Viaje al corazón de la mina de cobre más grande del mundo: así opera Escondida, el gigante chileno que exporta US$ 14.000 millones anuales
Fernando Heredia Editor
Fernando Heredia Editor
La respuesta al interrogante de cómo será el impacto económico del boom minero argentino se encuentra a sólo 90 kilómetros de la frontera. Ubicada en pleno desierto de Atacama, Escondida es la mayor mina de cobre del mundo y uno de los ejemplos más cercanos para dimensionar el movimiento que puede tener un mega proyecto como el de Vicuña.
En 2025 registró exportaciones cercanas a los 14.000 millones de dólares, pagó US$ 4.300 millones en impuestos y gastó US$ 5.400 millones en proveedores, de los cuales, el 95% de destinó a empresas chilenas. Todo esto, además, sin ninguna exigencia de compre local como las que existen en varias provincias argentinas.
Aun sin tener idea de todos estos números, su magnitud empieza a percibirse desde la llegada al aeropuerto de Antofagasta. En un viaje junto a otros medios y representantes de la academia, Forbes Argentina aterrizó a las 11 de la noche, un horario en el que la amplia mayoría de los aeropuertos del interior se encuentran desiertos.
Acá, en cambio, el paisaje era más parecido al de una estación ferroviaria central como Retiro en hora pico, con miles de trabajadores mineros a punto de comenzar o terminar sus turnos, que suelen ser de siete días corridos en la mina por siete días de descanso.
Y, si bien la mayoría de ellos reside en esta ciudad norteña, el auge de la minería encareció fuertemente el costo de los alquileres y provocó un traslado hacia otros centros urbanos más económicos como La Serena, Copiapó o Valparaíso.
Eso hace que la cantidad de vuelos que recibe Antofagasta sea diez veces mayor a los de San Juan, la capital minera argentina que incluso tiene una población superior y un flujo turístico relevante con atracciones como el “Valle de la Luna” o sus famosas bodegas.

La siguiente parada en la ruta hasta Escondida es en una terminal de ómnibus de la propia minera en el centro de Antofagasta. Son las 6 de la mañana y hay cerca de diez micros a punto de partir rumbo a la mina.
El viaje dura unas tres horas en rutas en perfecto estado. Al llegar, cada trabajador está obligado a pasar por un policlínico, donde se realiza un chequeo de rutina para controlar posibles efectos de los 3.100 metros de altura. Además, algunos son seleccionados aleatoriamente para realizarse controles toxicológicos y de alcoholemia.
Todo el predio tiene una superficie similar a la de Singapur. Los caminos están completamente asfaltados y el complejo cuenta con capacidad para 10.000 camas y todo tipo de entretenimientos, desde canchas de fútbol y gimnasios hasta casinos. “Somos el hotel más grande de Chile”, bromean en BHP, la empresa operadora de Escondida que también tiene el 50% de Vicuña.
El nombre elegido no fue fortuito. Describe el complejo proceso de exploración donde el azar jugó un papel importante. “El descubrimiento llegó casi cuando nos habíamos rendido. Después de 10 años de trabajos y tareas de sondaje, no encontrábamos nada. Nos quedaban apenas 250 metros de presupuesto para perforaciones y ahí apareció Escondida”, recuerdan.
Treinta y cinco años después de su puesta en marcha, la mina forma parte de la columna vertebral de la economía chilena con un cuarto de la producción nacional de cobre y un peso que representa el 2,8% del PBI.

La operación se organiza en torno a dos open pits o, como se dice en Chile, “rajos abiertos”. El término se refiere a estos agujeros gigantes en la montaña que en este caso tienen 3 km de largo, 2 km de ancho y 900 metros de profundidad, donde se va creando una estructura de terrazas y caminos para que puedan descender los camiones a recoger la materia prima.
Esta mezcla de tierra y rocas que llegan a ser tan grandes como un auto se transporta a diferentes molinos que van reduciendo su tamaño hasta alcanzar prácticamente un polvo. Ahí, según la característica del cobre (óxido o sulfuro), se procesa para separar el mineral de la roca y luego se produce como concentrado o cátodo.
El concentrado es una especie de barro que tiene una pureza del 25% y viaja a través de dos mineroductos hasta el Puerto de Coloso, donde se carga en barcos de 55.000 toneladas que van mayoritariamente a refinerías asiáticas.

En cambio, los cátodos son planchas con 99,9% de pureza que no necesitan refinación y están listas para su uso industrial. Acá, el transporte es a través de un ferrocarril que lleva entre 500 y 600 toneladas por día hasta la costa del Pacífico.
A lo largo de sus más de tres décadas de vida, la operación se fue modernizando para abastecerse en un 100% de energía renovable, en un 100% de agua de mar desalinizada y está en pleno proceso de automatización con 33 camiones y 11 perforadoras totalmente controladas de forma remota en oficinas desde Santiago.
De cara a la próxima década, la empresa planea invertir unos 10.000 millones de dólares para evitar el declino normal por el agotamiento de las zonas con leyes más ricas en cobre y sostener un nivel productivo similar por otros 80 años.

La comparación entre Escondida con el futuro gigante cupífero sanjuanino resulta natural. A pesar de que la producción de cobre de Vicuña apenas llegará a un tercio del volumen de la mayor mina del mundo, el nivel de exportaciones se equiparará mucho más al sumar el oro y la plata, dos metales con los que Escondida no cuenta.
En cambio, además de ubicarse en el Top 5 mundial de cobre, el proyecto argentino será el tercer mayor productor global de oro con 700.000 onzas al año y el número uno en plata con 22 millones de onzas. En todos los casos, con una vida útil inicial superior a 70 años.
A los precios actuales, eso implica una exportación anual de US$ 5.600 millones en cobre, US$ 2.850 millones en oro y US$ 1.280 millones en plata. Es decir, casi 10.000 millones de dólares en total.
El proyecto acaba de recibir la aprobación de su RIGI de US$ 7.100 millones para la primera etapa y una inversión estimada de aproximadamente USD 18.000 millones para el desarrollo integral de las tres etapas bajo la categoría de Proyecto de Exportación Estratégica de Largo Plazo (PEELP).
Más allá de compartir uno de sus accionistas mayoritarios con Escondida, Vicuña también podría tener una infraestructura de evacuación y un abastecimiento de agua similar, donde se está estudiando tanto la salida del mineral por el Pacífico como el aprovisionamiento acuífero de este mismo océano.