DTF St. Louis, dos amigos, dos familias y un misterio imposible de dejar
La reciente miniserie de HBO cuenta con un gran elenco integrado por Jason Bateman, David Harbour y Linda Cardellini y plantea una idea que provoca: “Nadie es normal. Solo parece serlo desde la vereda de enfrente.”

Resulta fácil decir que la miniserie de HBO DTF St. Louis es adictiva. Es un poco más complejo explicar los motivos, ya que muchos de ellos tienen que ver con su trama y los puntos que toca, y es conveniente evitar espoilers. Así que lo mejor es empezar diciendo que se trata de la historia de una amistad y dos matrimonios que se cruzan en puntos límites.

Esa descripción es demasiado vaga para hablar de una historia que aprovecha sus siete episodios para revelar más y más capas de sus protagonistas, siempre sorprendiendo, a veces emocionando y siempre jugando con el espectador. Porque se trata de una historia policial, de un drama, de comedia (un poquito) y de una historia muy humana.

El dúo protagónico es encarnado por Jason Bateman en uno de sus mejores papeles, y por David Harbour, que explota al máximo su carisma de tipo tristón y entrañable. Respectivamente son Clark Forrest, meteorólogo estrella de la TV de St. Louis, padre de una familia ideal, y Floyd, el intérprete de lengua de señas que trabaja con él. Durante muchas escenas a lo largo del desarrollo de la historia, ambos parecen más que encantados de explorar los límites de sus personajes desde el lado más humano. Lo mismo sucede con Linda Cardellini, quien encarna a la sacrificada esposa de Floyd y madre de un hijo con explosiones emocionales.

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En cuestión de minutos, el primer capítulo repasa la historia casi con flashes. Tras la cobertura de un huracán que los pone en riesgo, se hacen muy amigos. Se acercan cada vez más, sus esposas y familias se conocen, practican deportes, tienen charlas de mucha confianza y crecen en sus trabajos.

Hasta que un personaje muere repentinamente y deja a los demás entre la espada y la pared, en un juego de diálogos en el que el pasado tiene muchísima importancia. El truco, aquí, viene de parte del director y guionista de toda la miniserie, Steve Conrad (escritor de películas como En busca de la felicidad, La vida secreta de Walter Mitty y Patriota). Ningún diálogo que se muestra está completo, solo parece estarlo en el momento en que lo vemos, hasta que uno o dos capítulos después aparece otra parte del mismo diálogo que nos da más información o cambia nuestra percepción de los hechos.

Si bien en ciertos casos las películas o las series muestran trucos narrativos en los que los escritores parecen jugar a hacerse los listos, aquí la idea es otra. Se establece un juego con los espectadores entre datos, sospechas y apariencias que constantemente mueve a preguntar: ¿esto habrá sido así?, ¿el motivo será este?, ¿aquel personaje dice la verdad?, al mismo tiempo en que se lanzan posibles respuestas. Gracias a esta narrativa se construye una especie de complicidad con la historia y sus vericuetos, a medida que uno se adentra en los actos y corazones de los personajes. @@FIGURE@@

En cierta forma, los personajes parecen hechos a su medida. Al igual que los de Linda Cardellini, el policía Donoghue (el gran Richard Jenkins) y la oficial de crímenes especiales Jodie (Joy Sunday).

La química entre todos funciona perfectamente. Primero está la que se da entre los personajes de Bateman y Harbour, cuya relación tiene que ver con los misterios y revelaciones que maneja la historia. También está la que tiene Cardellini con ellos y con la policía interpretada por Joy Sunday. O la de ella, que es una joven bastante abierta en lo sexual, y el policía de Richard Jenkins, un veterano más conservador aunque abierto a hablar y siempre estupefacto ante lo que va descubriendo.

“Nadie es normal. Solo parece serlo desde la vereda de enfrente.” Esa frase se repite numerosas veces a lo largo de la historia. Cada revelación sobre los personajes y sus decisiones parece demostrarlo. Y, a su vez, esa anormalidad que se destapa tiene siempre un trasfondo humano y muy emotivo.

No hay espoiler al explicar el título. DTF St. Louis es una aplicación de citas para personas casadas que quieren “echar una cana al aire” sin más compromiso y que funciona exclusivamente en el área de Saint Louis. Es la que descubre el personaje de Bateman y que le recomienda a su amigo. Esta aplicación no es ni el comienzo ni el final de la historia y del misterio, pero sí un hilo conductor muy fuerte, a través del que se expresan muchos sentimientos con los que podemos empatizar.

Por encima de todo, más allá de lo que consideremos normal o anormal en el ámbito privado, hay elementos transversales a estos personajes. Elementos a los que no nos podemos sentir ajenos. Eso es mérito del elenco de la serie, pero también de su guion y de la dirección. Pocas series atrapan de esta manera sin apelar a la acción ni al golpe de efecto sonoro, sino con tiempos pausados, personajes fuertes y una gran fotografía.

Condensada, hubiera sido una muy buena película de intriga y drama. Así, expandida y con aire, es humana, muy profunda en sus personajes, disfrutable en su ritmo y muy recomendable.