En la previa de su primer recital en Buenos Aires, Bad Bunny fue un turista más en la ciudad: salió a comer y disfrutar de una cata de vinos. Con operativo discreto y mucha expectativa en la puerta, el artista puertorriqueño cenó en NESS: un restaurante en pleno Núñez ubicado en el puesto 64 en el ranking 2025 de Latin America's 50 Best Restaurants.
La visita fue cerca de las 22.50. Gorra, lentes, capucha y pañuelo para cubrir el rostro. Perfil bajo. Puertas adentro: distendido, con humor y diálogo fluido con el equipo de cocina. Afuera, seguridad y teléfonos atentos.
Fuego a la vista

NESS funciona en una ex sodería de techos altos sobre la calle Grecia, en el corazón de Núñez. El proyecto es de Leo Lanussol -recordado por su icónico Proper- junto a Esteban Cigliutti. La premisa es clara: cocina directa, sin gas en planta baja, todo a leña. Parrilla, plancha y horno de barro como columna vertebral.
No hay fronteras entre cocina y salón. Los platos se terminan frente al comensal, sobre grandes mesones, con el fuego como escenografía natural. La experiencia es intensa y frontal: producto, técnica y calor real.

El espacio se divide en dos dinámicas. Un bar de vinos sin reserva, con carta propia y DJs en vivo los fines de semana, pensado para una experiencia más espontánea. Y el restaurante formal, que funciona exclusivamente con reserva previa. En la planta alta, una cocina de producción que también opera como salón privado para grupos reducidos.
Una cata federal y platos para compartir
La cena de Bad Bunny incluyó una mini cata de vinos argentinos. Un recorrido federal que contó con vinos de las provincias de Jujuy, Salta, San Juan, Mendoza y Río Negro. Además de variedades como Sauvignon Blanc de Trópico Sur de El Bayeh, Chardonnay Mainqué de Bodega Chacra, Criolla Chica La Totora de Cara Sur, Malbec Aluvional de Zuccardi y Malbec Finca Las Carreras de Paco Puga.

DER: Flan de halva: Bad Bunny pidió dos para llevarse al hotel
En cuanto a la comida, la mesa mostró el ADN de la casa: pan a las brasas, chipirones con huancaína negra, cerdo con chili crisp, arroz con queso Lincoln y brócoli.
El postre de cierre tuvo nombre propio: flan de halva. Que le gustó tanto que pidió dos más para llevar al hotel con dos botellas de vino: el Chardonnay de Mainqué y el Malbec de Finca Las Carreras.


