electricidad este año, abasteciendo a unos 350.000 hogares.​

En su demanda, Ørsted advirtió: “Similar a la orden de detención de trabajos emitida en agosto de 2025, el proyecto Revolution Wind corre riesgo de sufrir un daño significativo debido a la suspensión actual del arrendamiento. En consecuencia, litigar es esencial para salvaguardar los derechos del proyecto”. La compañía recordó además que “Revolution Wind ha invertido y asignado miles de millones de dólares basándose en las expectativas fijadas durante un proceso de revisión exhaustivo”, subrayando el riesgo para la seguridad jurídica en proyectos de infraestructura verde.​

La reacción política tampoco se hizo esperar. Al día siguiente de la suspensión, los gobernadores de Nueva York, Massachusetts y Rhode Island emitieron un comunicado conjunto en el que afirmaron que frenar la construcción “desafía la lógica, dañará nuestra búsqueda de independencia energética, aumentará los costos para los consumidores estadounidenses y resultará en la pérdida de miles de empleos bien remunerados”.​

Trump, por su parte, mantiene su discurso crítico hacia las renovables. El presidente ha calificado en varias ocasiones a los aerogeneradores como “feos”, “caros” e “ineficientes”, y llegó a describir a los proyectos de viento como un “desastre económico y ambiental”. La pausa a los cinco parques —casi 6 gigavatios de capacidad combinada— refuerza su alineamiento con los combustibles fósiles y expone a los desarrolladores a un riesgo político que los mercados ya empiezan a pricear en el costo de capital para este tipo de activos.​

Tres señales para inversores cripto y de mercados

Para el lector de negocios y finanzas —incluido el inversor cripto, acostumbrado a navegar ciclos acelerados— estas tres historias dejan mensajes claros. La primera es que la infraestructura de IA se está consolidando en manos de muy pocos proveedores, capaces de capturar rentas de escala y fijar estándares técnicos para el resto del ecosistema. La segunda, que incluso gigantes como Apple pueden optar por comprar capacidades antes que construirlas, validando la tesis de que el “moat” en modelos fundacionales y chips de IA pertenece hoy a un puñado de jugadores. La tercera, que la transición energética no es solo una cuestión tecnológica o financiera, sino también política y judicial: un cambio de criterio en Washington puede poner en pausa en cuestión de semanas miles de millones de dólares en activos ya construidos o casi terminados.​

En un mundo donde la digitalización, la IA y la descarbonización marcan las grandes narrativas, Alphabet, Apple y Ørsted muestran, cada una a su manera, que el valor —y el riesgo— se están redefiniendo tanto en los laboratorios de IA como en los despachos regulatorios. Para cualquier portafolio sofisticado, ignorar esa doble dinámica dejó de ser una opción.