Fernando Heredia Editor
¿Qué balance hacen del negocio eólico en Argentina tras una década de crecimiento y cuáles son los desafíos actuales?
Argentina ha vivido una historia de éxito en los últimos 10 a 15 años. Pasamos de una ambición inicial de diversificar la matriz energética a convertir a la energía eólica en una parte fundamental de la generación regional. Esto ha permitido inversiones constantes, generación de empleo y el desarrollo de una industria local con proyectos que tienen ciclos de vida de entre 20 y 30 años. Hoy vemos un impacto real en las economías regionales y en las cadenas de valor que, creemos, persistirá por mucho tiempo, incluso ya sin la necesidad de políticas de incentivo iniciales.
¿Qué casos podés mencionar de esto que por ahí no se conoce tanto respecto a las economías regionales y cadenas de valor?
Analizamos nuestra industria en dos etapas. Primero, la de construcción, que genera un pico de empleo muy alto en obras civiles y eléctricas en diversas provincias, no solo en la Patagonia, sino también en la región centro y este. Segundo, la de operación, donde formamos perfiles técnicos de alta capacitación. Por ejemplo, en Bahía Blanca tenemos un centro de servicios muy importante que funciona como nuestro hub principal, pero contamos con equipos y proveedores locales distribuidos en todo el país que acompañan la vida útil de los parques.
En términos de mercado, ¿cuál es el peso actual de Vestas en el país?
Recientemente hemos superado los 3.000 MW de capacidad en operación y 640 MW en construcción, una cifra que superó nuestras expectativas originales. Actualmente, tenemos una participación de mercado superior al 50%, consolidándonos como la empresa número uno del sector en Argentina. Lo más gratificante es que casi todas las empresas que han invertido en el sector han trabajado con nosotros y han repetido la experiencia.
A pesar del potencial, existe un cuello de botella importante en las redes de transporte. ¿Cómo ven el crecimiento de cara a los próximos años?
Estamos convencidos de que si al país le va bien, necesitará más energía. Siempre hago la misma comparación: lo que es Vaca Muerta para el shale, es el recurso eólico para nuestra industria en Argentina. Tenemos recursos naturales fantásticos y sería poco inteligente no aprovecharlos. Además, la industria eólica tiene una ventaja competitiva: podemos instalar grandes capacidades en plazos de entre uno y dos años, mucho más rápido que las centrales térmicas. Nuestra visión se basa en tres pilares: seguridad energética (energía propia), accesibilidad (costos competitivos) y sostenibilidad.
¿Es el offshore un escenario viable para Argentina hoy?
Lo veo lejano porque, a diferencia de Europa, nosotros todavía tenemos muchísimo territorio por explorar en tierra donde el viento es excelente. Hacer obras en el mar es mucho más costoso. Nuestro foco actual debe estar en las líneas de transmisión. No hace falta irse a la Patagonia austral y construir miles de kilómetros de redes; cerca de los centros de demanda, como el sur de la provincia de Buenos Aires o la zona centro, ya tenemos vientos de altísima calidad para inyectar energía competitiva al sistema.
Respecto al marco legal, ¿qué impacto esperan de la prórroga de la ley sectorial y la implementación del RIGI?
Como miembros de la Cámara Eólica, siempre pedimos continuidad legal, no solo por los beneficios económicos, sino por la estabilidad. La ley eólica ha sido exitosa porque funcionó como una política de Estado que trascendió diferentes administraciones. Por otro lado, el RIGI es una excelente noticia porque da certezas adicionales al inversor, especialmente en lo que respecta a la entrada y salida de capitales, que históricamente fue el principal limitante para los actores internacionales.
¿Ves a otros jugadores ingresando al país?
Sin duda. El RIGI puede permitir la entrada de capitales extranjeros y fomentar que sectores como la minería, que necesitan energía sostenible, de bajo costo y rápida localización— tomen decisiones de inversión más ágiles. En otros países, los grandes proyectos de infraestructura que demandan mucha energía suelen tomar participaciones en la generación. El esquema del RIGI acerca el entorno de inversión local a estándares internacionales, lo cual es muy positivo. Incluso se está discutiendo que las centrales eólicas puedan considerarse dentro de marcos como el "Super RIGI", lo que permitiría que los proyectos converjan hacia normas globales en lugar de estar sujetos a restricciones locales, mejorando la competitividad de toda la cadena de generación.