Desde Zambia, enviado especial-. Motosierra, baja de impuestos y seguridad jurídica no son herramientas exclusivas de Javier Milei para atraer inversiones a la Argentina. También es la receta que eligió el presidente de Zambia, que ya logró números sorprendentes de crecimiento del PBI y se propone multiplicar por cuatro su producción de cobre para meterse en el top 3 de los mayores productores a nivel global.
Con una retórica anti Estado, un discurso que canalizó el apoyo popular producto de una "pesada herencia" y una propuesta de beneficios al sector privado, Hakainde Hichilema llegó al gobierno en 2021 con el 59% de los votos y logró meter a su país en el centro de la agenda del cobre mundial.
Ya obtuvo anuncios de inversión por más de 3.500 millones de dólares en la industria minera y se esperan más de 5.000 millones en el futuro cercano. De esta forma, desde un nivel de producción apenas superior a las 700.000 toneladas anuales de cobre, el gobierno zambiano proyecta superar el millón de toneladas este año y pasar la barrera de los tres millones en 2030, una marca que hoy solo logran Chile y el Congo.
Curiosamente, los dos países son vecinos de Argentina y Zambia, respectivamente, y durante décadas, fueron el ejemplo más claro de cómo puede cambiar el escenario de un lado u otro de la frontera según las políticas que se apliquen, a pesar de tener la misma cantidad de recursos.
"Congo está abierto a la inversión internacional sin ninguna restricción. En cambio, nuestro gobierno anterior no prestó atención a la minería y los inversores se fueron. Ahora, es una prioridad para el presidente y, gracias a las reformas que hicimos, nuestro PBI ya creció un 50% desde que asumimos", afirma a Forbes el ministro de Desarrollo de la Pequeña y Mediana Empresa, Elias Mubanga, quien encara gran parte de las negociaciones con la industria.
Zambia supo ser uno de los pioneros del cobre global durante el colonialismo británico y una referencia para todo el mundo. Tal es así, que una delegación chilena visitó la provincia zambiana de Copperbelt (cinturón del cobre) en la década del 70' para poder imitar sus métodos de producción. "Aprendieron rápido", bromean en Lusaka.
"En cambio, nosotros nos estancamos cuando el gobierno nacionalizó las minas. Las empezaron a manejar como una empresa socialista gastando dinero en cualquier cosa como construcción de escuelas o trabajos sociales. Descuidaron la inversión y junto a una caída del precio internacional, provocó un desplome de la producción a un tercio de lo que era", relatan ejecutivos del sector con los que pudo conversar Forbes.
Recién en la década del 90' las minas volvieron a privatizarse, pero con una política muy volátil de cambios de reglas de juego constantes. "Cuando asumió el actual presidente dijo: no se cambia más. Vamos a dejar los mismos impuestos. Y eso fue clave para llevar confianza", sostienen.
"Así ganamos todos. Las empresas producen más, el gobierno recauda más y las comunidades tienen más trabajo. Queremos que el gobierno funcione como el sector privado. Sacar la burocracia, aprobar permisos rápidamente, que los empleados cambien su mentalidad. Que dejen de pensar en cumplir un horario y se concentren en objetivos a lograr. Acá en Zambia hay muchos funerales y es muy común que los empleados públicos usen esa excusa para no trabajar. Eso se terminó", fue otra de las definiciones del ministro Mubanga.
La decisión más difícil
Por lejos, el principal reclamo de los zambianos al gobierno por estos días es el abastecimiento energético. Dentro de la herencia recibida por el presidente Hichilema que incluía un descalabro fiscal, un alto desempleo y una situación sanitaria crítica respecto a la malaria, los cortes de luz son la gran asignatura pendiente de esta administración.
Lejos de resolver este problema que viene de hace varios años, el panorama se agravó fuertemente y el promedio de los hogares recibe apenas unas cinco horas de servicio eléctrico al día, mientras que en las jornadas más complicadas ese número se reduce a sólo dos horas de luz.
Y más allá del menor nivel de lluvias producto del cambio climático que afectó directamente a la generación hidroeléctrica (fuente del 85% de la matriz zambiana), hubo una polémica medida oficial que explica gran parte de esta crisis: la prioridad absoluta de las empresas mineras a la hora del abastecimiento energético.
La industria minera acapara alrededor del 60% del consumo eléctrico del país y, sin una seguridad de suministro garantizado, era imposible proyectar un escenario de aumento de inversiones. "Sabíamos que, para atraer inversiones, teníamos que sacar regulaciones, bajar impuestos y dar prioridad en el uso de la energía", dicen desde el Poder Ejecutivo.
El gobierno argumenta que, sin el dinero de la minería, no iba a ser posible encarar las obras necesarias para solucionar este cuello de botella que obliga a tener que importar una enorme cantidad de electricidad cada año desde los países vecinos que se destina exclusivamente para esta actividad.
Para aumentar la generación eléctrica y revertir el desplome del 50% en la generación de Kafue Gorge, la mega represa de 1.650 MW de potencia de la cual depende la energía de Zambia, el gobierno trazó un plan conjunto con las empresas mineras para que ayuden a financiar la instalación de parques fotovoltaicos, líneas de transmisión, interconectores con otros países y centrales a carbón por 300 MW de potencia adicionales.
First Quantum, una minera canadiense que es la principal empleadora de todo el país, celebró un acuerdo con TotalEnergies para construir un parque solar de 430 MW que le alcanzará para autoabastecer su producción en los dos grandes complejos mineros que opera: Trident y Kansanshi.
Si bien la complejidad del asunto demandará varios años de trabajos intensivos, la expectativa es que en 2026 se empiecen a notar algunos resultados y la crisis pueda atenuarse de cara a las elecciones presidenciales.
El equilibrio entre China y Estados Unidos
"Amamos a todos, queremos inversión de China, de Estados Unidos y de Europa. Siempre que sigan las reglas, son todos bienvenidos. No apoyamos a ninguno en particular", responde el ministro Mubanga ante la pregunta de Forbes respecto al alineamiento internacional de su gobierno.
No obstante, la declaración diplomática esconde un delicado equilibro entre las dos grandes potencias y un leve corrimiento hacia occidente. "El presidente es pro occidental. Está logrando que Estados Unidos vuelva a focalizarse en este país con muchas inversiones luego de muchos años de dominio chino. El problema es que no puede soltarle la mano a Beijing de un momento al otro, porque depende de muchos créditos tomados en el pasado y grandes obras de infraestructura", explica una fuente del ámbito privado al tanto de la política internacional.
Las rutas de exportación del cobre son parte de esa puja al ser un mineral estratégico en la carrera tecnológica de la inteligencia artificial. Como Zambia no tiene salida al mar, tiene que construir rutas o líneas de tren hacia varios de sus vecinos para no depender de un solo país en caso de un eventual conflicto.
Tanzania y Namibia son los principales caminos, pero la industria minera está buscando expandirse hacia Mozambique y Angola para tener más alternativas luego del cierre de la ruta hacia Sudáfrica por motivos de seguridad.
Mientras que China está detrás de la nueva línea ferroviaria Tazara que va hacia Tanzania, Occidente busca financiamiento para avanzar en el famoso corredor Lobito hacia Angola, un proyecto histórico de los portugueses.
Para las mineras, a su vez, representa una enorme ganancia de productividad al reducir costos y tiempos de translado. First Quantum está participando de una colaboración público-privada para rehabilitar una autopista hacia el puerto Walvis Bay de Namibia y ahorrar unos 8 días de transporte, además de evaluar sumarse al corredor Lobito.
"Queremos un tratado de libre comercio con nuestros 8 vecinos. Para comerciar libremente y transportar libremente en un ambiente de paz, un atributo muy valorado por los inversores. Estamos previendo inversiones de 1.200 millones de dólares en trenes", dice el ministro.