Carlos Ott, se convirtió en los últimos años en uno de los arquitectos más reconocidos a nivel mundial. Sus diseños y su impronta se afianza en Buenos Aires en barrios como Palermo y Belgrano gracias a la intervención de Brian Melamud, fundador y CEO de Grupo Massana.
Esta dupla no nació de un gran desarrollo internacional ni de una licitación millonaria, sino de la insistencia y perseverancia. “Brian me contactó para decirme que hacía edificios boutique y que quería trabajar conmigo para generar un formato diferente. Al principio le dije que era complicado, porque suelo hacer proyectos grandes en todo el mundo, pero insistió. Me pidió solo mi mano e indicaciones”, cuenta Ott. “Me pareció alguien muy capaz, con ganas de hacer cosas diferentes, y acepté”.
Del otro lado, Melamud tenía claro el objetivo. “Siempre me llamó la atención su obra. Lo llamé muchas veces hasta que logramos reunirnos. Le planteé que en los edificios boutique había espacio para hacer algo distinto, con diseño y valor agregado”, recuerda. Hoy la dupla se afianza con nuevos desarrollos en carpeta.
El primer proyecto conjunto fue una esquina en Belgrano en Teodoro Garcia 2698. Este desarrollo marcó el tono de lo que vendría. “Carlos visualizó el concepto en pocos minutos”, dice Melamud. El resultado fue un edificio con elementos poco habituales en el mercado local, como balcones en falsa escuadra y la primera baranda inclinada de vidrio del país, desarrollada junto a Aluar.
Pero la decisión más disruptiva fue otra: eliminar el local comercial en planta baja. “Me convenció de que le quitaba protagonismo al edificio”, admite el desarrollador.
Ott lo explica desde una lógica más conceptual: “Era una esquina frente a un espacio verde. En lugar de un local que generara renta, Brian aceptó colocar una escultura. Antes en Argentina se hacían edificios no solo por lucro, sino por interés estético. Eso es lo que me interesa de trabajar con él”.
Grupo Massana nació en 2015 de la mano de Brian Melamud, el cual venia con una gran trayectoria en el Mercado Inmobiliario. Hoy cuenta con ocho edificios finalizados y cinco en ejecución. La empresa, que tiene su core en Palermo y Belgrano, se dedicada al desarrollo de edificios residenciales premium, además de comercializar y administrar inmuebles de alta gama. Todos los emprendimientos se caracterizan por la alta calidad, el diseño, la tecnología y sobre todo por las mejores ubicaciones en la Ciudad de Buenos Aires.
El desafío de lo premium
Para Ott, acostumbrado a proyectos de gran escala en ciudades como Dubái o Shanghái, trabajar en Buenos Aires implica maximizar el diseño en espacios limitados.
“En edificios entre medianeras de ocho pisos solo podés trabajar con el lobby, los balcones y el remate. Ahí está el desafío”, señala.
Aun así, Ott sigue viendo en Buenos Aires un destino de oportunidades arquitectónicas. “Es una ciudad comparable con París o Madrid. Hoy se empieza a recuperar la idea de construir no solo para el rédito económico, sino también pensando en las próximas generaciones”, afirma.
La apuesta de Grupo Massana Arquitectura se concentra en barrios como Palermo y Belgrano, donde detectan demanda y margen para innovar.
“Palermo no para de crecer, conecta la ciudad y tiene una dinámica única”, explica Melamud. Allí, además de edificios residenciales, avanzan con dos hoteles boutique en Palermo Soho: uno en Godoy Cruz 2867 y otro en Malabia 1459, con la firma y calidad de Carlos Ott.
Ott coincide: “Es una zona cosmopolita, con mucha presencia de extranjeros y gente joven. Además, hay competencia muy buena, lo que obliga a mejorar constantemente”.
El diferenciador
En un mercado dominado por desarrollos de gran escala y largas listas de amenities, la estrategia de Massana es ir por otro lado. “No competimos contra proyectos de nuestra escala, sino contra los grandes edificios”, dice Melamud. “La diferencia es que ofrecemos amenities boutique y un nivel de detalle que un desarrollo de 120 unidades no puede sostener. Prefiero resignar rentabilidad y entregar un producto con la firma de Carlos Ott”.
Esa lógica se sostiene incluso en contextos económicos adversos. “No bajamos la calidad ni el diseño una vez definido el proyecto. Carlos no lo acepta y yo lo respeto, aunque implique ganar menos. Eso hizo que la gente ya busque nuestros edificios por esa consistencia”, agrega. @@FIGURE@@
El vínculo entre ambos se consolidó con el tiempo y una dinámica de trabajo fluida. “Con cada desarrollo, lo motivo con ubicaciones y propuestas disruptivas. Él viaja mucho, pero viene seguido a Buenos Aires y trabajamos de forma muy cercana”, cuenta Melamud.
Para Ott, el diferencial está en la visión compartida: “Lo más importante es la propiedad intelectual y el reconocimiento de la obra. Mantener una dirección intuitiva es lo que permite llegar a ideas excepcionales”.