El liderazgo suele describirse como la capacidad de fijar una visión, inspirar y diseñar estrategias. Pero, en la práctica, algunos de sus momentos más decisivos se reducen a una tarea bastante menos glamorosa: tomar decisiones difíciles sobre las personas.
Contratar y despedir no son apenas tareas operativas. Son momentos que marcan la cultura de una empresa. Y la manera en que los líderes los gestionan, sobre todo cuando la decisión resulta incómoda o toca algo personal, puede definir si una compañía crece o empieza a deteriorarse, de a poco, desde adentro.
Las personas adecuadas en los puestos adecuados
Toda empresa que crece llega a un punto en el que la estructura pesa más que el esfuerzo. Una manera útil de entenderlo es esta: "Necesitamos a las personas adecuadas en el equipo, en los puestos adecuados". Cada rol existe por una razón y cada puesto exige un conjunto específico de habilidades, conductas y responsabilidades.
Cuando una persona adecuada ocupa el puesto correcto, el desempeño suele darse casi de manera natural. Las expectativas quedan claras. Los resultados se vuelven previsibles. La confianza aparece sola. Pero, cuando alguien no encaja, comprobé que la mayoría de los líderes lo intuimos mucho antes de tomar una decisión. @@FIGURE@@
El costo de evitar decisiones difíciles
Uno de los errores de liderazgo más comunes que presencié a lo largo de los años es demorar decisiones cuando resulta evidente que alguien no es la persona indicada, ya sea para el puesto o para la organización. Las razones se entienden: empatía, lealtad, antecedentes o miedo a las interrupciones.
Pero el costo de esperar casi nunca es neutro. Cuando ese desajuste se sostiene en el tiempo, puede traer consecuencias que van mucho más allá de ese rol:
• La cultura de la empresa empieza a deteriorarse a medida que los estándares bajan de a poco.
• Los empleados de alto rendimiento detectan la falta de responsabilidad y pierden motivación.
• La confianza en el liderazgo se debilita cuando los problemas difíciles se dejan de lado.
• Los líderes terminan cubriendo el bajo rendimiento, y así tapan el problema de fondo.
Con el paso del tiempo, la organización puede pagar las consecuencias de esa indecisión con pérdida de impulso, de moral y de credibilidad. @@FIGURE@@
Cuando el rendimiento no mejora
Una de las decisiones más difíciles que me tocó tomar involucró a alguien con quien ya había trabajado en otro negocio. No fue una contratación casual: había historia, confianza, amistad y un vínculo personal.
A pesar de las expectativas claras, de las varias conversaciones y de las oportunidades de mejora, el desempeño siguió siendo irregular. Faltaba responsabilidad y no aparecía una evolución concreta. En determinado momento, la pregunta se volvió inevitable: ¿mantener a esa persona en el puesto beneficiaba a la empresa o la perjudicaba de manera directa?
Tomar esa decisión fue muy incómodo. Pero postergarla habría implicado dejar que el problema siguiera afectando al resto del equipo. En definitiva, no fue una decisión ligada al castigo ni a las emociones. Fue una medida para frenar el daño y cuidar la integridad de la organización.
Por qué la claridad es mejor que la demora
Una de las lecciones más importantes que aprendí es que la claridad resulta mucho más valiosa que una incertidumbre que se extiende en el tiempo. Cuando las expectativas son claras, la devolución es directa y las decisiones se toman con firmeza, todas las personas involucradas pueden seguir adelante, incluso cuando el resultado es difícil.
Los líderes no ayudan a sus equipos cuando esquivan la incomodidad. Los ayudan cuando sostienen los estándares, cuidan la cultura y se aseguran de que cada puesto quede en manos de alguien que pueda tener éxito en ese lugar. @@FIGURE@@
Reflexión final
Un liderazgo sólido no se define por cuánto tiempo se conserva el poder, sino por saber cuándo soltar. No todas las personas son adecuadas para todos los puestos, y eso no las convierte en un fracaso. Pero no actuar cuando la falta de encaje salta a la vista sí termina en un fracaso para la organización.
Si te toca enfrentar una decisión difícil vinculada al personal, hacete esta pregunta: ¿mantener a esta persona en el puesto ayuda a que el negocio crezca o lo frena?
Responder esa pregunta con honestidad es una de las responsabilidades más difíciles y más importantes del liderazgo.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.