América Latina no necesita convertir a todos sus científicos en emprendedores para construir una industria biotecnológica con alcance global. Según las estimaciones de GRIDX, alcanzaría con que entre el 5% y el 10% de los aproximadamente 200.000 investigadores vinculados con las ciencias de la vida en la región se integrara al ecosistema de startups.
Aplicada sobre ese universo, esa proporción equivale a entre 10.000 y 20.000 personas. No se trata únicamente de científicos que abandonen sus laboratorios para fundar compañías. También incluye investigadores que se sumen como empleados, asesores o colaboradores de empresas tecnológicas.
“Estimamos que, si el 5% o el 10% de ese volumen se vuelca al ecosistema de startups, podríamos potenciar varias veces el sistema que tenemos. Para la academia en su conjunto sería una fracción muy pequeña”, explicó Romina Casadevall, partner de GRIDX en la Argentina y exploradora científica, en diálogo con Forbes Argentina.

La entrevista se realizó en el marco de la tercera edición del Santa Fe Business Forum, organizado en Rosario, provincia de Santa Fe, que reunió a empresarios, inversores, representantes diplomáticos y referentes de distintos sectores productivos.
GRIDX se especializa en invertir en startups latinoamericanas de biotecnología. A diferencia de un fondo tradicional que ingresa en compañías ya constituidas, trabaja bajo un modelo de venture builder: identifica conocimiento científico con potencial comercial, conecta investigadores con perfiles emprendedores y acompaña la formación de empresas que puedan operar globalmente desde sus primeras etapas.
“Una parte central de nuestro modelo es unir a científicos, que muchas veces no pensamos en el lado de negocios de nuestras tecnologías, con emprendedores que tengan experiencia comercial”, señaló Casadevall.
La fórmula que busca la compañía combina capacidades que habitualmente circulan por ámbitos separados. “Entendimos que ese hambre emprendedora, cruzada con un lado un poco nerd, puede potenciar lo que los científicos de nuestra región ya crearon y llevarlo al mundo”, resumió.
De una investigación a una empresa
El desarrollo de una startup biotecnológica presenta diferencias respecto de otros emprendimientos tecnológicos. Los plazos suelen ser más extensos, las necesidades de capital aparecen desde etapas tempranas y los riesgos científicos se suman a los comerciales.
Por ese motivo, GRIDX no evalúa solamente una tecnología o un descubrimiento. También analiza las motivaciones y expectativas de quienes estarán a cargo de desarrollar la empresa.
Cuando se acerca un investigador, el primer paso consiste en comprender qué área científica domina y qué quiere hacer durante los próximos años. Con los emprendedores provenientes del mundo de los negocios, en cambio, la conversación comienza por el impacto que buscan generar y su disposición a ingresar en una industria que probablemente no conozcan en profundidad.
“Es un sector muy particular, donde los tiempos son largos y el riesgo es enorme. Es importante que el proyecto de vida del emprendedor esté alineado con sus propias expectativas personales”, explicó Casadevall.
El modelo de negocio no necesariamente se encuentra definido cuando comienza el proceso. GRIDX trabaja con los equipos para identificar una aplicación comercial, encontrar el mercado adecuado y validar la oportunidad a medida que avanza la construcción de la startup.
La compañía concentra su búsqueda en salud humana, agro y uso de la tierra, tecnologías destinadas a la propia industria biotecnológica y soluciones para la transformación de materiales dentro de la bioindustria.
El cruce entre inteligencia artificial y biotecnología
La inteligencia artificial está modificando distintos tramos de la investigación biológica. De acuerdo con Casadevall, durante los últimos dos años su impacto comenzó a hacerse visible tanto en la comprensión de sistemas complejos como en la posibilidad de escalar procesos.
“El cruce con el mundo de la biotecnología ya es completamente palpable. La inteligencia artificial vino a transformar y acelerar muchos procesos para entender la biología, pero también para poder escalarlos”, afirmó.
Sin embargo, la incorporación de modelos y herramientas de IA no reduce la necesidad de conocimiento científico especializado. Para Casadevall, la complejidad de los sistemas biológicos exige investigadores capaces de interpretar los resultados, detectar sus límites y convertirlos en tecnologías que puedan utilizarse fuera del laboratorio.
“El mundo biológico es tan complejo que siguen haciendo falta especialistas en distintos modelos que puedan cruzarlo con la inteligencia artificial y los datos. Ese conocimiento es necesario para traducir los resultados en una tecnología que podamos aprovechar”, sostuvo.
La combinación abre una oportunidad para la región. América Latina posee investigadores formados en ciencias de la vida, mientras que la IA puede ayudar a acelerar etapas de análisis y desarrollo. El desafío consiste en construir equipos capaces de integrar ambas disciplinas y, al mismo tiempo, encontrar una aplicación comercial.
El papel de la academia
Para GRIDX, las startups biotecnológicas no pueden crecer sin un sistema científico que genere investigación básica, conocimiento y profesionales especializados. Casadevall define a instituciones como el Conicet y las universidades como la infraestructura sobre la cual puede desarrollarse esta industria.
“Son el elemento fundamental para hacer posibles estas startups que van al mundo y traccionan capital para nuestra región. Como sociedad logramos construir algo que es muy difícil de generar”, destacó.
Desde esta perspectiva, academia y emprendimiento no son caminos opuestos. La creación de empresas se alimenta del conocimiento desarrollado durante años dentro de laboratorios e instituciones científicas. Solo una pequeña proporción de esos investigadores necesita trasladarse o vincularse con el ecosistema privado para producir un impacto significativo.
“La ciencia clásica y la academia tradicional necesitan seguir existiendo, funcionando y creciendo. Todo esto se alimenta del conocimiento básico y profundo que se genera allí”, agregó Casadevall.
Según las estimaciones presentadas por GRIDX, alrededor del 80% de los empleados de las startups biotecnológicas son científicos. El dato amplía las posibilidades para quienes desean acercarse al sector privado: no todos necesitan convertirse en fundadores ni asumir la conducción comercial de una empresa.
Un investigador puede incorporarse como empleado, asesorar a una compañía o conectar su grupo académico con una startup que necesite conocimientos específicos. Esa experiencia también puede servir como una primera aproximación al mundo emprendedor.
“Hay científicos que no solamente son fundadores, sino también empleados de startups. Eso les permite conocer de qué se trata este mundo, qué opciones existen y cuáles son las demandas particulares de estas empresas”, indicó Casadevall.
El salto fuera del laboratorio
El paso desde la academia hacia una startup todavía representa una barrera para muchos científicos. Casadevall reconoce esa dificultad desde su propia experiencia y considera que el ecosistema debe ofrecer espacios capaces de acompañar la transición.
Su recomendación para quienes estén evaluando ese camino es directa: “Ante el miedo, que se muevan igual”. “Hay actores acostumbrados a interactuar con personas que vienen del mundo científico y que saben que emprender no es aquello para lo cual uno fue formado. Podemos acompañar y escuchar ese proceso”, explicó.
La oportunidad que identifica GRIDX no surge de una escasez de talento, sino de la distancia que todavía existe entre la investigación, el capital y la construcción de empresas. América Latina ya cuenta con una comunidad científica numerosa. El próximo paso consiste en convertir una parte de ese conocimiento en soluciones, empleos y compañías que puedan insertarse en mercados globales.