Costos ocultos y competitividad: el impacto de la brecha de género en las empresas argentinas
Natalia Gherardi, directora ejecutiva de ELA, presenta "Usted está aquí", un libro que combina datos y relatos cotidianos para mostrar cuánto cambió la Argentina en materia de género y cuánto falta todavía. Su mirada apunta directo al sector corporativo.

Laura Mafud Editora

Hay una pregunta que Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), no deja de hacerse: ¿Cuánto le cuesta a la Argentina seguir desaprovechando talentos y capacidades? La respuesta que encuentra no es solo ética sino económica. Y la acaba de plasmar, junto a su equipo, en un libro que se presentó recientemente: "Usted está aquí", una publicación que traza con datos, ilustraciones y evidencia el recorrido de la sociedad argentina entre el pasado y el presente, y que tiene un destinatario explícito: quienes toman decisiones.

"Vivimos en un presente diferente del que conocieron nuestros abuelos y nuestros padres. Diferente porque hoy existen más libertades para elegir, más herramientas para proyectar una vida propia y mayor reconocimiento de los talentos y esfuerzos de cada persona. Y porque muchas personas imaginaron que podíamos vivir mejor. Y tenían razón", escribe Gherardi en el prólogo del libro.

Pero el relato del progreso no es lineal. El libro lo muestra con una estructura que confronta el antes y el ahora en áreas que van desde el mercado laboral hasta los cuidados, la representación política y la violencia de género. Y deja en claro que muchos de los avances que hoy parecen naturales —que las mujeres trabajen, que los varones participen de la crianza, que existan diversas formas de familia— no surgieron espontáneamente: son el resultado de políticas públicas, acuerdos sociales e instituciones que los sostuvieron en el tiempo.

El costo macroeconómico de la brecha

La participación laboral de las mujeres pasó del 27% en 1980 al 51,6% en la actualidad, según datos del INDEC. Es un avance innegable. Pero Gherardi advierte que esa incorporación masiva no se produjo en condiciones de igualdad. "No estamos hablando solo de una injusticia individual, sino de una pérdida de productividad, ingresos y desarrollo para la Argentina", señala. 

Los varones dedican 3,4 horas diarias a tareas de cuidado en el hogar; las mujeres, 6,3. Esa diferencia no es neutra: condiciona qué empleos pueden sostener, en qué sectores trabajan y hasta dónde llegan en la escala jerárquica.

El mercado laboral acompaña estos datos. Según el INDEC del segundo trimestre de 2025, los varones predominan en actividades primarias, construcción y transporte, con ingresos promedio de $ 1.278.053. Las mujeres se concentran en salud, educación y trabajo doméstico, con ingresos promedio de $ 713.626.

Natalia Gherardi (Foto: ELA)

"La pregunta no es cuánto cuesta avanzar en igualdad, sino cuánto nos cuesta seguir desaprovechando talentos y capacidades", dice Gherardi. “Resolver esta asimetría en los empleos y en las familias no es solo una agenda de equidad. Es una estrategia de crecimiento”.

Barreras culturales y económicas en los sectores dinámicos

¿Por qué las mujeres siguen subrepresentadas en tecnología, energía, finanzas e innovación? Gherardi identifica dos tipos de barreras: las evidentes y las más sutiles.
“Hay factores culturales que tienden a inducir ciertas habilidades 'esperadas' de las niñas y los niños, desde edades tempranas, que transmiten ideas sobre qué talentos, intereses o capacidades 'corresponden' más a varones o a mujeres”, explica. Eso influye en las elecciones educativas, en la confianza para postularse, en la forma en que se evalúa el liderazgo y en los criterios de contratación o promoción.

A eso se suma un factor económico que muchas veces se subestima: el tiempo. “Cuando las responsabilidades de cuidado recaen de manera desigual, muchas mujeres adultas tienen menos margen para capacitarse, asumir proyectos exigentes o permanecer en empleos con alta demanda horaria. Para entrar a los sectores más dinámicos no alcanza con abrir la puerta: hay que revisar las condiciones de permanencia y crecimiento”.

Gherardi, que comenzó su carrera profesional en un estudio jurídico vinculado a grandes empresas, recuerda lo difícil que era entonces encontrar mujeres en puestos clave de decisión. “En las últimas décadas fue muy claro el avance: muchas empresas implementaron políticas para la promoción de mujeres en espacios de decisión, valorando el liderazgo de perfiles diversos y su aporte a las compañías”.

(Foto: Imagen creada con IA)

Junto con UNICEF, ELA desarrolló la iniciativa Empresas que Cuidan (ECU), orientada a compartir experiencias sobre políticas concretas que permitan el crecimiento de líderes —mujeres y varones— acompañando también sus proyectos familiares.

“Los datos permiten pasar de la percepción al diagnóstico. Y un buen diagnóstico mejora las decisiones: contratación, retención, beneficios, liderazgo, productividad. La perspectiva de género, bien entendida, es una gran herramienta de gestión”.

Uno de los datos que más sorprende en Usted está aquí es también uno de los más conocidos: desde 1974, la licencia por paternidad en el empleo privado es de dos días. Un fin de semana. Y eso no cambió. El libro cita que 1 de cada 10 mujeres deja de trabajar al tener su primer hijo, y 2 de cada 10 al tener el segundo. Gherardi rechaza leer esas decisiones como puramente individuales.

“Detrás de la decisión de dejar de trabajar después de tener hijos hay una combinación de factores que van desde el costo de contratar a alguien para cuidar, horarios incompatibles, trayectorias penalizadas por los días de licencia y culturas laborales que siguen leyendo la maternidad como un problema”.

Las empresas que avanzan por cuenta propia en este terreno, ampliando licencias parentales para padres y madres, no solo generan retorno cultural: “El retorno se ve en retención, compromiso, reputación, clima laboral y reducción de costos asociados a rotación”.

(Foto: Arhivo Forbes)

Y hay algo más en juego: cerca del 57% de los hogares hoy tiene dos proveedores de ingresos. El modelo del único proveedor varón ya no describe la realidad de la mayoría. “Las empresas no pueden seguir impulsando modelos de trabajo bajo la premisa de que las personas trabajadoras tienen resuelta toda la organización de la vida cotidiana por fuera del empleo”.

El cuidado como derecho humano: qué implica para las empresas

En 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció al cuidado como un derecho humano. Para Gherardi, ese reconocimiento no es un asunto solo para los Estados. “Las empresas organizan una parte enorme del tiempo social y tienen la responsabilidad de no reproducir obstáculos que hagan incompatible trabajar y cuidar. Una empresa que penaliza a quien cuida está tomando una decisión que tiene efectos sobre derechos, talento y productividad".

El "burnout del cuidado" —ese agotamiento que no siempre se traduce en ausentismo pero sí en un desempeño menguado— tiene correlato en los números: el 91,7% de las mujeres realiza tareas de cuidado frente al 75,1% de los varones.

Consultada sobre las prioridades económicas urgentes para transformar el mapa de la equidad en Argentina, Gherardi los sintetiza en tres ejes que define como conectados entre sí.

El primero: una nueva organización social del cuidado. “Sin tiempos, recursos y servicios para los cuidados no hay economía posible, y sin embargo todavía lo tratamos como un asunto privado respecto de lo cual cada uno hace lo que puede, con lo que tiene a mano".

El segundo: autonomía económica con igualdad de oportunidades. "Empleo de calidad, reducción de brechas salariales, acceso a sectores dinámicos de la economía, formalización y condiciones para que todas las personas puedan permanecer y crecer en el mercado laboral".

El tercero: participación en la toma de decisiones. “Si las mujeres no están en los directorios, en la definición de la política económica, en la Justicia, en los sindicatos, en las cámaras empresarias o en los espacios donde se define el futuro productivo del país, las decisiones quedan incompletas". Y agrega una variable que no estaba en el mapa hace una década: “A esto se suma el desafío que impone el acelerado desarrollo de la inteligencia artificial que está redefiniendo lugares, tiempos y modalidades de trabajo”.

(Foto: FREEPIK)

El libro deja una advertencia que Gherardi también trae a esta conversación con Forbes Argentina: los avances que se construyeron durante décadas no son irreversibles.
“El progreso no es automático ni irreversible. Se construye con decisiones. Y quienes toman decisiones tienen una responsabilidad enorme en cuidar lo que avanzamos y en abrir mejores condiciones para lo que viene”.

"Hablar de estos temas no es mirar solo una agenda sectorial. Es hablar de cómo una sociedad organiza sus oportunidades. Argentina cambió muchísimo en pocas generaciones: más mujeres trabajan, más varones quieren cuidar, más familias necesitan dos ingresos, más personas imaginan proyectos de vida diversos. El desafío es que nuestras instituciones, nuestras leyes y nuestras empresas estén a la altura de esa nueva realidad". Usted está aquí, en ese sentido, es también una brújula. Una para quienes creen que entender el recorrido es el primer paso para decidir hacia dónde ir.