Pancho Barreiro Editor
Marta Minujín sigue ocupando un lugar central en la escena cultural argentina. El próximo 10 de octubre recibirá el Premio Bienal a la Trayectoria durante la XX Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, que este año celebra cuatro décadas desde su creación y su edición número 20.
La organización fundamentó la distinción en una producción que desafió históricamente los límites entre el arte, la arquitectura y el espacio público. Aunque Minujín desarrolló su carrera dentro del arte contemporáneo, buena parte de sus trabajos más reconocidos fueron también construcciones, ambientes e intervenciones urbanas concebidas para ser recorridas o transformadas por el público.
En 1978 reprodujo el Obelisco porteño a escala real para presentarlo acostado en la Bienal Latinoamericana de San Pablo. Un año más tarde realizó en Buenos Aires El Obelisco de pan dulce, una estructura monumental recubierta con miles de unidades que luego fueron repartidas entre el público.
Ese vínculo entre monumento, arquitectura y participación volvió a aparecer en El Partenón de libros, levantado en Buenos Aires en 1983 con miles de ejemplares que habían estado prohibidos durante la dictadura y que luego fueron distribuidos entre los asistentes. La obra formó parte de una serie de proyectos monumentales y efímeros en los que Minujín tomó símbolos reconocibles, alteró su escala o su posición y los convirtió en espacios colectivos.
El reconocimiento de la Bienal se inscribe, por eso, en uno de los ejes que recorren buena parte de su producción y dialoga directamente con HABITAR, la consigna curatorial elegida para esta edición, que propone pensar la relación entre las personas, las ciudades, los territorios y las comunidades.
La distinción a Minujín será uno de los hitos de una edición que reunirá más de 100 estudios de arquitectura, 15 exposiciones, más de 50 conferencias, 40 invitados internacionales y representantes de más de 55 ciudades. La programación comenzó el 22 de septiembre y se extenderá durante octubre por el Museo Nacional de Bellas Artes, el Centro Cultural Recoleta, la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional de Arte Decorativo, el MARQ y otros espacios de Buenos Aires.
Smiljan Radić, el último ganador del Pritzker
Entre los principales invitados internacionales aparece Smiljan Radić Clarke, el arquitecto chileno que recibió en 2026 el Premio Pritzker, considerado la máxima distinción internacional de la arquitectura.
Radić desarrolló durante más de tres décadas una obra que cruza arquitectura, experimentación material, paisaje e instalaciones. Entre sus proyectos más conocidos se encuentra el Serpentine Pavilion de Londres de 2014, una estructura translúcida de fibra de vidrio apoyada sobre grandes piedras. También realizó el Teatro Regional del Biobío, además de viviendas, espacios culturales e instalaciones en distintos países.
Será una de las figuras del Foro Internacional de la Bienal, que se realizará entre el 5 y el 10 de octubre en el Auditorio Amigos del Bellas Artes. Durante seis jornadas habrá más de 50 conferencias con referentes internacionales de arquitectura, diseño, urbanismo, arte y pensamiento contemporáneo.
El estudio de Norman Foster, entre los más de 100 participantes
Otro de los nombres internacionales de peso llegará a través de Foster + Partners, el estudio fundado por el arquitecto británico Norman Foster.
No está anunciada la presencia personal de Foster en Buenos Aires, pero sí la participación de su estudio en la exposición central de la Bienal que reúne en el Museo Nacional de Bellas Artes a más de 100 oficinas locales e internacionales.
Cada estudio fue invitado a elegir una obra representativa de su trayectoria. Foster + Partners presenta Sudameris Plaza, un proyecto desarrollado en Asunción, Paraguay. La nómina incluye además estudios y arquitectos de España, Italia, Chile, Perú, Brasil, Ecuador, Uruguay, Estados Unidos y otros países, junto con una amplia representación argentina.
La exposición permanecerá abierta en el Bellas Artes hasta el 18 de octubre. El eje no busca simplemente mostrar edificios: reúne proyectos de arquitectura, urbanismo y paisaje para analizar cómo cambian las maneras de vivir y qué respuestas propone la arquitectura frente a transformaciones sociales, ambientales y territoriales.
De la Antártida a Iberá: cómo habitar los extremos
Dentro de HABITAR, dos proyectos argentinos llevan esa pregunta hacia territorios completamente diferentes: Habitar lo Extremo. Una biografía arquitectónica de la Antártida, desarrollado por el colectivo 6044 SUR, reconstruye más de dos siglos de ocupación del continente y analiza las formas arquitectónicas que surgieron para sobrevivir en uno de los ambientes más hostiles del planeta.
La muestra reúne ejemplos que van desde el hangar de Base Marambio hasta la estación británica Halley VI y la Estação Antártica Comandante Ferraz de Brasil. La Antártida aparece allí como un laboratorio donde arquitectura, infraestructura, tecnología y geopolítica se mezclan ante condiciones ambientales extremas.
El contrapunto aparece con Iberá. Habitar la naturaleza, que coloca el foco en uno de los grandes proyectos de conservación y desarrollo territorial de América Latina. La propuesta analiza cómo comunidades, organismos públicos, científicos, organizaciones y actores privados conviven en un territorio atravesado por la recuperación ambiental y el regreso de especies como el yaguareté.
Antártida e Iberá quedan así vinculadas por una misma pregunta: qué significa habitar territorios que obligan a repensar la relación entre seres humanos y naturaleza.
Del Bellas Artes al Recoleta: una Bienal que ocupa la ciudad
El Museo Nacional de Bellas Artes funciona como una de las sedes centrales, pero la programación se extiende por buena parte de Recoleta y otros puntos de Buenos Aires. En el Centro Cultural Recoleta, por ejemplo, se exhibirán las 40 obras seleccionadas, finalistas y ganadoras de los Premios de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea - Mies van der Rohe 2026. La selección reúne proyectos de 36 ciudades de 18 países y permite observar algunas de las principales tendencias recientes de la arquitectura europea.
El Recoleta también tendrá Form Follows Fiction: Six Inquiries, curada por Vladimir Belogolovsky, con proyectos de estudios de Estados Unidos, Armenia, México, Croacia, Bélgica y Argentina; y una instalación surgida de Architexture: Aquí y mañana, una convocatoria franco-argentina centrada en el uso contemporáneo de la tierra cruda y la construcción sustentable.
La programación continuará con César Pelli y Diana Balmori. Arquitectura de una biblioteca compartida, en el Museo del Libro y de la Lengua de la Biblioteca Nacional; una exposición sobre una etapa poco difundida de la obra de Alejandro Bustillo, en la Casa Victoria Ocampo; y Madera: mirando al futuro del habitar, en el Museo Nacional de Arte Decorativo, que explora el cruce entre un material ancestral, fabricación digital y nuevas tecnologías constructivas.
A cuatro décadas de su creación, la Bienal vuelve así sobre una discusión que excede a los arquitectos: cómo se diseñan las ciudades, cómo se interviene el espacio público y de qué manera puede cambiar nuestra relación con los lugares que habitamos. En ese contexto, el premio a Marta Minujín funciona también como una declaración sobre los límites cada vez menos rígidos entre arquitectura, arte y vida urbana.