Con más de US$ 10 millones levantados y una proyección para triplicar ventas, así escala al mundo una biotecnológica nacida en el CONICET
Franco Martínez Levis, CEO y cofundador de Puna Bio, junto a las científicas María Eugenia Farías, Elisa Violeta Bertini y Carolina Belfiore, construyeron una empresa que hoy factura más de US$1 millón al año, capta a fondos como Corteva Agriscience y a la Fundación Gates, y proyecta expandirse hacia Estados Unidos, Brasil, Paraguay y el continente africano.

Laura Mafud Editora

En el salar más alto y seco del planeta, un grupo de científicas encontró bacterias capaces de sobrevivir a condiciones extremas de radiación, salinidad y sequía. Ese hallazgo, producto de más de 20 años de investigación en la Puna argentina, fue el punto de partida de Puna Bio: la empresa tucumana fundada en 2020 que hoy desarrolla bioinsumos agrícolas a partir de microorganismos extremófilos y que logró atraer a inversores globales del calibre de Corteva Agriscience y la Fundación Gates.

"Al ver que esas bacterias estaban ayudando a plantas a crecer bajo esas condiciones tan difíciles, la idea fue utilizar su potencial para ayudar a cultivos a soportar el estrés en la agricultura", explica Franco Martínez Levis, CEO y cofundador de Puna Bio, sobre el origen de la compañía, que nació de la confluencia entre tres científicas con trayectoria en el CONICETMaría Eugenia Farías, Elisa Violeta Bertini y Carolina Belfiore— y su propio perfil de negocios, formado con un MBA en Wharton y experiencia en consultoría y startups.

Del laboratorio académico al mercado internacional

El salto de la ciencia académica a la gestión empresarial requirió un cambio profundo de mentalidad. "El principal desafío es pasar de gestionar conocimiento para publicaciones o papers al desarrollo de soluciones o productos que lleguen al mercado", señala el CEO, quien remarca que la demanda comercial exige otra escala, otros costos, mayor velocidad y nuevos requerimientos regulatorios.

Las tres científicas del CONICET junto con Franco Martínez Levis, de Puna Bio (Foto: Gentileza Puna Bio).

Ese proceso de traducción se dio en gran parte dentro de GRIDX, el fondo de venture capital especializado en biotecnología donde se integró la investigación científica con la visión de negocios. "Ni la ciencia ni el negocio solos alcanzan para generar una empresa de base científica; desarrollar ambos en conjunto fue lo que nos permitió luego atraer inversiones y lanzar productos exitosos", afirma el emprendedor.

Hoy la estructura de la empresa refleja esa impronta técnica: de las 50 personas que integran el equipo, 35 son científicos y 18 cuentan con doctorado. La compañía sostiene una colección propia de más de 2.500 cepas, realiza más de 180 ensayos de investigación por año y cuenta con una red de evaluaciones a campo que suma más de 600 mediciones junto al INTA. Ese desarrollo fue reconocido por la Falling Walls Foundation como Science Breakthrough of the Year y contó con el respaldo de la Bayer Foundation.

 (Foto: Gentileza Puna Bio)

Para sostener ese ritmo de innovación, la apuesta financiera es directa: "Hoy en día invertimos más en I+D de lo que generamos. Invertimos mucho en investigación y desarrollo porque la tecnología es nuestro diferencial", destaca Martínez Levis. En esa línea, la firma avanza en infraestructura: "Estamos ampliando nuestro laboratorio en la Universidad San Pablo T en Tucumán y a la vez estamos por abrir un laboratorio satélite con investigadores basados en Estados Unidos".

Las métricas financieras y el plan de escala global

En el plano económico, Puna Bio superó el millón de dólares de facturación en el último año y proyecta triplicar sus ventas en el ejercicio actual. Desde su fundación, la empresa lleva levantados más de US$ 10 millones de capital privado. Su ronda Serie A fue liderada por Corteva Agriscience junto a la Fundación Gates como inversor minoritario —en una de sus primeras apuestas en startups de biotecnología en América Latina—, aunque el monto puntual de esa ronda se mantiene bajo reserva confidencial.

Franco Martínez Levis, CEO y cofundador de Puna Bio (Foto: Gentileza Puna Bio).

En cuanto al despliegue agronómico, la compañía prevé alcanzar entre 300.000 y 400.000 hectáreas tratadas en esta campaña, con la meta de duplicar esa superficie el año próximo. Sus tecnologías generan retornos de entre 6 y 10 veces su costo para el productor. Entre sus productos insignia destacan Kanzama —un tratamiento para trigo y cebada que aporta el equivalente a 36 kg de nitrógeno por hectárea mediante fijación biológica— y Kunza, un bioestimulante para soja, algodón y poroto ya validado en más de 300.000 hectáreas.

La estrategia comercial para los próximos meses incluye un salto clave: "Tuvimos un avance tecnológico que nos permite no solamente tratar las semillas a campo, sino entrar en procesos industriales y venta de semilla ya tratada, lo que nos abre grandes posibilidades con empresas semilleras".

En el frente internacional, opera de forma directa en Estados Unidos, Brasil y Paraguay, mientras que mediante alianzas estratégicas desembarca en Europa, Australia y África. En este último continente, el trabajo junto a la Fundación Gates busca llevar bioinsumos a pequeños productores para mejorar sus rindes y seguridad alimentaria.

A la hora de analizar los obstáculos de emprender en biotecnología desde el norte argentino, Martínez Levis concluye con franqueza: "Muchas veces para ser emprendedor en Argentina necesitamos ser un poco extremófilos. El desafío no está en el conocimiento científico, sino en las condiciones macroeconómicas y regulatorias para atraer inversión e interactuar con el mundo".