Es argentino, hizo ganar a Ferrari en Le Mans y hoy fabrica sus propios autos en Italia
Horacio Pagani no es el único argentino que triunfa en el Motor Valley. El cordobés Matías Mussetta cuenta su historia con la escudería italiana y cómo fundó Brado Cars, con la que hace vehículos en el país europeo.

Brado Cars se encuentra en Parma, Italia, el corazón del Motor Valley y hogar de otras empresas conocidas: Lamborghini, Ferrari, Maserati, Dallara y Pagani, entre otras. Matías Mussetta entendió que para formar parte de un ecosistema, hay que estar. En este caso, el norte de Italia siempre ha sido el hub donde los grandes y pequeños fabricantes de autos de lujo encuentran la sinergia para seguir siendo los mejores del mundo. Hoy, Mussetta restaura los autos más exclusivos del mundo como Ferrari 250 GTO o Ferrari F40, y está creando Brado Cars.

Brado empieza con el Carbon Buggy: un restomod del típico buggy playero pero modificado con mucha fibra de carbono, analógico, motor más potente y terminaciones de lujo. Un restomod no es un auto nuevo, sino una reinterpretación moderna de un clásico. Conserva su esencia, pero actualiza componentes clave para mejorar prestaciones, seguridad y usabilidad, aprovechando además ciertas ventajas técnicas y legales por partir de una base existente.

Este buggy restomod destaca por su monocasco en fibra de carbono expuesta, que combina un diseño minimalista con altas prestaciones. Cuenta con un motor bóxer refrigerado por aire de 1.8L y 85 hp de serie, o el opcional de 2.0L y 110 hp. No tiene ayudas electrónicas, lo que significa una experiencia para los puristas. En cuanto a configuraciones, permite un alto grado de personalización, incluyendo cueros, telas y diferentes acabados para la fibra de carbono. También disponible en 2 o 4 asientos y cubiertas todoterreno o para calle.

Mussetta nació en Marcos Juárez, provincia de Córdoba, donde cursó estudios de mecánica técnica y colaboró con equipos de Fórmula Renault. A los 25 años, se mudó a Buenos Aires para estudiar ingeniería aeroespacial, pero debió abandonar la carrera tras dos años y medio por dificultades que impedían la compatibilidad entre estudios y trabajo.

Matías Mussetta participó en el equipo que culminó con la victoria de Ferrari en las 24 horas de Le Mans en 2023. Crédito: Gentileza Matías Mussetta

En 2013, emigró a Italia y comenzó a buscar oportunidades laborales en la industria automotriz repartiendo currículums en Toro Rosso, Ferrari, Pagani y Lamborghini. La escudería Toro Rosso lo contrató por su experiencia en las carreras y talleres de Fórmula Renault para trabajar en el área de desarrollo de materiales y, tras un regreso temporal a Argentina, a finales de 2019 regresó a Italia para realizar una tecnicatura en materiales compuestos en Parma.

El salto a Lamborghini, Dallara y Ferrari

Antes de finalizar el curso, firmó para unirse a Lamborghini, trabajando en el área dedicada al desarrollo de materiales compuestos. Aunque participó en el desarrollo de los chasis para los modelos Aventador y Revuelto, sentía que su rol en Lamborghini era demasiado operativo y limitado. Su camino tomó un giro durante un evento Mille Miglia, donde se encontró casualmente con Gian Paolo Dallara, fundador de Dallara (empresa líder en diseño y construcción de chasis de automovilismo), con quien conversó sobre su experiencia y aspiraciones profesionales, y logró que lo integrarse al equipo.

En Dallara, Mussetta trabajó en proyectos de Fórmula 1 para Haas, así como en IndyCar y Fórmula 2. Posteriormente, lo asignaron al proyecto del Ferrari Hypercar 499P, debido a la experiencia técnica previa y la capacidad para desarrollar piezas funcionales para pista. Su participación en las 24 Horas de Le Mans desempeñó un rol técnico clave en el montaje y desarrollo del Ferrari, además del apoyó al equipo en pista durante pruebas y competencias, culminando con la victoria de Ferrari en las 24 Horas de Le Mans en 2023. Una victoria que representa muchísimo para la marca que hacía 58 años que no ganaba en la máxima categoría del campeonato del mundo en resistencia y volvió a conseguir en 2024 y 2025 con el 499P.

¿Por qué dejar un equipo ganador de Le Mans para poner un taller de restauración?

Después de la victoria en Le Mans, decidí salir de esa presión tan alta que se vive dentro de un equipo como Ferrari y buscar algo que me diera mayor flexibilidad. Empecé a ofrecer servicios de consultoría técnica y restauración y en ese camino también colaboré en el desarrollo de la Maserati MC20 GT2. Ese cambio me permitió trabajar cerca de mi casa y perseguir el sueño de construir un auto propio, usando todo lo que había aprendido en el mundo del alto rendimiento.

Crédito: Gentileza Matías Mussetta

¿Cómo nació la idea de Brado?

Tenía un buggy en mi casa y lo desarmé en un día para ver cómo podía mejorarlo. Al principio, la idea era hacer una réplica de un Dune Buggy en fibra de carbono pero a medida que el proyecto fue avanzando, terminó evolucionando hacia un restomod. El objetivo pasó a ser crear un vehículo liviano, moderno, con una estética mejorada y dejando atrás las limitaciones técnicas del modelo original.

¿Quiénes forman parte de Brado?

Para el diseño contacté a Manel Díaz, exjefe de diseño de Audi Motorsport. Juntos desarrollamos un diseño que mantiene la esencia del Buggy original. También elegimos un motor inspirado en el Porsche 914 de 2.0 litros y 115 caballos de fuerza, y una parte trasera abierta que deja el motor a la vista, una decisión estética pensada para darle más agresividad y personalidad. Hoy el equipo está formado por cuatro argentinos y un italiano: yo, como CEO y fundador; Andrea Mazzuca, que está a cargo de la estrategia, el branding y el marketing; Felipe Fontana, que lidera las ventas y la expansión de mercado; y Manu Díaz, como diseñador. Además, contamos con la colaboración de Nicolás Gaudioso.

¿Brado es un capricho, ego o negocio?

Si bien tiene que ser un negocio, el motor principal del proyecto es la pasión combinada con una ambición sana y descarto que se trate de un capricho o una motivación puramente económica.

¿Cuál es el precio inicial del Carbon Buggy?

El precio base para las primeras unidades (Early Bird) es de 90.000 euros más el costo del vehículo donante, con un precio final estimado entre 130.000 y 140.000 euros. La producción será artesanal y limitada a 30 o 35 unidades, enfocada en un cliente exclusivo que busca personalización.

Crédito: Gentileza Matías Mussetta

¿Hasta dónde se puede personalizar sin comprometer la identidad de la marca?

Una de las cosas que más me interesa es que cada cliente pueda convertirse en co-diseñador de su propio auto. Por eso ofrecemos un nivel de personalización muy amplio, desde los materiales y los colores hasta los tejidos de la capota o los tapizados, para que todo pueda combinar con otros activos del cliente, como un yate o sus vehículos personales. La participación del cliente en la configuración del auto es fundamental para el concepto de Brado y también para justificar el valor del producto, pero tendrá un límite sobre configuraciones que hagan que el auto pierda su coherencia estética o termine siendo algo vulgar.

¿Qué tan complejo fue homologar el auto para que pudiera circular?

Logré la homologación para que el auto pudiera circular por la calle mediante simulaciones virtuales de impacto peatonal y asegurando el cumplimiento de la normativa utilizando motores atmosféricos de la época. De esa forma, evitamos tener que afrontar un proceso de homologación para un motor completamente nuevo.

¿Quién es el cliente de Brado y para qué pensaste este auto?

Pensé el auto para que sea lo más versátil posible, tanto para disfrutarlo en la playa como en la montaña. Incluso el peso lo definí después de estudiar las grúas de los yates, que normalmente soportan hasta 500 kilos. La idea era que también pudiera transportarse a bordo de un barco.

¿Cuántos Carbon Buggy vendieron?

Hasta hoy vendimos tres unidades y ya tenemos una lista de espera. De todas formas, quiero mantener un enfoque artesanal, priorizando siempre la calidad por sobre la velocidad de entrega. Es una forma de trabajar muy parecida a la de marcas como Pagani.

¿Cómo financiaron el desarrollo del buggy y cuánto costó llevar el primer auto a la realidad?

El proyecto se fue autofinanciando en parte con las primeras ventas. Además, invertí capital propio y contamos con el aporte de capital de riesgo y los recursos de marketing de Andrea Mazzuca. En total, desarrollar el primer producto demandó una inversión cercana a los 250.000 euros.

¿Qué es lo más costoso de fabricar un Brado y qué parte del proceso tercerizan?

Los mayores costos están en la fabricación de los moldes y en toda la ingeniería necesaria para transformar los diseños 3D en superficies listas para producción. En cuanto a la fabricación, tercerizamos las piezas de fibra de carbono y la tapicería con proveedores que trabajan para equipos de Fórmula 1 y marcas como Pagani.

Crédito: Gentileza Matías Mussetta

¿Por qué eligieron instalarse en Parma y en qué se diferencia Brado de otros vehículos recreativos?

Elegimos instalarnos en Parma por la calidad de las personas que forman parte del proyecto y por la cercanía estratégica con proveedores clave. Estar en el Motor Valley nos permite trabajar con un nivel de proveedores muy difícil de encontrar en otro lugar y esa es la verdadera diferenciación. Por ejemplo, los que hacen la tapicería son los mismos proveedores de Pagani. Hay alternativas como el Mini Moke, que es un vehículo de producción en serie y eléctrico, o el Meyers Manx, que se enfoca en restaurar clásicos sin ofrecer el nivel de personalización que buscamos nosotros. También hay proyectos similares en Australia, pero, desde mi punto de vista, no alcanzan el mismo nivel de diseño ni de calidad.

¿Dónde imaginás a Brado dentro de cinco años?

El objetivo es consolidar a Brado como una empresa con un alto valor de marca y seguir creciendo más allá de los restomods. La idea es desarrollar vehículos propios, concebidos y desarrollados íntegramente por nosotros. Hoy empezamos con un vehículo recreativo, pero Brado no se define por un modelo en particular. El nombre significa “salvaje”, por stato brado en italiano, y esa esencia va a estar presente en todos los productos que vengan. Los próximos autos van a ser más interesantes, más potentes, pero siempre van a mantener la identidad de la marca.

¿Hay algún desafío que todavía no hayan resuelto en este primer modelo de Brado?

Antes de ofrecer el auto me aseguré de que los aspectos críticos, como la producción y la homologación, estuvieran completamente resueltos. Para mí es una cuestión de responsabilidad con el cliente y de cumplir con lo que prometemos. Quiero entregar y vender este proyecto terminado, pero siempre pueden surgir actualizaciones o mejoras a medida que avanzan las entregas.

¿Qué mensaje le darías a un joven que sueña con emprender?

Les diría que se animen a dar el paso y a perseguir sus objetivos sin frenarse por el miedo. Yo también dejé mucho para venir a Italia a perseguir un sueño. El éxito proviene de la pasión, el aprendizaje constante y la capacidad de adaptarse a un mundo que evoluciona rápidamente. Estoy muy agradecido por haber podido compartir esta experiencia y siempre valoro conectar con personas que tienen voluntad, curiosidad y ganas de hacer cosas. Nunca sabes cuándo una de esas conversaciones puede convertirse en una oportunidad.