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Innovación

Foto: Draper Associates

El primer creyente de Elon Musk cuenta cómo apostó por SpaceX cuando los cohetes explotaban y nadie quería entrar

Victor Dey

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Tim Draper apostó por SpaceX y Tesla cuando pocos veían futuro. Su historia muestra cómo nacen grandes fortunas: con convicción, pérdidas tempranas y apuestas contra todo consenso.

7 Julio de 2026 10.20

La espectacular salida a bolsa de SpaceX este año generó miles de millones en riqueza ficticia. Las acciones subieron 19% tras el mayor debut bursátil en la historia de Wall Street, lo que valuó a la compañía en más de US$ 2 billones. En los meses posteriores, Silicon Valley dedicó largas explicaciones a sostener por qué ese desenlace parecía inevitable. 

Sin embargo, el inversor estadounidense de capital riesgo Tim Draper recuerda otra versión: una que comenzó cuando su firma emitió uno de los primeros cheques para la compañía y fue testigo de cómo esa apuesta estuvo a punto de evaporarse.

Draper cuenta que su firma fue la primera en invertir en SpaceX después de Elon Musk, quien había aportado US$ 30 millones de su propio bolsillo. Tras esa apuesta inicial, recuerda, los dos primeros cohetes lanzados por la compañía explotaron en la plataforma de lanzamiento. 

El punto de inflexión llegó después, con un lanzamiento exitoso que hizo que los clientes empezaran a hacer fila. Según Draper, SpaceX podía poner un cohete en el espacio por una fracción mínima del costo que afrontaba la NASA, una ventaja que le permitió atraer rápidamente a clientes relevantes y de alto nivel.

Tim Draper (SE PUEDE USAR) Foto: Wikimedia Commons
Draper cuenta que su firma fue la primera en invertir en SpaceX después de Elon Musk, quien había aportado US$ 30 millones de su propio bolsillo. Foto: Wikimedia Commons

Esa distancia entre el lanzamiento prometedor y la salida a bolsa exitosa es donde, según Draper, aparece la verdadera esencia del capital de riesgo: un período en el que la convicción aún no tiene respaldo, las pérdidas llegan antes que las pruebas y la mayoría de los inversores prefiere quedarse afuera. Para él, los grandes retornos del capital de riesgo exigen voluntad para apostar por lo incierto.

Inversor de capital de riesgo de tercera generación y fundador de Draper Associates y Draper Fisher Jurvetson, Draper apoyó los proyectos de Elon Musk durante dos décadas y en dos sectores distintos. Draper Fisher Jurvetson invirtió en la ronda de financiamiento Serie C de Tesla en 2006; Draper Associates hizo lo mismo en la Serie D de 2007. Más tarde, sus firmas estuvieron entre los primeros inversores externos de SpaceX, apuestas que dejaron resultados extraordinarios. Además, realizó inversiones tempranas en Hotmail, Skype, Baidu y Robinhood.

Después de ver el auge de la inteligencia artificial y la tecnología espacial, Draper advierte que demasiados inversores se dejan arrastrar por el consenso. Su filosofía fue exactamente la contraria: apoyar ideas que el mercado, al principio, descartó.

SE PUEDE USAR/Tim Draper         Foto: JD Lasica, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons
Tim Draper el inversor que apostó temprano por SpaceX y Tesla, defendió su fórmula para elegir ideas contra el consenso. Foto: JD Lasica, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Cuando le preguntan cómo sabía que SpaceX tendría éxito, Draper responde que nunca lo supo. Lo que busca, en cambio, es identificar si existe un camino posible para llegar al futuro que imaginan los fundadores, si el negocio tiene margen para crecer incluso más de lo que ellos mismos proyectan y si esa visión contribuiría a crear un mundo —o, en el caso de SpaceX, un universo— en el que él quisiera vivir.

Draper advierte que, por cada caso como SpaceX, existe un largo cementerio de compañías que intentaron construir algo grande y extraordinario y no lo consiguieron. Pero también sostiene que, sin esa clase de apuestas ambiciosas, es imposible alcanzar resultados excepcionales. 

A su juicio, allí aparece una falla del sistema educativo: durante años, enseñó que la máxima calificación era no cometer errores, pero nunca creó una nota para premiar lo verdaderamente extraordinario.

Elon Musk (IMAGEN CREADA CON IA)
Foto: ilustración creada con IA

El coche eléctrico que propició la inversión en Tesla

El recorrido de Draper hacia Tesla empezó, en realidad, antes de que Elon Musk estuviera al frente de la compañía. Su vínculo con Musk es anterior a la propia automotriz. 

Draper afirma que su firma seguía de cerca los pasos de Musk en la época de X.com, cuando hizo una oferta por Confinity, la startup con la que se fusionó la empresa de Musk antes de que la entidad resultante se transformara en PayPal. Otra firma de capital de riesgo superó esa propuesta, pero la conexión quedó abierta. Por eso, cuando Tesla apareció años después, Musk no era un desconocido.

"Me enamoré de los autos eléctricos después de que un tipo llamado Ian Wright viniera a nuestra oficina y me subiera a un auto eléctrico construido con tubos de PVC", recordó Draper. "Aceleró y salimos disparados. Íbamos a más de 96 kilómetros por hora y frenamos casi al instante. Fue entonces cuando me di cuenta de que la gente querría este tipo de autos que no eran solo para golfistas o ecologistas", agregó.

Intrigado, Draper empezó a reunirse con personas que fabricaban vehículos eléctricos y un nombre se repetía una y otra vez: Tesla. Su firma invirtió en el fundador Martin Eberhard, impactada por la tecnología de baterías de la compañía, capaz de aislar las celdas defectuosas para evitar que una sola celda dañada inutilizara todo el paquete. Cuando Tesla se quedó sin liquidez, Musk, por entonces presidente y mayor accionista, propuso aportar US$ 10 millones con una condición: asumir como CEO.

Tesla (SE PUEDE USAR) Crédito: Wikimedia Commons
Tesla fue una de las grandes apuestas tempranas de Tim Draper, que vio potencial donde otros todavía dudaban. Crédito: Wikimedia Commons

Según Draper, la relación previa de su firma con Musk facilitó la decisión. Ya conocían su capacidad de ejecución y entendían que Tesla necesitaba tanto capital fresco como una figura con peso suficiente para ordenar la compañía. Por eso, cuando Musk propuso aportar US$ 10 millones a cambio de asumir como CEO, los inversores aceptaron la condición: el dinero entraba a Tesla y Musk quedaba al frente de la gestión.

Draper atribuye buena parte del éxito posterior a la capacidad de ejecución de Musk: obtuvo un préstamo de US$ 465 millones del Departamento de Energía, compró la antigua fábrica de NUMMI por una fracción de su valor y convirtió a Tesla en una automotriz real en un plazo sorprendentemente corto.

El optimismo de Draper sobre la IA y los motivos por los que dejó de invertir en China

La apuesta de Draper por la IA también resulta poco convencional, incluso para sus propios parámetros: prefiere xAI, la empresa de Musk, por razones filosóficas. 

Recuerda que le dijo a Sam Altman que ChatGPT-3 había sido excelente, pero que ChatGPT-4 parecía un producto bajo control de abogados, pensado para hacerlo sentir mejor en lugar de darle información verdadera. Según Draper, la respuesta de OpenAI fue que la compañía analizaba un control deslizante para ajustar justamente ese punto. Draper propuso su propio nombre para esa herramienta: "un control deslizante que va de lo progresista a la verdad".

"Quiero trabajar con alguien que no necesariamente me haga sentir bien, sino que me diga las cosas sin vueltas. Para mí, Grok y xAI son mi primera opción", dice Draper.

Sin embargo, los modelos de xAI todavía aparecen por detrás de Anthropic, OpenAI y Google en distintos rankings, y su adopción dentro de las empresas avanza más lentamente. Draper, sin embargo, no retrocede en su postura. Reconoce que Claude logró una buena integración con datos corporativos, pero sostiene que xAI cuenta con una ventaja propia: 

el acceso a la enorme base de información de X, la ex Twitter, y un potencial que, según él, todavía no llegó a su techo.

 Cuando se le plantea si la búsqueda de la verdad alcanza, por sí sola, como ventaja competitiva, Draper responde con una pregunta: si el objetivo de una búsqueda es encontrar información confiable, ¿qué otra cosa debería importar más?

Sam Altman  (Photo by Nathan Posner/Anadolu via Getty Images)
Sam Altman (Photo by Nathan Posner/Anadolu via Getty Images)

Su espíritu inconformista también se refleja en la geografía de sus inversiones. Draper sostiene que fue el primer inversor de capital de riesgo de Silicon Valley en apostar por China, pero también uno de los primeros en retirarse cuando, según su interpretación, Xi Jinping llevó al país hacia un modelo de control cada vez más absoluto.

El inversor cuenta que sus compañías participadas en China empezaron a recibir multas por hechos que, afirma, no habían ocurrido, y a verse afectadas por regulaciones que, según él, ni siquiera estaban formalmente establecidas. Ese cambio lo llevó a salir del país. Para Draper, era la señal de un giro hacia un sistema en el que el poder político termina definiendo qué pueden hacer las empresas, qué margen tienen los individuos y qué lugar ocupa el Estado en la vida económica.

Su objeción más profunda apunta a que ese control destruye la libertad de pensamiento y, con ella, la capacidad de innovar. Los fundadores que no pueden pensar con libertad porque el gobierno los vigila, sostiene, pierden la posibilidad de experimentar y de perseguir ideas que tal vez no resulten políticamente correctas, pero que podrían cambiar el mundo entero.

Xi Jinping (SE PUEDE USAR) Foto: Wikimedia Commons
Draper sostiene que fue el primer inversor de capital de riesgo de Silicon Valley en apostar por China.Foto: Wikimedia Commons

Draper también cuestiona con dureza el liderazgo de Xi Jinping. A su juicio, los líderes más sólidos no gobiernan desde el control absoluto, sino a partir de reglas claras, confianza en la sociedad y mayores márgenes de libertad. En ese contraste ubica a Estados Unidos, al que todavía considera uno de los mejores lugares del mundo para crear una empresa. P

Para él, la ventaja estadounidense frente a China reside justamente en esa libertad de pensamiento que, según sostiene, aún permite innovar, discutir y emprender. Por eso, concluye, si fuera un emprendedor chino buscaría desarrollar su negocio en Estados Unidos o en Singapur.

El próximo Amazon nacerá después del colapso de la IA

Si le preguntás a Draper dónde estará la IA dentro de una década, recurre a un patrón que ya observó antes y al que llama la "curva iS". Una nueva tecnología genera enorme expectativa, esa expectativa se apaga y, mucho después de la decepción, la tecnología termina convertida en algo mucho más grande de lo que incluso el pico del entusiasmo había previsto.

La época de las puntocom es su prueba. Las empresas por las que todos apostaron durante la burbuja de internet fueron AOL y Netscape. El derrumbe cortó esa historia, y los verdaderos gigantes, Amazon, Facebook, Google y Apple, renacieron entre los escombros. 

Draper anticipa que la IA seguirá el mismo patrón: según su análisis, no habrá un desplome en el corto plazo, pero muchas de las grandes ganadoras serán las compañías que aparezcan después.

SE PUEDE USAR/Amazon (Foto: dronepicr, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons)
Amazon aparece en la mirada de Tim Draper como el modelo de gigante que puede surgir después del derrumbe de la IA. (Foto: dronepicr, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons)

Draper reconoció abiertamente que sus inversiones fallidas, entre ellas Netflix, LinkedIn y Google, le enseñaron más que muchos aciertos. Cuando le pregunto qué principios perduran, señala la honestidad y la integridad. Para Draper, resulta clave construir una red de confianza dentro de la empresa, con los clientes y con los proveedores, una confianza que gana fuerza con el tiempo. Según su experiencia, los grandes emprendedores casi siempre son personas profundamente confiables. De otro modo, no llegarían tan lejos.

El consejo de Draper para quienes sueñan con fundar una empresa es evitar el mercado saturado de la IA. Si cientos de compañías ya trabajan sobre la misma idea, afirma, probablemente sea demasiado obvia. Por eso, invita a los emprendedores a buscar ideas que no aparecen a simple vista. "En lugar de pensar en lo primero que se te viene a la mente, pensá en lo segundo", dice. "Pensá en '¿Y si...?' en lugar de '¡Guau, mirá, hay una oportunidad!'", agrega.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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