El "techo de cristal" de las startups: el desafío de las mujeres para irrumpir en las redes de inversión
Biotecnología, inteligencia artificial y datos clínicos: cada vez más mujeres lideran startups en la región. Sin embargo, el ecosistema emprendedor todavía muestra una brecha estructural en acceso a capital y en los espacios donde se toman decisiones.

En el ecosistema emprendedor global se repite una escena estructural: paneles, rankings, delegaciones y fotos, donde la diversidad es un discurso, pero no una realidad. Los números son elocuentes. Apenas 2% del capital emprendedor global se destina a startups lideradas por mujeres, y este dato no cambia desde hace 5 años. La pregunta que vuelve a aparecer en cada conversación es incómoda: si el talento existe, ¿por qué el capital sigue yendo siempre al mismo lugar?

El capital de riesgo como sistema cerrado

Para Marta Cruz, cofundadora de NXTP Ventures y de las comunidades EmprendedorasLAC y WeInvest, el problema no está en la falta de emprendedoras, sino en la arquitectura del propio sistema. Durante más de una década de trabajo en venture capital, Cruz observó una constante: las startups lideradas por mujeres rara vez llegan al flujo de oportunidades que evalúan los fondos.

“Después de invertir en más de 30 compañías, me di cuenta de algo incómodo: los proyectos liderados por mujeres casi no aparecían en el dealflow”, señala Cruz y explicó que esa constatación fue el origen de EmprendedorasLAC, una comunidad creada para visibilizar startups tecnológicas lideradas por mujeres en América Latina y el Caribe.

El sesgo se manifiesta incluso en el momento más crítico del proceso: el pitch ante inversores. “Un estudio que analizó más de 170 presentaciones encontró que a los hombres se les hacen preguntas de promoción y a las mujeres, preguntas de prevención”, explica Cruz, y agrega que esa diferencia condiciona el resultado antes de que empiece la negociación. @@FIGURE@@

El otro problema es quién está sentado del lado del capital. Apenas 9% de los fondos de venture capital tienen socias mujeres y 62% no tienen ninguna mujer en puestos de decisión. “Ahí entendimos que el problema también estaba del otro lado de la mesa”, afirma Cruz al explicar el origen de WeInvest, una red creada para ampliar la presencia femenina en el mundo de la inversión, y añade: “Si queremos cambiar cómo circula el capital, necesitamos mujeres tomando decisiones de inversión”.

Redes que intentan alterar el circuito del poder

La expansión de las comunidades de inversión con perspectiva de género busca intervenir en ese circuito tradicional del venture capital, históricamente dominado por redes masculinas.

Según explicó Bárbara Harteneck, community builder de WeInvest, la lógica es generar un efecto multiplicador. “Cuando una emprendedora logra éxito, después se convierte en mentora, luego en inversora y abre oportunidades para otras mujeres”, sostiene Harteneck.

La red ya reúne más de 420 inversoras en 24 países, con más de 240 fondos representados y participación en más de mil compañías a nivel global. “En conjunto, las inversoras vinculadas a la comunidad administran más de US$ 390.000 millones en activos”, detalla Harteneck y sostiene: “El crecimiento de estas redes también se refleja en la actividad pública. Solo en el último año organizamos más de cincuenta eventos propios y participamos en decenas de encuentros del ecosistema, y esto se debe a que los estudios muestran que una mujer inversora tiene un 30% más de probabilidades de invertir en una startup liderada por otra mujer”. @@FIGURE@@

Una historia similar atraviesa a Julia Mensa, fundadora y CEO de Nunatak, una startup de biotecnología enfocada en acelerar el descubrimiento de nuevas terapias a partir de herramientas de biología molecular y plataformas tecnológicas. La compañía trabaja en el desarrollo de soluciones para mejorar la identificación de compuestos terapéuticos y reducir los tiempos de investigación en etapas tempranas del desarrollo farmacéutico. 

Su presencia dentro del ecosistema refleja otro fenómeno que empieza a consolidarse en la región: el crecimiento de startups científicas lideradas por mujeres, particularmente en áreas como la biotecnología, la salud y las life sciences, sectores que históricamente han tenido mayor dificultad para acceder a capital de riesgo en América Latina.

Fundadoras que disputan el acceso al capital

Detrás de los números aparecen historias concretas de compañías que intentan crecer en un ecosistema donde el capital sigue siendo escaso para las mujeres.

Victoria Costa Paz, fundadora y CEO de Eywa, una startup de biotecnología que desarrolla soluciones basadas en psicodélicos para tratar la depresión, la ansiedad y las adicciones, sostiene que parte del desafío también es cultural. “Las mujeres tenemos que animarnos a hablar de plata, de nuestros negocios y a ponerle la cara a lo que estamos construyendo”, afirma

La compañía líder ya recaudó US$ 4,5 millones en una ronda de inversión liderada por Tim Draper, inversor de empresas como Space X; y avanza en el desarrollo de psilocibina producida mediante biotecnología para ensayos clínicos. “En tres meses tendremos psilocibina de calidad farmacéutica para comenzar estudios clínicos y avanzar hacia la comercialización en Australia, donde el tratamiento ya es legal para la depresión resistente”, explica Costa Paz. @@FIGURE@@

La experiencia de Keila Barral Masri, CEO y fundadora de Cromodata, revela otra dimensión del problema. Su startup creó un marketplace de datos clínicos anonimizados de América Latina para entrenar algoritmos médicos con poblaciones subrepresentadas.

“Cuando empecé a levantar capital, entendí que no alcanzaba con estar preparada como los hombres: tenía que estar mucho más preparada”, relata Barral Masri, y agrega que “esa exigencia extra aparece incluso en la dinámica de las reuniones con inversores, porque muchas preguntas estaban enfocadas en lo que podía salir mal, no en cómo podía crecer la empresa”. Barral Masri logró cerrar su última ronda de financiamiento con un grupo médico internacional que financió el proyecto completo.

El contraste entre las cifras y estas trayectorias revela la paradoja del ecosistema emprendedor: las mujeres crean compañías, desarrollan tecnología y construyen modelos de negocio escalables. Pero el sistema que distribuye el capital sigue funcionando como una red cerrada donde el acceso todavía depende, en gran medida, de quién está dentro del círculo.

El debate, entonces, ya no es si las mujeres pueden construir startups exitosas. La evidencia muestra que sí. La discusión real es otra: quién decide qué proyectos merecen financiamiento y por qué el capital sigue circulando entre los mismos actores.