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Home office, el desafío de las ART

Jesica Mateu Forbes Staff

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El uso del teletrabajo se masificó con el decreto del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. La situación obligó a poner en agenda la regulación de una modalidad que llegó para quedarse. Expertos explican el impacto y la adecuación del sistema que cubre los accidentes laborales ahora también en los hogares

07 Agosto de 2020 08.44

"El sistema de Riesgos del Trabajo probablemente  terminará  siendo  uno de los ramos más afectados por la pandemia. El prolongado período de  aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASOP) ha generado y seguirá generando un fuerte impacto negativo en los salarios de los trabajadores, producto de suspensiones, reducciones de salarios, disminuciones de horas extras, premios y adicionales, entre otros, lo que impacta de manera directa en las primas del sector", sentencia Guillermo Davi, gerente general de Prevención ART.

Es que la aparición del Coronavirus y la necesidad de aislamiento cambió la rutina   y la situación socioeconómica de todos. Por empezar, gran parte de las personas que trabajaban en oficinas antes del ASOP hoy lo hacen desde sus domicilios. Sin embargo, no es una tendencia que nació con la pandemia. El teletrabajo ya era una realidad para algunos trabajadores. Tener la posibilidad de cumplir con sus roles profesionales, al menos una vez por semana, desde un espacio físico diferente al de la empresa era concebido como un beneficio. Hoy sin embargo es, en muchos casos, la única alternativa. Sin embargo, cuando  se  instale  la llamada nueva normalidad, se  cree  que la tendencia se instalará de manera amplia. ¿Cómo? Ya no  será  posible  concebir  la asistencia a diario a la oficina sino que se desarrollará una modalidad mixta entre teletrabajo y la alternativa presencial. Así lo asegura Fabiana Gadow, CEO de la consultora Korn Ferry. En ese nuevo escenario deberán moverse las ART para dar respuesta a los trabajadores que sufran algún tipo de siniestro. 

Una vez que se encuentre una solución al Coronavirus o que, por lo menos, sea posible convivir con este, sin los riesgos que hoy se perciben, “muchas empresas no van a mantener la obligatoriedad de que sus empleados asistan  a las compañías. Será voluntario. El teletrabajo permite disminuir los riesgos de accidentes en el tránsito, por ejemplo, y subir la productividad”, señala Gadow. En definitiva, “implica un cambio de paradigma. Sobre todo para los líderes a la hora de gestionar equipos a distancia”. En Korn Ferry, por ejemplo, antes del COVID-19 se hacía home office una o dos veces por semana; en la nueva normalidad será de al menos tres veces. De hecho, estar presente en la oficina cada jornada será, según su punto de vista, para aquellos a quienes por diversos motivos no les sea posible trabajar desde su hogar. 

En diversas encuestas a empleados, estos manifiestan que la flexibilidad de trabajar en sus casas (en bares o incluso en el domicilio de otros familiares) les permite ahorrar dinero y tiempo preciado que de otro modo pierden en el transporte a sus trabajos. Además, ganan en comodidad. Si tuvieran que elegir, solo irían dos días a la oficina para reuniones, trabajo interpersonal y cuestiones puntuales ligadas a sus tareas. Hoy ya se ve el impacto. “Se requieren más salas de reuniones, pero menos espacios individuales para los trabajadores. Debido a esto hoy se están rescindiendo contratos de alquiler”, asegura Gadow. Recientemente Adecco Argentina publicó una encuesta realizada entre más de 3.800 trabajadores para conocer cómo cumplen sus funciones luego de más de 100 días de aislamiento. El 51% aseguró que luego de la pandemia elegiría continuar con el teletrabajo

El teletrabajo genera otra dinámica en cuanto a los hábitos, y podría requerir ajustes en el sistema de riesgos de trabajo. 

A pesar de ello, y según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad  y el Crecimiento (Cippec), en su informe “Evaluando las oportunidades y los límites del teletrabajo en Argentina en tiempos del COVID-19”, casi el 30% de las ocupaciones del país tienen potencial para realizarse desde el hogar. 

Está claro que el teletrabajo genera otra dinámica en cuanto a los hábitos y podría requerir ajustes en el sistema de riesgos de trabajo. “Con el home office disminuyen los riesgos itinerantes. Sin embargo, aparecen otras cuestiones vinculadas a los accidentes dentro del hogar. Por ello hay una dimensión preventiva y otra reactiva”, reflexiona Gadow. La primera refiere a cómo evitarlos (sillas ergonómicas que cuiden la espalda y que puedan regularse a la altura del escritorio como un simple ejemplo); y la segunda, a qué hacer cuando suceden. Para eso también hay que definir qué accidentes se consideran domésticos y cuáles laborales. Desde Prevención ART explican que “frente a esta nueva modalidad de trabajo, las empresas están obligadas a brindar   a las ART los datos de los trabajadores y la declaración de la franja horaria laboral, tal como si estuviese trabajando en el establecimiento”. Porque fundamentalmente de ella depende que se reconozca su condición laboral u hogareña. 

Además, “las oficinas se tienen que reacondicionar. Va a haber otra mirada de lo que es la limpieza y el espacio entre un puesto de trabajo y el otro. Empieza a haber mayor conciencia sobre la salud y el impacto del contacto”, agrega Gadow. 

Hace tiempo que la regulación del home office estaba pendiente. El Coronavirus transformó, en este sentido, lo importante en urgente. Y si en marzo había dos proyectos de ley para concretar este objetivo, los últimos días se incrementaron a cuarenta. “Ya en 2012 la Superintendencia de Riesgos de Trabajo se refirió a la importancia del 'espacio sano  y seguro' para el teletrabajo. Por lo tanto, su formalización es ineludible, con la participación y el consenso de todos. Su incidencia en los accidentes y enfermedades laborales comenzará a poder medirse con el transcurso del tiempo y a medida que vayamos acumulando datos al respecto”, explica la presidenta de la Unión de Aseguradoras de Riesgo de Trabajo (UART), Mara Bettiol. Por su parte, desde Prevenir ART, Davi resalta que “es fundamental que todas las opiniones sean escuchadas, de manera de lograr consenso en una normativa justa para todas las partes; que proteja los derechos de los trabajadores y también de las empresas, que son quienes generan  fuentes de trabajo. Con o sin ley, el sector de ART siempre dio respuestas de cobertura a esta modalidad de trabajo, por lo que no creemos que una nueva regulación genere altos impactos para el sistema”. Por lo pronto la Cámara de Diputados aprobó  el 25 de junio (al cierre de esta edición estaba en manos del Senado) un proyecto de ley que, de sancionarse, entraría en vigencia 90 días después de que se decrete el fin de la cuarentena. 

Entre varios aspectos fundamentales, el proyecto establece la igualdad de derechos entre el trabajador presencial y el que lo hace a distancia, así como el carácter voluntario de esta alternativa. El diputado radical Albor Cantard, vicepresidente de la Comisión, expresó que “el teletrabajo es una modalidad contractual que ha venido para quedarse y que va a crecer mucho en los próximos meses”. 

Vale aclarar que el teletrabajo es más amplio que el concepto de home office, ya que el primero implica que la tarea se realiza de manera parcial o total, tanto en el domicilio como en cualquier otro lugar que no sea la empresa. 

Es aquí donde precisamente el rol del empleador también toma relevancia. Según Adecco, solo el 4% de las personas que hacen teletrabajo reconocieron que la empresa decidió hacerse cargo de algunos de sus gastos, tales como internet o línea de celular, comidas durante la jornada laboral y equipamiento de oficina, o la computadora y la silla ergonómica. Estos, por caso, hacen a la comodidad de los empleados en el hogar y, por qué no, a la prevención de dolencias típicas que responden a largos tiempos de trabajo frente a condiciones que no son las habituales de una empresa. 

La pandemia ha tenido un enorme impacto, y el sistema de riesgos del trabajo respondió operando cambios en sus distintas facetas para adecuarse a las exigencias. No solo para sostener sus servicios habituales a los 900.000 empleadores y algo más de 9 millones de trabajadores bajo cobertura, sino también para garantizar condiciones seguras de trabajo a todos los profesionales que se desempeñan en las compañías”, asegura Bettiol, de la UART. Como primera medida, se aceleraron y profundizaron “los cambios en el soporte y la infraestructura informática, ya disponible en el sistema, que permitió transitar toda la operatoria de modalidad presencial a remota”, explica.

Se desarrollaron estrategias de teletrabajo para superar las dificultades derivadas del ASPO y así “cumplir con las prestaciones habituales y con las nuevas surgidas del COVID-19. Desde el momento cero, primaron los objetivos de cercanía y empatía para atender y asesorar de manera inmediata a empleadores y trabajadores”, destaca la ejecutiva. Y para dar cuenta del desafío que enfrentó el sector, Bettiol señala que, en poco más de dos meses, “se realizaron 4,6 millones de gestiones en prevención con asesoramientos telefónicos, virtuales, de ventanilla electrónica y por videoconferencias para temas específicos; y más de un millón de contactos por Whatsapp, mail y otros canales de comunicación”. 

Asimismo, la experta indicó que el reconocimiento del COVID-19 como  enfermedad  laboral  no listada para trabajadores esenciales (DNU 367/2020) implicó la habilitación de procesos para la atención de esta nueva patología con toda la complejidad que implica por ser inédita y por sus características. 

“Luego de un diagnóstico positivo de Coronavirus se activa un procedimiento especial de cobertura, a brindar por las ART, con cargo al Fondo Fiduciario de Enfermedades Profesionales. Para ello, en pocos días se logró poner a punto las diferentes instancias de atención según la gravedad del paciente. Desde hoteles medicalizados para los casos leves hasta diferentes clínicas y sanatorios para los más complicados. El seguimiento de estos pacientes es constante hasta su negativización y, por supuesto, sin costos para la persona. Al 29 de junio, alrededor del 13% de los infectados fueron atendidos por el sistema”, detalla Bettiol. 

Desde 2012, la superintendencia de riesgos de trabajo destaca la importancia del 'espacio sano y seguro' para el teletrabajo. 

Si bien la pandemia sorprendió a todos, lo cierto es que las ART actuaron rápidamente, incluso una semana antes del ASPO cuando, según asegura Bettiol, “empezaron a consultar a sus clientes la nómina de los trabajadores que migrarían al home office para extenderles la cobertura a sus domicilios y los asesoraron al respecto”. Por caso, compartieron con los empleadores recomendaciones sobre ergonomía y sobre compatibilización de trabajo y tareas del hogar; así como pautas para  ejercitarse y consejos de expertos en liderazgo a distancia, entre otras cuestiones valiosas, “para acompañar este reacomodamiento de la mejor manera posible”, según destaca la presidenta de UART. 

De hecho, Davi, de Prevenir ART,  asegura  que  la compañía desarrolló y puso a disposición de sus clientes “programas de formación virtuales, para capacitar a los trabajadores en materia preventiva en el ámbito doméstico-laboral”. El ejecutivo reconoce que el hecho de que el teletrabajo fuera una modalidad ya vigente facilitó la rápida adaptación a una situación que, de todos modos, se caracterizó por un crecimiento exponencial.

Las aseguradoras fueron asesorando y cubriendo los accidentes laborales y las enfermedades profesionales denunciadas por los teletrabajadores. “La gestión administrativa y prestacional de accidentes o enfermedades se llevó adelante bajo las mismas políticas y procedimientos de trabajo que se aplican en los tradicionales siniestros ocurridos en los establecimientos laborales”, aclaró Davi. 

En cuanto a los retos que la situación actual representa, los expertos consultados aducen que están vinculados a lo que ya venía sucediendo en el país y que se profundizó con la pandemia. Bettiol confirmó que “el mayor desafío son los problemas preexistentes que amenazan su sustentabilidad: litigiosidad que comenzó alguna reversión, inversiones que perdieron su valor, dificultades de cobranza y tarifas insuficientes, en un escenario de erogaciones inelásticas como gastos médicos, salarios y compensaciones”. Este panorama se agrava con la enorme exigencia que demanda la situación pandémica. Davi coincide: “Las alícuotas técnicas, las que ya venían fuertemente castigadas por la judicialidad y los elevados costos prestacionales, continuarán deteriorándose ante la imposibilidad de las empresas de hacer frente al costo de la cobertura. Si a lo anterior sumamos la caída en los niveles de empleo que se vienen registrando en los últimos meses, realmente se vislumbra un panorama extremadamente crítico, al menos para lo que resta del año”, concluye. Por eso, asegura que “el mayor desafío fue el de dar continuidad al negocio y no interrumpir ningún tipo de prestaciones, en un contexto extremadamente difícil”.

Los esfuerzos también están puestos en contener a los clientes, sobre todo a los rubros más afectados. Pero Davi  admite  que  “la  mayor  amenaza y preocupación es el tiempo que nos demandará recuperar la economía y los niveles de actividad previos a la cuarentena. Estos, si bien ya venían sufriendo fuertes impactos en muchas de sus variables, hoy se ven seriamente agravados”.