De La Anónima a Natura: la estrategia de las grandes empresas para liderar con propósito
En el Mes de las Empresas B, el ecosistema corporativo acelera su transformación hacia el triple impacto. De la mano de gigantes como La Anónima, Danone y Natura, la certificación deja de ser un nicho emprendedor para convertirse en una ventaja competitiva y una herramienta de resiliencia. Cómo la rentabilidad y el propósito se fusionan para rediseñar el futuro del capitalismo local.

Cecilia Valleboni Forbes Staff

Marzo no es simplemente una transición de temporada en el calendario corporativo. Para el ecosistema global de negocios, representa el Mes de las Empresas B, una ventana para reflexionar sobre una transformación que dejó de ser una tendencia periférica para convertirse en el núcleo estratégico de las compañías que dominan el mercado. Lo que nació hace poco más de una década como una tribu de emprendedores con visiones que muchos tildaban de utópicas, hoy se consolida como el norte de los pesos pesados de la industria local. 

Según explica Marina Arias, directora de Sistema B Argentina, el crecimiento del movimiento no es solo una cuestión de volumen, sino de una profunda reconversión cualitativa. Tras un inicio pausado donde se tardó siete años en alcanzar las primeras 100 empresas certificadas, el salto actual hacia las 286 empresas B en el país refleja una aceleración sin precedentes. Este fenómeno cobra especial relevancia cuando se analiza el contexto macroeconómico. Arias destaca que, a pesar de que el último año no presentó una agenda a favor, fue paradójicamente el periodo de mayor crecimiento en aplicaciones. Para la líder de Sistema B, esto habla de un empresariado resiliente: "Ser una empresa y decidir reconvertirse en este sentido vale la pena porque nos habla de futuro, y si hay algo que las organizaciones necesitan con urgencia en este momento, es precisamente una visión de futuro", sostiene. @@FIGURE@@

Esta evolución transformó la fisonomía del movimiento, incorporando a los denominados "buques insignia". El caso de La Anónima es quizás el hito más disruptivo de los últimos tiempos. Para una compañía con una capilaridad territorial inmensa y miles de empleados, la certificación no fue un ejercicio de comunicación, sino una decisión de gobernanza. Nicolás Braun, Gerente General de La Anónima, es tajante sobre este punto: "No se trataba de obtener un sello, sino de someternos a una evaluación exigente que promueva la innovación y el cambio. Comprendimos que para que esta visión trascendiera coyunturas y generaciones, necesitaba institucionalizarse". Braun desmitifica la idea de un choque cultural insalvable, aunque reconoce que el proceso obligó a la compañía a una rigurosidad inédita en la medición de datos. "El mayor aprendizaje fue entender que el triple impacto no puede depender solo de la buena intención: debe ser estratégico para el negocio y para ello debe medirse, gestionarse y reportarse con la misma disciplina que cualquier indicador del negocio", explica.

Esa disciplina métrica es compartida por gigantes como Danone, que llevó su compromiso a una escala global, entendiendo que el marco B Corp es la validación externa de una misión que iniciaron en la década del 70. Diego Buranello, Director de Asuntos Corporativos de Danone Cono Sur, explica que la rentabilidad no es el fin único, sino el medio para sostener el impacto: "Las empresas tienen que ser motores de valor social y ambiental, además de económico. El triple impacto ya era parte de nuestra hoja de ruta, por lo que el mayor desafío no fue asumir el compromiso, sino seguir integrándolo a la operación diaria". Buranello destaca que el propósito es, además, una herramienta de competitividad en la góndola y en la búsqueda de talento. "Hoy las personas también eligen dónde trabajar en función de los valores y la coherencia de las compañías. Cuando un colaborador entiende que su trabajo contribuye a mejorar la salud de otros y cuidar el planeta, la motivación cambia", afirma. @@FIGURE@@

Si existe una compañía que ha empujado los límites de lo que significa ser una empresa responsable desde su fundación, es Natura. Con la sustentabilidad en su ADN, la firma brasileña evolucionó hacia un concepto más ambicioso: la regeneración sistémica. Paola Nimo, Gerenta de Sustentabilidad de Natura, señala que la meta para 2050 es ser un negocio 100% regenerativo: "La regeneración supera la sustentabilidad, buscando generar impacto positivo desde la acción del negocio, entendiendo que cada acción suma". Para Natura, la clave reside en un sistema de contabilidad revolucionario llamado IP&L (Integrated Profit & Loss), que permite ponerle un valor monetario al impacto social y ambiental. "Tradicionalmente, las compañías se centraban exclusivamente en métricas financieras. Evolucionamos hacia un modelo que incorpora y cuantifica monetariamente los impactos generados en las esferas social, humana y ambiental", explica Nimo. En 2024, la empresa alcanzó una cifra récord: por cada real de ingreso, invirtieron 2,5 reales en impacto positivo. Frente a las crisis, Nimo es pragmática: "Nuestra propia supervivencia dependerá de qué decidimos priorizar. En definitiva, sin planeta y sin comunidades prósperas no hay negocios".

Esta mirada de largo plazo permea también en sectores tradicionalmente más rígidos, como el financiero. Gire (dueña de Rapipago) marcó un precedente en 2019 como la primera de su sector en certificar. Julián Alegre, Gerente de Talento, Cultura y Sustentabilidad, recuerda que el proceso fue un "momento de conciencia" sobre la inclusión que ya practicaban. "Hoy sabemos que el 33% de nuestra nómina pertenece a poblaciones con barreras de acceso al empleo. Esa diversidad ya estaba presente, pero el proceso de certificación nos permitió medirla, entenderla mejor y gestionarla de manera más consciente", comenta Alegre. Sobre la formalización legal, un paso que suele generar temor en los directorios, añade: "Modificar los estatutos fue una conversación profunda. El consenso fue claro: formalizar el propósito no nos limita, nos ordena". @@FIGURE@@

En la industria vitivinícola, la bodega Trivento encontró en la certificación B el lenguaje común para hablar con los mercados internacionales y sus propios productores. Mercedes Alvarez, Gerente de Sustentabilidad, subraya que la sustentabilidad es un proceso de transformación permanente y no una meta estática. "A esta altura de nuestra estrategia, hay aspectos que ya forman parte del ADN del negocio y que son innegociables. En contextos de tensión económica, estos compromisos nos exigen más creatividad para optimizar recursos", sostiene Alvarez. En Trivento, la integración es tal que los bonos de los equipos operativos también están atados a metas ambientales, reforzando la idea de que el impacto ocurre en el viñedo y no solo en los reportes anuales.

Efecto cadena

La tracción que generan estos líderes se siente con fuerza en la cadena de valor. Nicolás Braun relata cómo La Anónima logró sinergias con proveedores locales de agua en la Patagonia, eliminando el transporte desde Buenos Aires: "Lejos de afectar la competitividad, este proceso fortalece la relación a largo plazo. Cuando el compromiso es genuino y se alinea con la estrategia del negocio, el triple impacto y la eficiencia no son objetivos contrapuestos, sino complementarios". Del mismo modo, Danone trabaja con productores lecheros en la reducción de emisiones de metano, entendiendo que el verdadero impacto se materializa trabajando en red.

El denominador común entre estos testimonios es la transformación irreversible de la figura del empresario argentino. Marina Arias observa que esta evolución es, en el fondo, una mejora necesaria del sistema capitalista: "No conozco un empresario B que haya tenido su empresa, se haya reconvertido o fundado otra, y no haya arrancado de vuelta de esta manera, porque ya cambia la mentalidad de cómo hacemos las cosas". La tendencia para los próximos años, marcada por estándares internacionales más rigurosos que comienzan a regir este marzo, apunta a una profesionalización extrema de la sustentabilidad.

Ya no se trata de una medalla o de una acción de responsabilidad social aislada; se trata de una reingeniería de la toma de decisiones que blinda el futuro de la organización. La sostenibilidad, lejos de ser un costo, se revela como la estrategia de resiliencia más eficaz frente a la incertidumbre. Como concluye Braun, el crecimiento económico y el impacto positivo ya no pueden verse como caminos paralelos: "Son parte de una misma estrategia empresarial". En la Argentina de hoy, ser una Empresa B es la forma más inteligente de garantizar que habrá una empresa el día de mañana.