Gustavo Zerbino: "Creo firmemente que el mundo va a evolucionar para bien; pensar que el pasado fue mejor es un cuento"
Empresario, sobreviviente de la tragedia de los Andes y referente en liderazgo humano, Gustavo Zerbino reflexiona sobre la toma de decisiones, el error, la intuición, la inteligencia artificial y el rol de los valores en un mundo acelerado. En el ciclo Forbes Líderes Unplugged plantea por qué la verdadera ventaja competitiva sigue estando en la conexión interior, el trabajo en equipo y la responsabilidad individual.

Gustavo Zerbino aprendió muy temprano que la vida no se controla, pero sí se puede elegir cómo responder a lo que sucede. Sobreviviente del accidente de los Andes en 1972 y hoy empresario con décadas de experiencia, construyó una mirada singular sobre el liderazgo, el error y el sentido del trabajo. 

En su paso por Forbes Líderes Unplugged, habló de intuición, inteligencia artificial, valores, confianza, propósito y dejó una idea central que atraviesa toda su visión: la vida se trata de prepararse para dar la mejor versión, pase lo que pase. @@FIGURE@@

Decís que vivís esperando lo mejor, pero preparado para lo peor. ¿Cómo se hace para transitar en esa tensión entre la esperanza y la adversidad?

No hay ninguna tensión. Yo me regalo todos los días, cuando me despierto, enfrentar la incertidumbre. No sé qué va a pasar. Eso quiere decir que, si pasa lo peor, voy a tener que ser mi mejor versión, y si pasa lo mejor, también. Eso hace que el mundo exterior, con los hechos que ocurren, no sea lo más importante. 

¿Qué es lo más importante?

Lo verdaderamente importante en la vida es quién sos vos frente a lo que te ocurre y esa respuesta depende de vos. Por eso hoy asumo la responsabilidad. De joven fui irresponsable, irreverente, no aceptaba límites y me enfrentaba a todo lo establecido y a todos los dogmas. Hoy soy parte del sistema: escucho, trato de comprender y, con toda esa información, me reúno con un equipo para ir a buscar objetivos comunes para el bien de la comunidad.

Hablás de dar la mejor versión, algo que hoy se escucha mucho. ¿Cómo se hace para pasar del discurso a los hechos y que no quede solo en algo lindo escrito en un papel?

Yo vivo la vida como un desafío. Un desafío permanente de ver, con toda la información que recibo de afuera y de acuerdo con el objetivo que tengo, qué puedo hacer para llegar lo antes posible, de la manera más económica y más saludable, generando el mayor bienestar para la gente. Lo primero que aprendés en la vida es a saber lo que no querés y para qué te equivocaste. Yo estoy convencido de que el error y el fracaso no existen, son puro cuento. Solo existen el aprendizaje y el crecimiento. 

Sos líder en la empresa de la que sos socio, laboratorio Cibeles, ¿buscás transmitir eso?

A la gente que trabaja conmigo le digo que, cuando se equivoquen y algo salga mal, lo compartan. Porque cuando se comparte, se transforma en aprendizaje, se ahorra tiempo, dinero y esfuerzo. Y la gente sabe que en ese lugar puede equivocarse sin miedo. La vida es un milagro y la única manera de vivirla es viviéndola. Eso implica equivocarse. Hoy la información está al alcance de un dedo. Sobre cualquier tema, con inteligencia artificial, se escriben miles y miles de horas de textos y videos que no te va a dar la vida para consumir. Pero la información no es lo más importante: lo más importante es el conocimiento. Y el conocimiento se basa en los errores, en la experiencia y en el aprendizaje.

Además de inteligencia emocional también usás inteligencia artificial. ¿Cómo la incorporás en tu liderazgo?

La inteligencia artificial es una herramienta muy buena y muy importante. Así como existió la Revolución Industrial, hoy estamos viviendo la revolución de la inteligencia artificial. Entramos en otra era, la era de la velocidad del tiempo y del acceso inmediato a la información. Es fundamental que los equipos, los jóvenes, la prensa y todos nosotros la utilicemos. Es como una escalera mecánica que acelera los procesos. No se puede ir contra el avance ni contra la evolución natural. Tenemos que adaptarnos a manejar esa información, pero sin perder la conexión interna.

¿Cómo se logra esa conexión interna?

Conectarse con uno mismo no es pensar, es sentir. Nadie te va a decir qué es lo que querés hacer: eso lo sentís. Durante muchos años el mundo fue muy rígido, lleno de mandatos. Hoy tenemos información acumulada, pero necesitamos recuperar esa conexión interior para ser personas integrales. El mundo está cambiando y hay que buscar equilibrio.

¿Qué tan importante es para un empresario la empatía?

Creo en la familia como célula fundamental de la sociedad. Creo en los valores y en los principios. Toda tecnología, todo conocimiento y toda evolución no sirven de nada si no están unidos por un hilo conductor de valores, fundamentalmente el amor, la solidaridad y la compasión. El verdadero liderazgo no se trata de ponerse en el lugar del otro como un ejercicio forzado. Se trata de ser auténtico con uno mismo. Yo miro a la gente a los ojos, sé cómo se llama, dónde vive, si tiene hijos. No son números, son personas con amores, dolores y alegrías. En las empresas, como en el rugby, hay un objetivo común. Pero ese objetivo tiene que estar sostenido por reglas claras, valores y principios compartidos. Nadie está obligado a vivir los valores de una empresa, si no los quiere vivir puede irse a otra. Pero los que se quedan tienen que sentir esos valores como propios.

¿Cómo logras equilibrar los tiempos de trabajo y de ocio? 

Yo nunca sentí que trabajé. Hago lo que me gusta y por eso me pagan. Para mí, el trabajo es un juego, un partido que se juega en equipo. Cada uno cumple su rol (marketing, finanzas, ventas) y todos vamos detrás del mismo objetivo. Tengo 72 años. Arranco mis mañanas haciendo pilates y jugando al tenis. Después cumplo con todos mis compromisos. Honrar la palabra es fundamental. No lo vivo como una obligación, sino como una elección. La gente no tiene que padecer la vida. No conozco a nadie que se queje y sea feliz. La queja descarga la batería. El amor, la alegría y la gratitud la recargan. Tenemos miles de pensamientos automáticos por día, la mayoría negativos. Yo no dejo que la mente me domine: yo le doy órdenes a mi mente. En la montaña teníamos todo para quejarnos, pero nadie se quejaba. No dejamos que ningún pensamiento negativo nos controlara. Lo que no está en mi mente, no existe.

Si es tan natural ¿cómo hacían para no quejarse en esa situación?

Aprendimos en la primera noche que por más que gritáramos, despotricaramos, lloráramos, tuviéramos frío y a nuestro amigo muerto a nuestro lado, nada cambiaba. Lo único que hacíamos era desperdiciar energía interior. Yo cuando me quejo media hora me siento mal, no quiero hacer nada, me empiezo a deprimir, entonces no puedo dejar que ese círculo vicioso me destruya la vida. 

Cuando hay un problema en la empresa  ¿pensás en que superaste cosas muchísimo peores?

No hay un solo día en el que yo recuerde que estuve en la cordillera. Lo que digo es que, en el presente, solo me puedo ocupar. Si tengo un problema en mente es para trabajarlo con un equipo y pensar en cómo lo solucionamos. Soy optimista. Tengo seis hijos, cinco nietos y espero la primera nieta. Creo firmemente que el mundo va a evolucionar para bien. Pensar que el pasado fue mejor es un cuento. Si extraño el pasado, me pierdo el presente.