El dilema de los herederos: cómo la nueva generación de family offices está cambiando el private equity y el capital privado
A medida que la segunda generación toma un rol más activo en las decisiones de inversión, los patrimonios familiares dejan atrás la concentración en un solo negocio tradicional.

Una familia puede tener una empresa, propiedades y una cuenta de inversión en Estados Unidos y, aun así, conservar casi todo su patrimonio expuesto al mismo país, la misma moneda y el mismo ciclo económico. Esa concentración, disimulada detrás de activos diferentes, está cambiando la forma en que los family offices latinoamericanos administran la riqueza, justo cuando los herederos comienzan a ocupar un lugar más activo y la incertidumbre global obliga a revisar decisiones que antes parecían evidentes.

El Global Family Office Report 2026 de UBS permite dimensionar ese movimiento. El relevamiento reunió a 307 family offices de más de 30 mercados, con un patrimonio familiar promedio de US$ 2.700 millones y activos administrados por US$ 1.300 millones en promedio; donde América Latina representó el 13% de la muestra. En la región, el 61% prevé introducir cambios en su asignación estratégica durante este año, frente al 21% registrado entre las oficinas estadounidenses.

Cuando diversificar exige revisar el patrimonio completo

Las carteras latinoamericanas ya distribuyen el 32% de sus activos en renta variable, el 29% en renta fija y el 5% en efectivo, mientras las inversiones alternativas representan el 34%. Dentro de ese último grupo, el capital privado concentra el 16%, dividido entre inversiones directas y fondos, y el real estate conserva un 9%. "Más que un reemplazo de inversiones tradicionales, vemos carteras más amplias y mejor pensadas. Hoy aparecen con mucha más naturalidad inversiones en empresas privadas, crédito privado, infraestructura o venture capital", explica Regina Martinez Riekes, directora ejecutiva de Amauta Inversiones, y advierte: "Una inversión puede ser muy buena y, sin embargo, no ser adecuada para una familia si obliga a inmovilizar dinero que después puede necesitar".

(Foto: Pixabay)

La sofisticación de esas carteras también modificó la organización que existe detrás de cada decisión. Las familias incorporan asesores especializados, crean comités de inversión y convocan profesionales independientes capaces de discutir una oportunidad sin responder a los intereses de una rama familiar. Carolina Zang, socia de ZBV Abogados, señala que la transformación alcanza la arquitectura del family office y sostiene: "La sucesión no debería empezar cuando alguien está por retirarse. Cuando se trabaja bien, es una conversación que la familia tiene desde mucho antes". 

El informe de UBS muestra que, en América Latina, el 15% de la próxima generación participa plenamente en las decisiones y otro 41% lo hace de manera parcial, aunque solo el 27% de los family offices relevados a escala global posee un proceso organizado para preparar a sus herederos.

La generación que construyó la fortuna suele haber concentrado durante años capital, tiempo y capacidad de decisión en una sola compañía, mientras sus sucesores reciben un patrimonio que requiere preservar liquidez, distribuir riesgos y sostener a distintas ramas familiares. "La siguiente generación recibe otro desafío: tiene que aprender a cuidar el patrimonio, diversificar y hacerlo sostenible en el tiempo", plantea Martinez Riekes, quien identifica una tensión que excede el rendimiento financiero: "el mayor riesgo patrimonial para quien hereda suele ser no animarse a diversificar por lealtad a lo que construyó su familia". 

Esa transición también cambia el vínculo entre el family office y los emprendimientos de los hijos, que pueden presentarse con inversores externos, una valuación y reglas de gobierno propias. "Ya no es simplemente ‘la familia financia el proyecto de un hijo’. El hijo o la hija puede estar presentando una oportunidad de inversión y la familia tiene que evaluarla como tal", afirma Zang.

El venture capital y el private equity ganan espacio, aunque la inversión directa requiere capacidades que exceden el aporte de dinero. "Invertir directamente tiene sentido cuando la familia tiene algo más que capital para aportar: conocimiento, experiencia, contactos o una ventaja concreta para entender ese negocio", considera Zang. Para las familias que todavía no desarrollaron esa experiencia, Martinez Riekes recomienda comenzar mediante gestores especializados, avanzar luego hacia coinversiones y evaluar operaciones directas cuando ya exista un criterio propio para seleccionar, acompañar y distribuir el riesgo entre distintas compañías.

Argentina: el dinero puede volver sin cambiar de custodia

La geografía de las inversiones muestra hasta qué punto los grandes patrimonios latinoamericanos ya funcionan con una lógica transnacional. Según UBS, el 60% de los activos regionales está colocado en Norteamérica, el 23% permanece en América Latina y el 11% se encuentra en Europa Occidental. Un relevamiento de AllFamilyOffices identifica entre 12 y 15 family offices en Argentina y advierte que la cifra real podría ser mayor, ya que muchos patrimonios se administran dentro de conglomerados. La base también señala a Uruguay, Suiza y Estados Unidos como jurisdicciones habituales para estructurar activos frente a la volatilidad del peso y los controles de capital.

(Foto: Imagen generada por Gemini)

Ese mapa obliga a precisar qué implicaría el regreso del dinero argentino. El capital puede conservar su custodia en el exterior y financiar una empresa, un fondo, una obra de infraestructura o un vehículo radicado en el país; también puede ocurrir el recorrido contrario, cuando una cuenta extranjera vuelve a concentrarse en activos locales. "Todavía vemos familias que abren una cuenta en Estados Unidos y desde ahí vuelven a comprar activos argentinos. Internacionalizan la custodia sin internacionalizar el riesgo", describe Martinez Riekes. Por esa razón, el eventual retorno de manera difícil podrá adoptar la forma de una repatriación integral: resulta más probable una asignación selectiva hacia proyectos capaces de ofrecer contratos previsibles, escala y alternativas de salida.

Energía, minería e infraestructura aparecen entre los destinos con mayor capacidad para atraer ese capital. Para los family offices latinoamericanos relevados por UBS, los principales temas de inversión durante los próximos doce meses son inteligencia artificial, mencionada por el 77%; infraestructura, por el 55%; y energía y recursos, por el 45%. "En Argentina veo un interés concreto de las familias por armar vehículos propios o coinvertir en estructuras existentes para posicionarse en recursos naturales y en todo lo que se desarrolla alrededor de ellos: ingeniería, logística, infraestructura, equipamiento, tecnología y una enorme red de proveedores y servicios", detalla Zang y añade: "la oportunidad está también en toda la cadena que hace posible que ese recurso llegue a desarrollarse".

Parte de la infraestructura financiera sobre la que hoy se toman estas decisiones se ordenó en 2025. La CNV habilitó las ofertas privadas de fondos extranjeros dirigidas a inversores profesionales y estableció nuevas reglas para las plataformas de activos virtuales, con requisitos de registro, control y custodia. Ese marco amplió las alternativas disponibles, aunque todavía resulta insuficiente para anticipar un regreso sostenido de capitales.

La volatilidad argentina obliga a blindar cada operación con mecanismos de ajuste, covenants, derechos de información y alternativas de salida. "Una familia que ya construyó patrimonio necesita decidir qué riesgos vale la pena tomar y cuáles ya no", resume Martinez Riekes. Los proyectos a diez o quince años resultan viables cuando sus condiciones pueden atravesar cambios de gobierno, régimen cambiario y ciclo económico.

La transformación de los family offices en argentina revelan una discusión más profunda que la elección entre inmuebles, acciones o venture capital: cada familia está definiendo cuánto de su historia empresarial debe conservar dentro del patrimonio y cuánto necesita poner a resguardo de ella. Argentina puede atraer una parte de ese dinero aun cuando permanezca depositado en el exterior, pero deberá demostrar que una oportunidad local puede seguir siendo racional cuando cambien las tasas, el tipo de cambio y las autoridades. La pregunta relevante, entonces, ya no es sólo cuánto capital regresará, sino qué clase de país encontrará cuando decida hacerlo.