Volver al valor para el accionista: cómo gestionar el capital ante el nuevo escenario económico en Argentina
El ordenamiento macroeconómico y la baja de tasas abren una oportunidad extraordinaria para la inversión privada. Sin embargo, capitalizar este ciclo requiere desempolvar capacidades analíticas y situar la creación de valor real como la meta rectora de la organización.

En Argentina estamos presenciando un fenómeno económico singular: el riesgo país muestra una tendencia a la baja y las tasas de interés se van acomodando hacia niveles más razonables. Sin embargo, en los escritorios directivos y en las mesas de finanzas corporativas, la realidad cotidiana impone una cautela analítica: el costo del capital externo y las expectativas de rentabilidad exigidas por los inversores siguen siendo considerablemente elevados.

A nivel global, la era del "dinero regalado" y de las tasas en cero llegó a su fin, dando paso a una etapa donde los mercados exigen retornos reales y tangibles. En el ámbito local, aunque la macroeconomía muestra señales de ordenamiento, el acceso al financiamiento internacional conserva una prima de riesgo estructural. Este escenario nos coloca frente a una pregunta inevitable para el empresariado argentino: ¿Cómo administrar el capital de manera inteligente cuando cada punto porcentual de tasa de retorno cuenta? 

La respuesta exige revisar una tendencia que dominó el debate corporativo internacional durante las últimas dos décadas. Durante años de capital abundante, muchas organizaciones postergaron la disciplina financiera estricta para inclinarse hacia modelos de gestión basados de forma difusa en propósitos o múltiples stakeholders. Sin metas de rentabilidad claras, las ineficiencias se enmascararon en el crecimiento y se diluyeron los retornos sobre el capital invertido. 

Frente a la restricción actual, el verdadero desafío de la alta dirección en Argentina es volver a situar la maximización del valor para el accionista como la meta rectora, integrando los compromisos corporativos como restricciones obligatorias dentro del modelo de decisión. 

 (Imagen generada con Gemini)

A través de un análisis publicado en Harvard Business Review por Bain & Company, proponemos abordar esta ecuación mediante una metodología clara de asignación de capital dividida en tres ejes esenciales:  

Por un lado, la maximización del valor como objetivo único, donde debe existir un indicador claro —el retorno sobre el capital invertido y el beneficio económico real— para comparar objetivamente si una inversión crea o destruye valor. 

Por otro lado, la definición de restricciones duras no negociables, que representan aquellos compromisos formales que la compañía debe cumplir obligatoriamente para considerar viable una estrategia. Ejemplos concretos incluyen el cumplimiento normativo, el impacto ambiental medible, o estándares de seguridad y calidad del empleo; cualquier alternativa que vulnere estos límites debe ser descartada sin importar su promesa financiera. 

Finalmente, la integración de restricciones blandas, donde criterios como la diversidad, la preservación de la caja de corto plazo o el impacto en las comunidades locales sirven para desempatar o priorizar entre iniciativas que generan un valor financiero equivalente.  

Para ejecutar este nivel de gestión en las compañías del medio local, resulta indispensable desempolvar y reconstruir capacidades analíticas que durante años quedaron en segundo plano. La toma de decisiones estratégicas debe basarse en la evaluación comparativa de alternativas reales, abandonando el mero ajuste incremental. Al mismo tiempo, las organizaciones necesitan visibilidad clara sobre la hoja de balance a nivel de unidad de negocio o línea de producto. Medir únicamente indicadores operativos como el EBITDA o los márgenes de contribución resulta insuficiente si no se deduce de forma rigurosa la carga de capital financiero empleado para alcanzarlos.  

La baja del riesgo país y de la tasa de interés representa una oportunidad extraordinaria para la reactivación y la inversión privada en la Argentina. Sin embargo, para capitalizar este nuevo ciclo de manera sostenible, las decisiones deben guiarse por una matemática rigurosa. Asignar los recursos escasos hacia sus usos de mayor valor, resguardando de forma consciente y medible los compromisos sociales y laborales de la empresa, es el único camino para construir organizaciones resilientes y competitivas en el escenario económico que viene.


*El autor es Alejandro Perez de Rosso, Partner y Office Head de Bain en Argentina