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Francisco Cerúndolo acaba de pasar por primera vez a tercera ronda del US Open.
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Francisco Cerúndolo acaba de pasar por primera vez a tercera ronda del US Open.
Captura ESPN

Sufriendo y jugando mal: Cerúndolo pasó por primera vez a la tercera ronda del US Open

Juan Romero

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Entre catarsis de raquetas destruidas y genialidades retro que evocaron a Roger Federer, el triunfo del argentino en el US Open confirma que, en el deporte de alto impacto, la emotividad cruda sigue siendo el activo más codiciado por la industria del entretenimiento.

3 Septiembre de 2026 18.11

El tenis de máxima exigencia padece, por momentos, de una monotonía quirúrgica. En un circuito hiperprofesionalizado donde las academias moldean competidores programados para mantener la compostura y no salirse del libreto, la irrupción de personajes indomables funciona como una bendición comercial y deportiva

Eso es Francisco Cerúndolo —actual número uno de Sudamérica y 25° del ranking ATP—, el mismo que ofreció en la pista 5 de Flushing Meadows una exhibición de tenis visceral: una batalla donde convivieron la furia, el desahogo, la irregularidad implacable y, para coronar la tarde neoyorquina, una pincelada de antología con perfume al Roger Federer de 2002.

El marcador de 5-7, 7-5, 4-6, 6-2 y 6-3 ante el alemán Jan-Lennard Struff se cerró tras casi cuatro horas de pura tensión. Sin embargo, más allá de la fría estadística de la planilla oficial, la victoria del porteño dejó al descubierto la verdadera naturaleza del espectáculo deportivo contemporáneo: el público y los grandes patrocinadores ya no buscan atletas robóticos; consumen historias de redención en tiempo real.

La catarsis como punto de quiebre

Pocos momentos capturan tanto la atención de las transmisiones globales como un tenista destruyendo su herramienta de trabajo. Tras cometer una doble falta decisiva en el tercer set, Cerúndolo descargó su frustración contra el cemento hasta hacer astillas su raqueta. El warning del umpire irlandés Fergus Murphy fue una anécdota reglamentaria en medio de un volcán emocional del que parecía no iba a sobrevivir.

Lo fascinante desde la perspectiva del rendimiento de élite es que esa explosión no lo hundió; lo liberó. Lejos de desmoronarse, el argentino reconfiguró su cabeza, arrancó el cuarto parcial quebrándole el saque a Struff y tomó el control definitivo del encuentro con una aceleración de derecha impenetrable.

En una era donde el marketing de las marcas busca asociarse a la "autenticidad", el desahogo de Cerúndolo tirándose de espaldas al suelo tras el punto final representa esa épica imperfecta que conecta de inmediato con el aficionado. La vulnerabilidad expuesta en la cancha vale más que un discurso ensayado en una conferencia de prensa.

La jugada del torneo: el destello "federiano" en Nueva York

El tenis de alto nivel vive de la creación de momentos memorables. En el segundo set, con el saque del alemán 5-5 y 40-30, Cerúndolo ejecutó un globo defensivo que quedó corto. Ante el remate de revés de Struff, el porteño no dio la bola por perdida: retrocedió a toda velocidad, dio un salto acrobático desde el fondo de la pista y conectó un tiro ganador en suspensión que hizo estallar al público.

La acción detonó de inmediato la memoria emotiva de los amantes del deporte: un remake terrenal del inolvidable impacto con el que Roger Federer desarticuló a Andy Roddick en el torneo de Basilea 2002.

Ese tipo de jugadas trasciende el resultado de la jornada. Se convierte en la perla narrativa que circula sin parar en los feeds de redes sociales, genera interacción entre leyendas del pasado y figuras del presente, y posiciona al jugador en una dimensión estética diferente. No se trata solo de acumular puntos en el ranking, sino de la capacidad de regalarnos una pieza de arte en pleno estado de emergencia.

La mística albiceleste retumba en Flushing Meadows

El triunfo de Cerúndolo cobra un valor aún mayor cuando se lo ubica en el cuadro general. Al acompañar a Tomás Etcheverry y Mariano Navone en la tercera rueda, el tenis argentino vuelve a meter a tres de sus representantes en esta instancia del US Open por primera vez desde 2018, cuando lo consiguieron Juan Martín del Potro, Guido Pella y Diego Schwartzman.

Esta presencia colectiva ruidosa en el último Grand Slam de la temporada demuestra la vigencia de la escuela argentina -hay 10 argentinos en el Top 100 del Ránking ATP- en la máxima cita del tenis mundial. La combinación de la tradición de lucha albiceleste con la efervescencia de la tribuna neoyorquina crea un marco donde la pasión genera ratings históricos y estadios colmados.

Cerúndolo ya está en tercera ronda por primera vez en su carrera. Con 19 aces, 13 dobles faltas, raquetas rotas y un punto digno de los feeds de las redes sociales, el argentino recordó que el tenis sigue siendo un juego profundamente humano. Y es precisamente en esa montaña rusa de emociones donde el deporte de alto nivel encuentra su costado más seductor.

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