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Negocios

De la reputación a la rentabilidad: por qué la sostenibilidad es el nuevo motor de competitividad en la región

Florencia Radici Editora

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Laura Arias Sarmiento, directora de Sostenibilidad de Veolia para la región, explica cómo la agenda ambiental dejó de ser una cuestión de imagen para convertirse en una estrategia de eficiencia en costos y gestión de riesgos. Veolia, referente mundial en servicios medioambientales, lidera esta transformación mediante soluciones de descarbonización, descontaminación y regeneración de recursos que impactan directamente en la cuenta de resultados de las empresas y las ciudades. El impacto y los resultados en Argentina.

6 Abril de 2026 16.13

En el actual escenario económico global, la sostenibilidad dejó de ser solo una cuestión de reputación para convertirse en núcleo de la eficiencia operativa. Ya no se trata solo de “licencia social”, sino de gestión de riesgos, reducción de costos y seguridad en la cadena de suministro. Bajo esta premisa, Veolia, referente mundial en soluciones ambientales, despliega su plan estratégico Green Up 2024-2027, con el que busca liderar la descarbonización, la descontaminación y la preservación de recursos tanto en el mundo como en América Latina, una región con desafíos estructurales únicos pero con un potencial de transformación ambiental significativo.

Para profundizar en cómo la compañía traduce metas globales en soluciones locales de alto impacto, Laura Arias Sarmiento, Directora de Sostenibilidad de Veolia para Latinoamérica, explica cómo la innovación tecnológica está permitiendo que industrias críticas —desde la automotriz en provincia de Buenos Aires hasta la energética en Vaca Muerta— conviertan sus pasivos ambientales en recursos estratégicos. Además, cuenta por qué reducir el consumo energético es hoy una inversión rentable, el modelo de “residuo como recurso” aplicado a la regeneración de solventes y la producción de biogás, el rol de la IA y los centros Hubgrade para garantizar la transparencia en la medición de impacto, y cómo las soluciones basadas en la naturaleza están impactando positivamente en la cuenta de resultados de las compañías.

¿Cómo percibís la madurez de la agenda de sostenibilidad en la región? ¿Estamos pasando de una instancia puramente reputacional a una integración real en la estrategia de negocio?

Absolutamente, lo vemos de manera continua. La sostenibilidad dejó de ser un tema de imagen ambiental o social para convertirse en un elemento de competitividad. Tanto para nuestros clientes industriales como para el sector público, hoy es sinónimo de gestión de riesgos y eficiencia de costos. Por ejemplo, al hablar de descarbonización, la medida más efectiva es reducir el consumo; cuando trabajamos con hospitales, comercios o industrias, el foco inicial es la eficiencia energética, lo que deriva directamente en un ahorro económico. Del mismo modo, la adaptación al cambio climático es hoy vital: una industria invierte en tecnologías de reuso de agua para garantizar el recurso y asegurar su continuidad operativa ante desastres climáticos. La sostenibilidad es hoy competitividad, eficiencia operacional y conexión con la comunidad.

Veolia cuenta con el plan estratégico Green Up 2024-2027. ¿Cómo traducen metas globales tan ambiciosas —como la preservación de 15 millones de m3 de agua— a una realidad operativa regional que suele enfrentar desafíos de infraestructura?

Aunque somos una multinacional, el corazón de Veolia son los servicios locales. El desafío es aplicar nuestra experiencia global en tecnología e innovación según la viabilidad de cada territorio. Los objetivos de Green Up se localizan: en América Latina, por ejemplo, donde los rellenos sanitarios son la norma y las tasas de reciclaje aún son bajas, el grupo está invirtiendo fuertemente en la captura de metano para transformarlo en biogás. Destinaremos 70 millones de euros hasta 2027 para evitar que estas emisiones lleguen a la atmósfera. Otro caso concreto es Vaca Muerta, en Argentina. Allí implementamos tecnologías específicas para el reciclado y aprovechamiento de residuos de la actividad hidrocarburífera. Además, alineamos a la organización vinculando la compensación de los directivos a metas ambientales. Un líder en Chile tendrá metas atadas a la escasez hídrica, mientras que en otros países pesará más la reducción de emisiones o el tratamiento de residuos peligrosos. Entender la realidad local y adaptar las soluciones globales es la clave para alcanzar metas concretas.

Mencionaste que estas acciones mejoran los resultados financieros. ¿Cómo es la conversación con un CEO que todavía percibe la sostenibilidad como un costo y no como una inversión?

La conversación con un CEO siempre es sobre números y competitividad. Hoy, no descarbonizarse representa un riesgo financiero y legal, ya que la legislación será cada vez más exigente. El debate actual no es si hay que avanzar en la agenda climática, sino qué empresas sabrán capturar antes la ventaja competitiva que ese proceso genera. Ahí es donde ganan protagonismo la gestión energética, el uso de renovables para eliminar la volatilidad geopolítica de los precios y el reciclado. Este último no solo ataca las emisiones de "alcance 3", sino que asegura la disponibilidad de materias primas para la producción, optimizando costos a largo plazo.

En la planta de regeneración de solventes de Buenos Aires tratan el 80% de los residuos de la industria automotriz local. ¿Este modelo de "residuo como recurso" es escalable a otras industrias?

Es totalmente escalable y es un gran ejemplo de cómo lo global se adapta a lo local. En Buenos Aires, gracias al diálogo con el sector automotriz, logramos que un residuo peligroso no vaya a tratamiento final, sino que se recupere, se reintegre al proceso y genere energía. Vemos lo mismo en la industria de alimentos y bebidas: subproductos como el carozo de ciruela o restos madereros, que antes eran un costo de disposición, ahora se aprovechan para generar energía y sustituir combustibles fósiles. Esto requiere sentarse a la mesa con el tejido empresarial e innovar sobre problemas concretos. En Veolia nos motiva encontrar soluciones locales para desafíos específicos de cada residuo.

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Laura Arias Sarmiento, Directora de Sostenibilidad de Veolia Latinoamérica.

Ustedes sostienen que "lo que no se mide no se mejora". ¿Qué lugar ocupa la transparencia de datos en esta agenda?

Es fundamental.  Veolia tiene el objetivo de reducir sus propias emisiones en un 50% para 2032 y aumentar en la misma medida las emisiones evitadas de nuestros clientes. Para lograrlo, implementamos herramientas como los Hubgrade, nuestros centros de monitoreo que miden en tiempo real el consumo de agua, energía y rutas de residuos. Esto aporta transparencia e integra la inteligencia artificial en la operación diaria.

Respecto a la IA, ¿cómo la están aplicando específicamente en servicios de higiene urbana o gestión de recursos?

La implementamos con acciones de impacto directo. Primero, contamos con Veolia Secure GPT, un sistema interno que garantiza la seguridad de la información de nuestros clientes. También usamos Tell to My Plant, donde la IA interactúa con los operarios para identificar puntos críticos operativos. En los Hubgrade, la IA procesa datos para optimizar rutas de recolección y consumos. Además, abordamos el desafío ambiental de los data centers. Trabajamos con ellos para minimizar su impacto mediante tecnologías de reuso de agua, eficiencia energética y aprovechamiento del calor residual, logrando que el beneficio neto de la IA sea ambientalmente positivo.

Veolia tiene más de 20 años y 2.000 clientes en Argentina. ¿Cuáles destacarías como los principales hitos en este tiempo?

Es una progresión constante. Argentina es nuestro hub regional de gestión energética; incluso con energía a costos competitivos, el impacto de nuestros contratos en sectores hospitalarios y comerciales es enorme en términos de mitigación y ahorro. También destacan la tecnología para recuperar hidrocarburos en Vaca Muerta y el trabajo con solventes en la industria automotriz. Más que hitos aislados, valoramos las alianzas estratégicas que construimos. Veolia Argentina es un orgullo por el impacto real que genera en el territorio.

También mencionaste la preservación de la biodiversidad. ¿Cómo integran la protección de ecosistemas en contratos industriales?

Somos precursores en esto. Monitoreamos anualmente "sitios sensibles" con planes específicos basados en la naturaleza que, además, generan competitividad. Por ejemplo, en un relleno sanitario, cambiar a luces de baja intensidad para proteger a las aves reduce el consumo eléctrico y la huella de carbono. Otro ejemplo es la reforestación: el 25% del espacio de un relleno debe ser reforestado; esos árboles absorben agua de lluvia, lo que disminuye drásticamente el costo de tratamiento de líquidos en el sitio. Buscamos que las empresas entiendan que la biodiversidad no es un gasto, sino una inversión que afecta positivamente la cuenta de resultados.

¿Qué mensaje le darías a la nueva generación de líderes que busca transformar las organizaciones?

El propósito es la guía, pero la verdadera potencia está en transformar ese propósito en acciones concretas y resultados visibles. Les diría que busquen organizaciones que les permitan ejecutar y ver el impacto de sus creencias. Terminar el día sabiendo que solucionaste un problema de residuos o innovaste localmente genera una satisfacción enorme. La acción y la capacidad de ver resultados incrementan tanto la felicidad personal como el impacto positivo en el planeta.

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