Durante años, las botas de compresión, la crioterapia y los equipos de recuperación muscular estuvieron reservados para deportistas profesionales y centros de alto rendimiento. Eran tecnologías que podían encontrarse en los vestuarios de los principales clubes europeos, pero que resultaban prácticamente desconocidas para el consumidor general. Ese escenario comenzó a cambiar.
River Plate, Boca Juniors, Rosario Central e Independiente ya incorporaron productos de Boss Recovery, la empresa argentina fundada por Tomás Michael y Francisco Bartoli. El último en sumarse fue el conjunto de Avellaneda, que inauguró en su predio de Villa Domínico un espacio equipado con tecnología de compresión, masaje y frío-calor para acompañar la preparación de su plantel profesional.
La expansión dentro del fútbol argentino es una parte del negocio. La otra, quizás más significativa, es el crecimiento de la demanda por fuera del deporte de elite. Lo que nació como una propuesta dirigida a atletas profesionales ahora también busca alcanzar a corredores aficionados, personas que entrenan regularmente, adultos mayores y consumidores interesados en aliviar molestias, mejorar su recuperación y cuidar el cuerpo.
“Hace algunos años, si analizabas quiénes podían ser nuestros clientes, eran todos deportistas profesionales. Hoy nuestro cliente es nuestra mamá, nuestros amigos, la tía que va al gimnasio, el runner, el tío que se anotó en un Ironman o el profesor de tenis”, explican los fundadores en diálogo con Forbes. Y agregan: “Incluso Mirtha Legrand nos ha comprado una bota”.
Una idea que nació en Estados Unidos
Michael y Bartoli se conocen desde los dos años y compartieron el mismo grupo de amigos durante buena parte de sus vidas. La idea que más adelante se convertiría en Boss Recovery comenzó a tomar forma después de que ambos tuvieran experiencias de estudio en Estados Unidos vinculadas con el deporte.
Allí observaron un cambio incipiente en la relación de las personas con la alimentación, el ejercicio y la recuperación física. Aunque las tecnologías más avanzadas todavía estaban concentradas en deportistas de alto rendimiento, entendieron que ese interés eventualmente llegaría a un público mucho más amplio. “Ya había un cambio muy fuerte de conciencia sobre el cuidado del cuerpo, la alimentación y la recuperación. En ese momento estaba más asociado con los deportistas, pero pensábamos que se iba a trasladar al resto de las personas”, recuerdan.
El regreso a la Argentina se produjo con la intención de transformar esa tendencia en una empresa. En 2018 comenzaron a investigar qué productos podían desarrollar, dónde fabricarlos y cuáles eran las innovaciones que empezaban a adoptar los principales equipos internacionales.
Como parte de ese proceso, recorrieron clubes del exterior para conocer sus instalaciones y entender cómo utilizaban las herramientas de recuperación. Lo que encontraron confirmó su hipótesis: estas tecnologías comenzaban a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro de la preparación deportiva.
Luego viajaron hacia los mercados donde actualmente se encuentran sus fábricas y empezaron a trabajar junto con un equipo de ingenieros en el desarrollo de sus primeros productos. La construcción formal de la marca comenzó en 2019, con un proceso que combinó investigación de mercado, diseño, fabricación y validación.
La pandemia demoró parte del desarrollo industrial, pero al mismo tiempo aceleró el interés de los consumidores por el bienestar, la salud y el cuidado personal. Para los fundadores, ese período terminó de validar una tendencia que habían identificado varios años antes.
El efecto dominó de los futbolistas
El crecimiento de Boss Recovery se apoyó inicialmente en los deportistas profesionales. Las primeras experiencias con futbolistas dieron lugar a una cadena de recomendaciones que permitió que la marca llegara a jugadores de diferentes clubes y ligas.
Uno de los primeros nombres relevantes fue Paulo Díaz, futbolista de River Plate. A partir de ese vínculo, los productos comenzaron a circular entre otros integrantes del plantel, como Franco Armani y Enzo Fernández. Esa red se amplió luego hacia jugadores que continuaron sus carreras en Europa, entre ellos Cristian Romero y Pedro Porro.
También se sumaron figuras internacionales como Marcelo, durante su etapa como jugador del Real Madrid, y el surfista brasileño Filipe Toledo. Para Boss Recovery, el acuerdo con Marcelo representó un salto de exposición: en ese momento, el lateral brasileño era uno de los tres futbolistas con más seguidores en redes sociales del mundo, detrás de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.
Sin embargo, los fundadores aseguran que el número de seguidores no es el único criterio para elegir a sus representantes. Buscan trabajar con atletas que hayan incorporado realmente la recuperación, el descanso y el cuidado físico a su rutina. “Nos enfocamos en los valores de cada uno dentro y fuera de la cancha, pero también en su convicción sobre el cuidado del cuerpo. Queremos que estén realmente convencidos de esto”, explican.
Ese criterio, agregan, facilita la relación comercial porque los deportistas utilizan los productos más allá de sus compromisos publicitarios. Mencionan como ejemplo a Lisandro Martínez, defensor de la selección argentina y del Manchester United. “A Lisandro Martínez no tenés que recordarle que tiene que subir una historia porque realmente usa el producto, cree en la marca y en lo que transmitimos”, señalan.
Algunos de esos vínculos incluso podrían convertirse en acuerdos más amplios. Según Michael y Bartoli, varios atletas manifestaron su interés por invertir en la empresa y participar de su crecimiento más allá de una colaboración publicitaria. Las conversaciones continúan, aunque por el momento los nombres se mantienen bajo reserva.
De los jugadores a los clubes
El siguiente paso fue avanzar desde los acuerdos individuales hacia los contratos institucionales. River Plate se convirtió en el primer club que incorporó formalmente los productos de la empresa. El convenio inicial tuvo una duración de un año y actualmente las partes se encuentran en conversaciones para renovarlo.
Para los fundadores, el acuerdo representó un punto de inflexión. No solo por la dimensión deportiva de River, sino también por la infraestructura que el club desarrolló durante los últimos años alrededor de su plantel profesional. “River fue nuestro primer contrato institucional. Fue muy importante por lo que representa hoy el club, por su fútbol y por su infraestructura. Vas al predio y realmente te sorprende”, afirman.
Después llegaron Boca Juniors, Rosario Central y Estudiantes de La Plata. Independiente fue una de las incorporaciones más recientes, mediante la creación de un centro de recuperación en Villa Domínico.
El espacio integra tecnología de compresión, masaje y frío-calor para que los jugadores puedan utilizarla dentro de su rutina habitual. El objetivo es acelerar los procesos de recuperación después de los entrenamientos y los partidos, aliviar la carga muscular y sumar nuevas herramientas al trabajo de los cuerpos médicos.
La instalación de estos centros muestra un cambio dentro del fútbol argentino. La recuperación ya no depende exclusivamente de las decisiones individuales de cada jugador, sino que comienza a integrarse a la infraestructura de los clubes y a sus programas de alto rendimiento.
De esa manera, Boss Recovery busca posicionarse no solo como una marca que comercializa dispositivos, sino como una empresa capaz de equipar espacios completos de recuperación y bienestar.
El negocio sale del vestuario
Aunque los atletas y los clubes fueron decisivos para validar la propuesta, la oportunidad comercial se amplió a medida que estas prácticas se volvieron más conocidas. Hoy la compañía ofrece productos vinculados con presoterapia, crioterapia, masaje, infrarrojo y contraste de temperaturas. “Se normalizó que todos se recuperen. Este estilo de vida ya no lo busca solamente quien quiere practicar deporte al máximo nivel”, destacan los socios.
Las botas de presoterapia son uno de los ejemplos más claros de esa expansión. El dispositivo aplica compresión sobre las piernas y se utiliza dentro de programas de recuperación. También empezó a ganar espacio entre personas que buscan aliviar la sensación de cansancio o la retención de líquidos, aunque su utilización debe adecuarse a las condiciones de cada usuario.
La transformación del público obliga a la empresa a combinar dos modelos. Por un lado, trabaja con clubes, cuerpos médicos y deportistas profesionales. Por otro, desarrolla su canal de comercio electrónico para llegar directamente al consumidor.
Su estructura incluye equipos de marketing, creación de contenido, diseño, ventas, comercio electrónico, logística, administración, finanzas, ingeniería y desarrollo de productos. La logística ocupa un lugar especialmente importante debido al valor de los equipos y al peso que tiene la entrega dentro de la experiencia de compra.
Recuperación y longevidad deportiva
El crecimiento de la categoría también se vincula con una transformación visible en el deporte profesional: las carreras son cada vez más largas y los atletas prestan mayor atención a lo que hacen fuera de la competencia.
Cristiano Ronaldo y Lionel Messi son los ejemplos que utilizan los fundadores para explicar el fenómeno. El talento continúa siendo central, pero está acompañado por una estructura de nutrición, descanso, entrenamiento y recuperación que permite sostener el rendimiento durante más tiempo. “Los deportistas entendieron que el cuerpo es su herramienta de trabajo. Los que utilizan estas herramientas y miran su cuerpo como un templo logran acompañar su talento durante muchos más años”, sostienen.
Las tecnologías de recuperación son solo una parte de ese sistema y no garantizan por sí mismas la extensión de una carrera. Sin embargo, ocupan un lugar creciente dentro de los equipos multidisciplinarios que rodean a los atletas de elite.
Esa lógica ahora comienza a trasladarse al deporte amateur. Quienes entrenan antes o después de su jornada laboral también buscan reducir molestias y estar en mejores condiciones para su siguiente actividad. Allí aparece el mercado que Boss Recovery intenta desarrollar.
Innovar antes de que cambie la tendencia
La expansión de la categoría también atrajo nuevos competidores. Para Michael y Bartoli, uno de los principales diferenciales de la empresa es la variedad de su catálogo y la capacidad para detectar tendencias internacionales, desarrollar productos y validarlos con rapidez.
El equilibrio no es sencillo. Antes de lanzar un dispositivo deben comprobar su funcionamiento y su seguridad, pero un proceso demasiado largo puede hacer que la oportunidad comercial desaparezca o que la tecnología sea reemplazada por otra. “Una cosa es detectar qué se puede desarrollar y qué está pasando afuera. Después hay que validarlo porque no podemos lanzar cualquier producto. Pero, si tardás dos años, con la velocidad a la que cambia el mercado, la tendencia puede haber quedado atrás”, explican.
Con ese desafío, Boss Recovery busca crecer en dos direcciones: profundizar su llegada a los clubes y ampliar su presencia entre consumidores. La compañía también prepara su expansión regional, con Perú entre los primeros mercados donde analiza desarrollar una operación local.
El recorrido sintetiza una transformación más amplia. Las herramientas que una década atrás solo podían encontrarse en los grandes clubes europeos hoy empiezan a instalarse en predios argentinos y hogares particulares. La recuperación dejó de ser el momento posterior al entrenamiento para convertirse en una categoría de negocio propia. Para Boss Recovery, el próximo paso es demostrar que ese mercado puede extenderse mucho más allá del vestuario.