La ejecutiva argentina que cambió las multinacionales por el trabajo humanitario: estuvo en Gaza y ahora liderará una ONG que rescata grandes animales
Tras más de una década de trayectoria internacional, Luciana D’Abramo, oriunda de Monte Grande, pasó de ocupar posiciones ejecutivas en Samsung y Unilever a trabajar en misiones humanitarias en Medio Oriente y África. En 2020 ingresó a Four Paws, la ONG austríaca que ahora está a cargo del rescate de los tigres y leones del exzoológico de Luján. A partir de enero de 2027 pasará a liderar la organización: será la primera mujer en hacerlo y buscará fortalecer la gestión global de la organización.

El último traslado de grandes felinos que permanecían en el exzoológico de Luján fue una operación de enorme complejidad. Treinta animales dejaron el predio que había sido clausurado en 2020 y fueron trasladados a dos santuarios especializados: 15 viajaron a The Wild Animal Sanctuary, en Colorado, Estados Unidos, y otros 15 a Lionsrock Big Cat Sanctuary, en Sudáfrica. Detrás de la logística, la planificación veterinaria y los meses de trabajo estuvo Four Paws, una organización internacional con experiencia en rescates y relocalizaciones de animales silvestres. Para Luciana D'Abramo, la argentina responsable global de Programas y miembro del board, el operativo no fue uno más de su carrera.

"Todos los animales llegaron bien. Están todos en los recintos, están comiendo, explorando y no tenemos ningún tema de salud que reportar. Salió todo como lo soñamos", cuenta. La emoción llegó cuando salió de la jaula el último león, Leonel. "Cuando nos dimos cuenta, empezamos a contar y ya estaban todos. Ahí me quebré, no podía terminar de hablar". Había pasado un año desde que Four Paws había asumido el trabajo en el predio y, durante ese tiempo, cada decisión había estado atravesada por la posibilidad de que algo saliera mal. "Fue el momento en el que dijimos: valió la pena".

Así fueron los preparativos y carga de los animales en las jaulas para el traslado de 30 grandes felinos desde el antiguo zoológico de Luján. - © FOUR PAWS | Hristo Vladev

D'Abramo no es veterinaria ni zoóloga. Tampoco llegó a Four Paws después de construir una carrera vinculada con la conservación animal. Su recorrido comenzó en el mundo corporativo, pasó por multinacionales como Unilever y Samsung, incluyó una experiencia de cuatro años en Corea del Sur y seis años de trabajo humanitario en Medio Oriente y África. Hoy, está radicada en Viena y se prepara para asumir, a partir del 1 de enero, como CEO de la organización de origen austríaco. Será la primera mujer y la primera latina en hacerlo.

Su historia profesional tiene un punto de partida bastante alejado de las oficinas globales y los directorios internacionales. Nació y creció en Monte Grande, en una familia de clase media cuyos padres eran educadores y habían dedicado su vida a la formación docente. De su papá, un inmigrante italiano que había construido su camino desde abajo, heredó una idea que todavía hoy atraviesa su manera de relacionarse con los demás: no perder de vista las oportunidades que uno tuvo y lo que puede hacer por otras personas.

Un recuerdo de su infancia explica bastante de esa mirada. Tenía cinco años y salió enojada de una juguetería porque no le habían comprado algo que quería. En la puerta de una iglesia vio a un chico pequeño que estaba muerto de frío. Su papá le hizo una pregunta que no olvidó: "¿Ves cómo te sentís ahora? Lo importante es no dejar de mirar. La diferencia entre ese nene y vos es que tuviste suerte de nacer en un lugar con más oportunidades. Pero ustedes son iguales". Esa lección fue la chispa que despertó su vocación.

A los 14 años perdió a su padre, en plena crisis de 2001. Las posibilidades económicas de la familia cambiaron y elegir una carrera también implicaba encontrar una forma de sostenerse mientras estudiaba. Aunque le hubiera gustado trabajar en el ámbito social o incluso estudiar Medicina, consiguió una beca para cursar Ciencias de la Comunicación en UADE. Empezó a trabajar en un call center y rápidamente pasó a tareas de control de calidad. "A los 19 años ya sabía lo que era trabajar, respetar horarios, entender dinámicas, buscar oportunidades y aprender", recuerda.

La primera gran puerta se abrió con una pasantía en Unilever. Allí empezó a conocer el funcionamiento de una multinacional y a trabajar en marketing global, con una mirada sobre los procesos y los negocios de punta a punta. Después llegó una oportunidad que cambiaría su trayectoria: un programa internacional de Samsung para trasladarse a Corea del Sur durante cuatro años, hacer un MBA financiado por la compañía y trabajar en la casa matriz antes de regresar a la Argentina con un puesto de responsabilidad. Tenía 24 años y, hasta entonces, mudarse de Monte Grande a Capital Federal ya le había parecido un salto enorme.

En el proceso de selección era la única mujer, rodeada de hombres, en su mayoría ingenieros y economistas con vínculos previos con Asia. Ella era comunicadora, tenía tatuajes y piercings y no encajaba demasiado con el perfil esperado. "Hice el proceso porque me parecía divertido. Nunca pensé que iba a quedar", cuenta. Se fue y pasó cuatro años en Corea del Sur, donde también conoció a su marido, de origen marroquí, que también formaba parte del programa.

El salto del mundo corporativo al trabajo humanitario

En Samsung encontró otra oportunidad para acercarse a una inquietud que llevaba desde chica. Mientras trabajaba en desarrollo estratégico de productos y en la conexión entre Asia y América Latina, empezó a involucrarse en las conversaciones sobre responsabilidad social corporativa. Era 2010 y la compañía comenzaba a desarrollar su estrategia global para aplicar la tecnología a iniciativas de educación, salud y otras áreas sociales. Cuando regresó a la Argentina, decidió que quería seguir creciendo en el negocio, pero también participar de ese trabajo. La posibilidad se amplió cuando se mudó a Marruecos, donde continuó su carrera en Samsung y se involucró en proyectos de educación, empleabilidad y salud.

El momento de quiebre llegó cuando le ofrecieron un ascenso para asumir mayores responsabilidades sobre África del Norte. Era el paso lógico para su carrera corporativa, pero también la confirmación de que estaba tomando una dirección que ya no la hacía feliz. "Cada vez que iba a visitar una ONG o una organización comunitaria local, trabajando con mujeres o con comunidades vulnerables, ahí me sentía feliz. No cuando estaba haciendo viajes a Nueva York con influencers". Volvió a su casa y le dijo a su marido que tenía que renunciar.

"Si alguien me dio la oportunidad, la voy a aprovechar", dice Luciana D'Abramo - © FOUR PAWS

La decisión no vino acompañada de una transición sencilla. Durante casi cuatro meses golpeó puertas de organizaciones sociales y ofreció su experiencia para distintos puestos. La respuesta se repetía: estaba demasiado calificada, podía resultar demasiado cara o no tenía experiencia en el sector. "Fue el golpe de humildad más grande", reconoce. Hasta que recibió un llamado de la directora regional de Aldeas Infantiles para África y Medio Oriente. 

La propuesta fue convertirse en representante de respuesta humanitaria en Medio Oriente, con la tarea de trabajar con distintos países, comunidades y donantes para desarrollar proyectos. Esa oportunidad le abrió seis años que define como los más felices de su vida profesional. Durante ese período vivió prácticamente con una mochila, basada en Marruecos y viajando a Palestina, la Franja de Gaza, Siria, Líbano, Irak y Jordania, entre otros destinos. También trabajó en distintas regiones de África y en Colombia, en proyectos vinculados con la crisis migratoria venezolana y con chicos atravesados por la violencia de las guerrillas y el narcotráfico. "Me la pasé seis años en el terreno, viajando a los peores lugares que uno puede leer en los medios como peores. Para mí no fueron los peores: fueron lugares llenos de gente hermosa". 

Pero después de tantos años con la mochila a cuestas, decidió buscar una oportunidad donde pudiera asentarse. A los 34 años llegó otro desafío: incorporarse a Four Paws, una organización en Austria, en un ámbito que ella misma describe como dominado por hombres blancos, mayores y con trayectorias muy tradicionales. No hablaba alemán y llegaba con una perspectiva diferente. Sin embargo, decidió aprovechar la oportunidad. "Si alguien me dio la oportunidad, la voy a aprovechar. No me importa lo que van a pensar, no me importa quién está de acuerdo, no me importa si sé todo. Tengo la responsabilidad de aprender lo que no sé, darle para adelante y encontrar la manera de hacerlo funcionar". 

Una forma argentina de gestionar una organización global

En Four Paws, cuenta, la llegada de profesionales argentinos suele llamar la atención por una característica que considera distintiva: la capacidad de encontrar soluciones incluso cuando las condiciones no son las ideales. "Nosotros no hacemos lo que hay que hacer, hacemos lo que hace falta hacer. Y si es trabajando una hora más, dándole tres vueltas o tomándonos un café con alguien para que nos dé una mano, lo hacemos". Para D'Abramo, crecer en un país donde los planes pueden cambiar de un día para el otro desarrolla una habilidad valiosa: entender que una dificultad no necesariamente significa que no haya salida. "Si algo no sale como planeamos, no se nos cae el mundo abajo".

Llegó a Four Paws en 2020, en un momento especialmente delicado: en enero había fallecido su fundador, Heli Dungler, y la institución atravesaba el desafío de reorganizarse después de su pérdida. Four Paws era entonces una organización con una trayectoria internacional y un fuerte trabajo en terreno, pero necesitaba fortalecer su estructura interna. Su diagnóstico fue que, para poder ampliar el impacto y sostenerlo en el tiempo, la organización debía profesionalizar áreas que durante años habían quedado en segundo plano. "Tenemos que operar un poco más parecido a una empresa, con el corazón de una ONG", resume.

El desafío no era menor. A diferencia de lo que suele imaginarse, dirigir una ONG internacional implica exigencias de gestión, control y transparencia que pueden ser incluso superiores a las de una empresa. La organización depende de la generosidad de las personas y debe demostrar cómo utiliza cada recurso, además de cumplir con auditorías, reportes y normas de compliance. "Si contrato un contador, por ejemplo, es un costo negativo porque no está yendo directamente a los animales. Pero si no tengo un contador, no puedo funcionar porque los auditores no me dejan funcionar para ayudar a los animales". 

Parte del equipo que participó del traslado de 30 grandes felinos del exzoológico de Luján - © FOUR PAWS | Hristo Vladev

"Es mucho más difícil ser la cabeza de una ONG que ser la cabeza de una empresa", sostiene. La dificultad está tanto en administrar recursos limitados como en decidir qué proyectos no se van a llevar adelante para poder priorizar otros. También en explicar por qué una organización necesita invertir en estructura, tecnología, protección de datos o fundraising para cumplir su misión. "Si una empresa vende más, se celebra. Si nosotros queremos juntar más dinero para después invertirlo y ayudar a más animales, la gente dice que no deberíamos estar juntando plata todo el tiempo, sino haciendo más por los animales". 

La transformación de Four Paws incluyó una revisión de procesos, una nueva estrategia y una reestructuración integral de la organización. En ese proceso, D'Abramo pasó el año pasado a ocupar el puesto de Chief Programme Officer, desde donde quedó al frente de la estrategia y los programas, el corazón de la actividad de la organización. "Tengo un equipo maravilloso que sabe toda la parte técnica, veterinaria y animal. Mi trabajo no es ser la más inteligente del cuarto sobre esos temas específicos, sino entender hacia dónde vamos y si lo que estamos haciendo tiene sentido", explica.

La sucesión llegó después de una conversación con el actual CEO, Josef Pfabigan, quien le comunicó que estaba listo para retirarse y le propuso ser considerada para ocupar su lugar. Desde el 1 de enero, D'Abramo asumirá la conducción global de Four Paws. "Es una organización que hemos reconstruido y que hemos hecho lo más sana posible para el futuro". 

Argentina, entre las prioridades de la agenda global

Su paso al mundo de la protección animal tampoco significó abandonar el trabajo con las personas. Para D'Abramo, ambas dimensiones están conectadas: "Los problemas de los animales son problemas de las personas. Son las personas las que los crean y las que los pueden cambiar". La pandemia, el cambio climático y la resistencia antimicrobiana son, desde su mirada, ejemplos de cómo el bienestar animal, la salud humana y el ambiente forman parte de un mismo sistema. Su aporte está en conectar esos mundos, darle una voz a los animales y lograr que más personas tomen decisiones para cambiar las condiciones que generan su sufrimiento.

En Argentina, ese trabajo tendrá continuidad más allá de la emergencia del exzoológico de Luján. Después de los traslados internacionales, todavía quedan 27 grandes felinos en el predio, cuya atención sigue a cargo del equipo de Four Paws. Según D'Abramo, las condiciones mejoraron porque el personal puede concentrar sus esfuerzos en una menor cantidad de ejemplares y en espacios más manejables. La organización ya está registrada oficialmente en el país y trabaja en dos frentes: encontrar soluciones para los animales que permanecen en Luján y relevar las necesidades de otros grandes felinos que viven en distintas partes de Argentina.

La posibilidad de desarrollar una solución local y permanente, incluso un espacio que funcione como santuario, está entre las alternativas que se están evaluando, aunque todavía no hay un proyecto cerrado. "Los animales son lo primero. La idea es tratar de buscar algo más permanente, emblemático y local en Argentina", adelanta. La intención, aclara, no es desplazar a las organizaciones que ya trabajan en el país, sino identificar qué hace cada una y dónde Four Paws puede aportar experiencia, recursos y capacidad de articulación.

Aun con una agenda que ahora tendrá alcance global, Argentina sigue siendo un lugar al que quiere volver y en el que pretende dejar una marca concreta. "Mucha gente dice: 'Yo quiero cambiar el mundo'. Bueno, ¿le dijiste buen día al panadero? ¿Le dejaste al taxista que se quede con el cambio? ¿Le explicaste a tu hijo cómo tratar o incluir a alguien?". Y concluye: "Todos podemos hacer del mundo un lugar mejor en cada una de las acciones que tomamos".