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Michel Rolland
Lifestyle

Murió Michel Rolland: el enólogo francés que apostó por el Malbec argentino en el mundo

Pancho Barreiro

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Desde su llegada en los años 90, impulsó una nueva forma de producir, pensar y vender el vino argentino. Un estilo que generó debates y controversias, pero su gran mirada global ayudó a posicionar al Malbec en el mundo.

20 Marzo de 2026 11.37

Aún estaba lleno de energía, proyectos, planes de viaje. Puede ser que su corazón se vio abrumado por esa vida ajetreada que tanto amaba, por sus 55 años de arduo trabajo, sus viajes a todas las latitudes del mundo, su lado pasional y su vida de bon vivant”, así anunció la familia su partida.

Y la noticia sacudió a la industria como un racimo que cae antes de tiempo: Michel Rolland fue (y es) uno de los nombres más influyentes del vino contemporáneo y una figura decisiva para entender la proyección internacional del vino argentino en las últimas tres décadas.

Su historia no se explica sin Argentina. Y, en gran parte, la Argentina vitivinícola moderna tampoco se explica sin él.

Nacido en Pomerol, en el corazón de Burdeos, Rolland fue heredero de una tradición familiar, pero su ambición fue global. No se conformó con hacer grandes vinos en su Francia natal: él hablaba de cómo se pensaban y, sobre todo, cómo se contaban.

Michel Rolland
 

Desde los años 80 comenzó a construir una red de consultoría que lo llevó a trabajar con cientos de bodegas en el mundo, desde Francia hasta Sudáfrica, pasando por Estados Unidos, España, China y América Latina.

Su llegada a Argentina marcó un antes y un después. A fines de los 80 y comienzos de los 90, cuando el vino argentino aún buscaba identidad en los mercados internacionales, Rolland aportó método, criterio y una mirada orientada al consumidor mundial. Entendió antes que muchos que el Malbec podía ser mucho más que una cepa histórica: podía ser una bandera. Y trabajó para izarla bien alto.

No lo hizo solo desde la consultoría. Se involucró. Se instaló. Adoptó al país como una segunda casa. En el Valle de Uco fue uno de los impulsores de Clos de los Siete, un proyecto colectivo que reunió a inversores y bodegueros franceses en Mendoza, con una lógica poco habitual para la época: pensar el terroir con mentalidad internacional y, al mismo tiempo, respetar la historia de quienes se sumaban a su proyecto.

Michel Rolland
 

Desde allí también desarrolló sus propios vinos, con su nombre, consolidando una presencia concreta, no sólo simbólica. No era un asesor que pasaba: era un actor que se quedaba. Y eso, en una industria donde muchos miraban desde afuera, marcó una diferencia profunda.

El estilo Rolland

Su influencia estilística fue clara y, también, discutida. Rolland promovió vinos de gran madurez, con concentración, volumen en boca y perfiles pensados para seducir a la crítica internacional.

Creó el “estilo Rolland” que fue adoptado por muchas bodegas y ayudó a posicionar al vino argentino en mercados exigentes. Pero también generó debates sobre la homogeneización del gusto y la supuesta pérdida de identidad. Esa discusión tuvo su punto más visible en Mondovino, el documental que lo retrató como símbolo de una globalización del vino que muchos cuestionaban.

Para quienes tuvimos el placer de entrevistarlo, sabemos que nunca esquivó esas críticas. Las enfrentó con convicción y resultados. Y, sobre todo, con una premisa: el vino debía ser comprendido y disfrutado en todo el mundo.

Michel Rolland
 

En sus últimos años, su mirada también evolucionó. Como tantos referentes de su generación, comenzó a incorporar prácticas más sustentables, con foco en el manejo orgánico y el respeto por el entorno. No fue una conversión oportunista, sino una adaptación a un cambio de época que él mismo ayudó a acelerar.

El legado que deja es amplio y difícil de encasillar. Fue técnico, consultor, empresario y comunicador. Fue puente entre continentes. Fue, también, un hombre que entendió que el vino no se termina en la botella: empieza en la tierra, pero finaliza en las copas de quienes lo comparten.

Para Argentina, su figura queda asociada a un momento bisagra: el paso de productor local a protagonista global. Con sus aciertos y sus controversias, con su estilo y sus convicciones, Michel Rolland ayudó a que el vino argentino encontrara una voz propia en el concierto internacional.
 

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