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¿Cae un tabú? El primer libro que lleva el humor gráfico al mundo de los mercados

Damián Damore

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El ilustrador Damián Aiello convierte al toro y al oso —símbolos del bull market y el bear market— en sus alter egos para trasladar el lenguaje de las finanzas al terreno de la viñeta.

18 Septiembre de 2026 08.19

Damián Aiello pasó buena parte de su vida profesional mirando películas, escribiendo sobre ellas y acumulando una cantidad de información sobre cine que difícilmente entre en un balance trimestral. En 2001 fundó, junto con el periodista y editor Diego Papiccinenacional.com, un banco de datos que reúne la historia del cine argentino, cuya dirección dejó en 2014.

Aiello ejerció durante años el periodismo cultural y la ilustración. Su recorrido le permite jactarse de haber sido parte de la "paleointernet": "Amo la tecnología desde siempre. Me conecté a la red en 1994, cuando recién arrancaba; siempre estuve a la vanguardia. Empecé a dibujar y a armar sitios web: hice el de Memphis La Blusera en 1999 y el de Fena Della Maggiora, entre varios otros, antes de que existiera Google. Eso quedó en el pasado, pero no se contradice con lo que hago hoy. Yo amo la inteligencia artificial", destaca.

Libro El humor de los Mercados - Gentileza
Damian Aiello, autor de El humor en los mercados, de Santoro & Donoso, de puño de Ariel Tarico. 

De esa mezcla de intereses, oficios y curiosidad nace El humor en los mercados, de Santoro & Donoso, un libro que encuentra en las finanzas un nuevo repertorio de personajes, situaciones y, sobre todo, lenguaje. Santoro & Donoso, sus alter egos, esconden en sus apellidos al toro y al oso, las dos figuras que desde hace siglos representan las subas y las bajas de las cotizaciones. El prólogo estuvo a cargo de Claudio Zuchovicki, reconocido por su labor como divulgador financiero en los medios. Desde 2024, Aiello comparte espacio con él en el canal de streaming Neura, donde todos los lunes participa en Cuando mis hijos tengan mi edad, el programa que conduce Zuchovicki. "Tengo grandes compañeros: el profe Juan Carlos de Pablo, Mariana Shaalo, Fede Sandler y Pablo Giunta", cuenta.

En este presente atravesado por transmisiones en vivo y algoritmos, Aiello toma una decisión que lo lleva deliberadamente en otra dirección. Aunque se define como un "pro-IA" y ve en esa tecnología una herramienta de enorme potencial, El humor en los mercados está dibujado íntegramente a mano. No se trata de una reacción contra la inteligencia artificial, sino de una defensa del dibujo como oficio y de una determinada manera de concebir el humor.

"Hoy presento mi material, y mi material es el pasado hecho hoy, porque no está hecho con inteligencia artificial. Me gusta llamarlo 'material' y no 'contenido', como suelen decir con cierta ligereza los improvisados. 'Material' supone algo concreto, trabajado, que tiene sustento; 'contenido', en cambio, puede ser casi cualquier cosa. Si ponés las dos palabras una al lado de la otra, no resulta difícil decidir cuál dice más", remarca sin rodeos. Y agrega: "Si bien charlé con la IA para consultar algunas ideas, a nivel de lenguaje no puede hacer humor. Además, estéticamente, la gráfica generada por IA me parece pésima. Me importa destacar que mi libro está 100% dibujado a mano por un humano. Pero insisto: no soy un anti-IA, soy un pro-IA. Para mí es como un lorem ipsum de lujo. Como dice Spielberg: quiero que me ayude a hacer scouting, que busque entre un millón de fotos una locación específica. Pero no quiero que me diga que me falta un personaje de determinadas características. Ahí me planto".

Damian Aiello - Gentileza
Damian Aiello (Foto: Gentileza)

Mercado, mercadito, ¿qué acción me hará rico?

El desafío del libro consiste en ingresar a un universo con jerga propia y códigos crípticos para el público general, sin convertir ese conocimiento en una barrera de entrada para el lector. Allí es donde Aiello cruza sus dos facetas: la del investigador acostumbrado a narrar y la del dibujante que busca el punto exacto donde aparece el gag.

El humor sobre los mercados tiene una historia bastante más larga que las viñetas financieras contemporáneas. Ya en el siglo XVII, en los Países Bajos, la especulación con tulipanes dio lugar a algunas de las primeras representaciones satíricas de una fiebre financiera. La llamada "tulipomanía" alcanzó su punto crítico entre 1636 y 1637, cuando los precios de determinados bulbos se dispararon para luego desplomarse. El episodio es considerado la primera gran burbuja especulativa de la historia.

Aquella locura ofreció un material irresistible para los artistas de la época. Jan Brueghel el Joven convirtió el fenómeno en una sátira donde los especuladores aparecen representados como monos que negocian, pesan bulbos, cuentan monedas y celebran negocios mientras a su alrededor se acumulan las ruinas del derrumbe. En El carro de Flora, de Hendrick Gerritsz Pot, la diosa asociada a las flores avanza rodeada por la necedad humana. Eran imágenes producidas al calor de una crisis ya consumada, prueba de que convertir la codicia, la euforia y el pánico en materia cómica no es una invención moderna.

En ese sentido, Aiello se inscribe en una tradición centenaria: personajes dominados por la ambición, cotizaciones delirantes, fortunas volátiles y una colección inagotable de comportamientos absurdos.

Libro El humor de los Mercados - Gentileza
 (Foto: Gentileza)

"El humor financiero funciona como un chiste interno entre desconocidos"

La pregunta, entonces, no es solamente qué hace Aiello cuando dibuja sobre finanzas, sino cómo se traduce ese mundo técnico para conseguir que alguien ajeno a la City bursátil se ría. "No suelo pensar mucho en quién es la persona que se va a reír con algo que yo haga. Lo que más me interesa es que se ría, que le parezca bueno el chiste o se cope con la idea del gag. Ahora bien, en el caso particular de este libro, donde hay muchos remates que requieren conocer cierta jerga o la operatoria bursátil, el desafío de hacer reír es más grande". 

¿Cuándo sentís que aparece la complicidad con el lector en el humor financiero? 

Me gusta pensarlo como un chiste interno entre desconocidos. En general, los chistes internos requieren que estés metido en el tema, que conozcas a los personajes, las historias... el lore, como le dicen ahora. La complicidad aparece ahí, en el código compartido.

¿Por qué el humor sobre los mercados parece haber sido un territorio poco explorado? 

No sé, imagino que por el mismo modo en que las finanzas resultan muchas veces un tabú. La gente suele tener recelos para hablar abiertamente de plata o inversiones. Si hay una traba, me parece que viene por ahí.

Rubén Mira, guionista de La Nelly (de Langer), sostiene que el humor gráfico en los medios se fue convirtiendo en una extensión de la línea editorial. ¿Coincidís? 

Sí, está bien la observación. Más allá de lo ideológico, es un "humor" que me da algo de vergüenza.

Libro El humor de los Mercados - Gentileza
 (Foto: Gentileza)

Se habla mucho de la crisis del periodismo y la desaparición de ciertos oficios dentro del sector, pero casi no hay debate sobre la transformación o extinción del humor político gráfico. ¿A qué se lo atribuís? 

A que el público está en otro lado. Antes la gente caminaba por la calle y paraba en un puesto de diarios para ver la tapa de la revista Humor. Hoy ese puesto se convirtió en una cafetería de especialidad al paso. Lo que pasó fue que le abrimos la puerta a los salvajes: a los que no cobran por publicar o a los que lo hacen por canje. Se bastardeó la profesión; perdió valor.

¿Cuál fue el mejor chiste sobre finanzas que viste o escuchaste? 

Hay muchos. Me acuerdo de uno de Maicas que decía algo así como: "Tanto hablar del salario real da la sensación de que vivimos como reyes". Y hay otro dibujo que me viene a la mente sobre la crisis del 29: un inversor se tira desde un piso alto de un edificio y, mientras cae, ve por la ventana a un agente de bolsa que le muestra que el precio de sus acciones acaba de rebotar. Entonces dice: "Uh, 3% arriba. Me parece que salté demasiado pronto".

¿Se puede meter la pata con el humor financiero? 

En Internet existe algo llamado la Ley de Poe, un principio que dice que, a menos que pongas una señal muy explícita de que algo es humor, es imposible parodiar una postura absurda sin que alguien la confunda con una creencia real. Quizás si hacés un chiste sobre inversiones y algún distraído lo ve y dice: "¡Qué buena idea!", estés metiendo la pata. Por eso, antes de terminar el libro puse una advertencia, un descargo de responsabilidad, avisando que ninguna de las pavadas que digo en esas páginas constituye asesoramiento bursátil. Por las dudas, nunca se sabe.

¿Sos de los que dibujan todo el tiempo? 

Si me preguntabas hace unos años, te hubiera dicho que sí. Ahora depende del momento. Este año, con el armado del libro, estuve dibujando mucho más que el anterior.

¿Te pasa que, para explicar algo, necesitás recurrir al dibujo? 

A veces una imagen vale más que mil palabras. Yo, con que valga más de 650, me conformo (risas).

¿Es una manía extendida entre los ilustradores? 

Sí, bastante. No solo se dibuja en anotadores: también se aprovecha cualquier superficie en la que se puedan dejar unos trazos. En el margen del diario, en manteles individuales descartables... Es más, ya que estás, prestame una birome y alcanzame esa servilleta que tenés ahí (risas).

¿Sos zurdo? 

Sí.

¿Hay ilustradores zurdos famosos? 

Varios. De acá se me ocurren Sendra, el de Yo, Matías, y Diego Parés, de La Nación. De afuera, Matt Groening. Y los clásicos: Da Vinci, Picasso, Escher... Maradona y Messi no dibujaban, pero te pintaban la cara (risas).

¿Se nota de alguna manera en el trazo? 

Quizás algún ojo entrenado se dé cuenta. Probablemente se note más en las líneas con envión: no es lo mismo ir a favor del trazo que a contramano. Amén de que te podés manchar vos y manchar la hoja.

Para el público: ¿cómo es Zuchovicki en el trato diario? ¿No es difícil hacerlo reír? 

Para nada. Si ves el programa, te das cuenta de que se ríe un montón. Zucho es muy generoso con las palabras y, sobre todo, a la hora de darme espacio: nunca me pregunta antes qué es lo que voy a llevar porque le gusta sorprenderse al aire. Es de las mejores personas que este ambiente me permitió conocer.

Después de encarar este libro, ¿aprendiste mucho sobre economía? 

No. Creo que estoy más confundido todavía (risas).

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