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Ed Sheeran en concierto en Wellington, Nueva Zelanda - Mark Surridge
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Ed Sheeran en concierto en Wellington, Nueva Zelanda - Mark Surridge
FOTO: Mark Surridge para Ed Sheeran.

Ed Sheeran rompe el silencio sobre el conflicto de Gaza tras una crisis que sacudió su gira

Juan Romero

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La exclusión de un artista telonero y posterior salida de todos los demás teloneros, protestas y la caída del precio de las entradas obligaron al músico británico a abordar un debate que había evitado durante su carrera. Su discurso en Filadelfia redefinió el costo de la neutralidad en la industria del entretenimiento.

20 Septiembre de 2026 13.30

Ed Sheeran subió solo al escenario del Lincoln Financial Field de Filadelfia, pero lo hizo acompañado por una controversia que modificó el recorrido de su gira, alteró su programación, afectó el mercado secundario de entradas y expuso la creciente tensión entre artistas, promotores, propietarios de estadios y audiencias.

El músico británico había construido una carrera global con una fórmula deliberadamente distante de la militancia explícita: canciones personales, shows masivos y una idea de la música como espacio de encuentro. Sin embargo, esa posición se volvió insuficiente cuando Macklemore -conocido por haber ganado 4 premios Grammy en 2014- uno de los teloneros de la gira, fue excluido después de expresar su apoyo a Palestina desde el escenario.

La crisis dejó a Sheeran sin artistas de apertura, generó protestas frente al estadio de los Philadelphia Eagles y llevó el precio mínimo de las entradas de Filadelfia desde U$S 100, el martes por la mañana, hasta U$S 51 el viernes, una caída cercana al 50%. La disponibilidad de tickets aumentó 54%, mientras que Event Tickets Center registró un incremento de 2,5 veces en la reventa.

Para un show de estadio, donde el producto no es solo el artista principal sino una experiencia completa —producción, invitados, previsibilidad y comunidad—, el impacto no es meramente simbólico. Cambiar el cartel, enfrentar protestas y responder a un conflicto ajeno al repertorio transforma la percepción de valor de una gira.

Del silencio a un discurso público

Antes de comenzar su recital, Sheeran se dirigió al público y reconoció el costo de la semana. "He tenido que tomar decisiones difíciles, estoy cometiendo errores y lo lamento mucho. No quiero decepcionar a los fans", dijo emocionado el británico.

La frase condensó un dilema poco habitual para un artista que no buscaba convertir su escenario en una plataforma política. "Nunca quise ser un músico activista, pero esto me puso en el medio de una discusión importante y apasionada sobre la libertad de expresión y el tema político más complejo del planeta", afirmó.

Sheeran explicó que su decisión de continuar la gira respondió a un compromiso profesional y personal con su público. "Mis conciertos siempre han sido un espacio seguro para todos y eso me importa muchísimo. Honrar mi compromiso con mis fans también es completamente central para quien soy. Por eso estoy aquí esta noche, solo, y continúo con mi gira", señaló.

Pero también cuestionó el alcance que pueden tener los dueños de los recintos sobre el contenido de los artistas. "Estoy muy preocupado por la idea de que los recintos deban aprobar previamente los shows. Esto sucede en muchos lugares en los que actúo alrededor del mundo, pero nunca debería suceder en el mundo libre", sostuvo.

Con esas palabras, Sheeran fue más allá de la controversia puntual. El conflicto dejó de ser únicamente una disputa sobre un telonero y pasó a convertirse en una discusión por los límites del discurso en espectáculos privados, donde los artistas tienen el micrófono pero los recintos controlan la infraestructura y asumen riesgos financieros y reputacionales.

Claro, los dueños de la infraestructura también tienen derecho a asegurarse que los espectáculos no van a comprometer su reputación -los estadios pertenecen a ciudades, clubes deportivos, equipos deportivos, etc.-, la seguridad de los vecinos y la asistencia y, finalmente, la integridad edilicia y patrimonial. 

Macklemore y el efecto dominó

La escalada comenzó en las fechas del MetLife Stadium, en Nueva Jersey, cuando Macklemore utilizó su participación como telonero para decir "Palestina Libre". El rapero había explicado que una de las razones por las que se sumó a la gira era poder estar "en escenarios y estadios de todo Estados Unidos, y decir dos palabras que son muy importantes para mí: ‘Palestina Libre’".

Macklemore sostuvo después que "la crítica a Israel, la crítica al apartheid y estar en contra del genocidio de ninguna manera es una crítica" contra las personas judías. También afirmó que "todo ser humano que camina sobre esta tierra merece" conocer "seguridad y paz antes que el sonido de la violencia".

Robert Kraft, dueño de los New England Patriots y del Gillette Stadium, confirmó que Macklemore no actuaría en ese recinto. Kraft, cuya fortuna Forbes estima en U$S 15.200 millones y que creó laBlue Square Alliance Against Hate -anteriormente conocida como la Foundation to Combat Antisemitism, justificó la decisión por "una historia más amplia de retórica e imágenes que creemos que han sido profundamente ofensivas y dañinas para la comunidad judía".

Macklemore acusó a Kraft de haber influido sobre otros dueños de estadios para apartarlo del resto de la gira. Kraft confirmó la prohibición en Gillette Stadium, pero no validó una coordinación más amplia. Esa diferencia delimita los hechos comprobados y las acusaciones: su exclusión de un estadio fue confirmada; el alcance de la presión sobre otros recintos sigue siendo materia de disputa.

La salida del rapero provocó un efecto dominó. Finneas, Aaron Rowe, la banda irlandesa Beoga y el grupo danés Lukas Graham abandonaron la gira en solidaridad con Macklemore.

"No hay que silenciar a los artistas cuando alzan la voz en defensa de los oprimidos", escribió Finneas, quien tenía previstas fechas de apertura en Sudamérica. "Apoyo a Palestina y a su pueblo".

Rowe argumentó que no podía "quedarse de brazos cruzados y permitir que los multimillonarios usaran su posición de poder para silenciar las voces legítimas de quienes denuncian el genocidio israelí y denuncian el brutal asesinato de niños". Lukas Graham, en tanto, sostuvo: "El saldo bancario de nadie debería decidir quién puede hablar o qué sufrimiento se nos permite reconocer".

En la vereda opuesta, Dave Portnoy respaldó a Kraft. Boy George acusó a Macklemore de "apropiarse" de los conciertos de Sheeran y calificó de "cobardes" a los artistas que dejaron el tour.

Una definición humanitaria

En Filadelfia, Sheeran resolvió hablar de manera directa sobre un tema que durante años había evitado. "He tratado durante mi carrera de no ser un comentarista político de ningún tipo, porque quiero que mi música y mis shows sean sobre la unidad, no sobre la división; sobre la humanidad, no sobre la política", dijo. "Pero esto es un asunto humanitario y ya no puedo ocultar cómo me siento al respecto".

El cantante condenó los ataques del 7 de octubre de 2023 en Israel y el festival Nova: "Lo que ocurrió en Israel y en el festival Nova el 7 de octubre fue horripilante y agrava siglos de dolor judío". Luego se refirió a la guerra en Gaza: "Lo que está ocurriendo en Gaza es catastrófico, injustificable y desproporcionado".

Sheeran agregó que tenía "el corazón roto" por "la escala de la devastación y la pérdida de vidas de civiles y niños" y afirmó que "la injusticia sistémica" en Cisjordania "no puede ser ignorada". También aseguró que estaba conversando con personas de distintas posiciones para "encontrar una forma de hacer una contribución que ayude a las víctimas de estos tiempos terribles", mientras continuaba "escuchando y aprendiendo, porque no sé lo suficiente".

El cierre fue una defensa de la convivencia en un momento donde la industria parece exigir definiciones binarias. "Este concierto todavía es un lugar donde todos son bienvenidos. Todos aquí pueden estar al lado de personas que tienen posiciones opuestas y con las que no coinciden en todo. Pero todos podemos coincidir en cantar estas canciones", expresó. "Estas canciones son sobre el amor, la esperanza y la unidad".

El costo de la neutralidad

La crisis revela que la neutralidad dejó de ser una zona de resguardo automático para las estrellas globales. Cuando un artista invitado usa el escenario para fijar una postura, los propietarios de los estadios intervienen, los teloneros renuncian y los fans revisan su decisión de compra, el show deja de ser únicamente entretenimiento.

Está claro que el británico Ed Sheeran no diseñó su gira para transformarla en una herramienta ideológica. Tampoco eligió que los recintos definieran el conflicto. Pero, como artista principal, quedó en el centro de una cadena de decisiones sobre contenidos, contratos, seguridad, reputación y derechos de expresión.

Macklemore prometió destinar U$S 1 millón de sus ganancias netas de la gira a seis organizaciones palestinas de ayuda y desarrollo. Sheeran, por su parte, anunció una donación de U$S 2 millones y pidió a Kraft que igualara esa cifra "para ayudar a la región a combatir esta crisis humanitaria". Kraft aceptó y dijo: "Ed ahora planea contactar con otros propietarios de recintos y nuestro objetivo es seguir trabajando juntos para tender puentes".

En la economía del entretenimiento global, las giras son activos complejos: dependen de la política local, artistas, promotores, estadios, patrocinadores, trabajadores y audiencias. El episodio de Sheeran muestra que el riesgo más difícil no siempre viene de un mal show, una baja venta o una falla de producción. A veces aparece cuando un escenario diseñado para cantar se transforma, sin que el artista lo haya planeado, en el frente visible de una disputa que divide al mundo.

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