Ali Moshiri es uno de los padres fundacionales de Vaca Muerta. En uno de los momentos más hostiles para la inversión extranjera de la historia argentina, ni bien fue instalado el cepo cambiario, con subsidios energéticos récords, producción petrolera por el piso y precios locales totalmente por debajo de los valores de mercado, el ex presidente de Chevron para América Latina y África convenció al management de la multinacional estadounidense de ser la primera gran inversora internacional en el shale oil neuquino, con un acuerdo multimillonario con YPF que perdura hasta estos días.
Más de una década después de aquella apuesta, vuelve a ir contra la corriente y, en pleno boom de los no convencionales, regresa a la Argentina para invertir en los campos maduros, donde se traza una meta de 50.000 barriles diarios en una alianza con Luft Energy.
Sobre el cierre del CERAWeek en la ciudad de Houston, recibe a Forbes para conversar sobre la crisis energética global, la situación en Venezuela donde trabajó durante largos años y el mapa hidrocarburífero argentino.
Usted es reconocido como uno de los arquitectos de Vaca Muerta. ¿Se siente identificado con esa definición?
Me siento muy orgulloso de eso, realmente lo estoy. Siento orgullo porque creo que Argentina se lo merece. Si recordamos los inicios de 2010, había mucha discusión sobre la seguridad energética del país. Cuando analizamos la cuenca, me convencí de que es una de las mejores formaciones no convencionales del mundo.
¿Cómo logró convencer al management de Chevron de invertir en Argentina en un momento donde el país no estaba tan abierto al libre mercado como hoy?
Todas las compañías, grandes o pequeñas, buscan incrementar su base de recursos y proveer seguridad energética. No hizo falta convencer mucho sobre el recurso en sí, sino sobre el "cuándo" hacerlo. En aquel entonces los precios del petróleo eran bajos, pero yo estaba convencido de que esto era algo a largo plazo, no una oportunidad de una sola vez. Entrar temprano es lo mejor para cualquier empresa. Hoy el tiempo nos dio la razón: mi querido amigo Miguel Galuccio inició una de las compañías más exitosas de Argentina (Vista) porque él, yo y otra persona, Doris Capurro, creímos que esto podía suceder.
¿Fue difícil la negociación con la entonces presidenta Cristina Kirchner?
No lo fue, porque ella estaba realmente enfocada en la seguridad energética para Argentina y buscaba inversores. Nos recibió bien porque estábamos comprometidos y enfocados. El verdadero desafío fue convencerla de que los precios del gas natural no podían seguir en 2 dólares por millón de BTU; finalmente, ella decidió que lo mejor era llevarlo al libre mercado. Su enfoque, puramente desde los negocios y más allá de lo político, era traer al sector privado para desarrollar los recursos por un sentido de urgencia: Argentina estaba a punto de tener que importar todo y no podía exportar. Ahora, el país es un exportador.
¿Cómo ve la situación actual del país bajo la nueva administración de Milei?
¡Fantástico! Pero soy la persona equivocada para preguntar porque siempre he pensado que Argentina es fantástica; no soy un político. Lo fascinante de Argentina empieza por su gente, que tiene un gran nivel educativo. Actualmente, creo que la comunidad inversora tiene más confianza y el gobierno ha aportado credibilidad sobre cómo entienden los motores económicos para un inversor privado. No me sorprende que incluso el CEO de Chevron, Mike Wirth, haya hablado del potencial del país en su discurso inaugural del CERAWeek porque ahora Vaca Muerta es parte de la ecuación de la seguridad energética global.
Mucho se habla del potencial del GNL. ¿Cree que los grandes jugadores entrarán en ese mercado en Argentina?
Cuando aumentas la producción de petróleo, también aumentas el gas asociado. No se puede quemar (flare) ese gas por razones ambientales, hay que monetizarlo, y el GNL es una excelente opción. El potencial de recursos de Argentina ni siquiera ha sido evaluado al 100%. Creo que también hay potencial de gas offshore en el Atlántico e incluso onshore, pero el gas nunca fue el objetivo principal, sino el petróleo. Si el esfuerzo se vuelca al descubrimiento y búsqueda de gas, veremos al GNL convirtiéndose en una parte cada vez más grande del mercado argentino.
¿Cuál cree que puede ser el pico de producción de Vaca Muerta? Algunos hablan de 1,5 o 2 millones de barriles diarios de petróleo.
No es una adivinanza. Si comparas esta cuenca con otras en Estados Unidos, como Permian, verás que el potencial para llegar a 1,5 o 2 millones de barriles está ahí. Solo mira lo que ha hecho Vista desde 2018; si ellos pudieron escalar así, las empresas grandes pueden hacerlo aún más rápido. El recurso está. Los dos factores clave son inversión y eficiencia. Si sos un operador eficiente y traes las mejores prácticas de EE. UU. a la Argentina, podes alcanzar esas cifras. Todo depende de cuántos jugadores entren al campo.
Hablemos de su presente. ¿En qué está invirtiendo actualmente con Luft Energy?
Luft Energy se nos acercó con la oportunidad de comprar cinco campos en Santa Cruz. Dije que sí inmediatamente porque siempre quise volver y llevar mi nueva compañía a Argentina. Estamos en áreas convencionales y este es nuestro primer paso. Espero atraer a más inversores con nosotros. Mi meta es construir un portafolio en Argentina que alcance los 50.000 barriles por día.

¿Por qué apostar por el convencional cuando todos los ojos están en el shale?
Un barril es un barril. Cuando entra en el tanque, no importa de dónde venga. En el convencional hay que trabajar un poco más duro, pero lo importante no es solo la reserva, sino aumentar el factor de recuperación. Si un campo tiene una recuperación del 20% o 30%, hay un enorme potencial de mejora. Vamos a aplicar tecnología, inyección de agua y buscar aumentar la producción bajando costos operativos. Tengo la esperanza de que el convencional todavía puede aportar una producción significativa a la Argentina.
Dada su experiencia en la región, ¿cómo analiza la situación en Venezuela tras los recientes cambios políticos?
Desde el lado de los negocios, apoyo totalmente la estrategia del presidente Trump y del secretario Rubio. La articulan muy bien: lo que se necesita es estabilidad y una transición. Debemos asegurar que la sociedad esté lista y preparada para una transición que es tanto económica como política. El gobierno de los Estados Unidos, al permitir que las instituciones actuales permanezcan, crea esa estabilidad necesaria. Acabo de regresar de Venezuela y la gente está feliz pero optimista; la estabilidad está ahí, pero la transición económica es la parte más difícil. Los venezolanos son emprendedores por naturaleza, pero debemos medir qué tan rápido se pueden implementar los cambios legales para atraer inversiones. Nosotros ya iniciamos un fondo de US$ 2.000 millones y el interés de los inversores es alto.
¿Es verdad que usted asesoró a la CIA para que el gobierno de los Estados Unidos termine respaldando a Delcy Rodríguez y no a la oposición?
Yo no doy consejos, expreso mi opinión en función de lo que es mejor para mi país, Estados Unidos, y para la empresa en la que trabajo. Mi visión es que, desde un punto de vista de negocios, para entrar en una transición se necesita estabilidad, y eso se logra manteniendo las instituciones para un proceso normal. Si alguien llega con una idea de transformar totalmente una institución que ha estado en el poder por 25 años, generará una incertidumbre total para los inversores. Por eso creo que alguien que entienda la institución, como Delcy Rodríguez, es la opción adecuada para liderar ese proceso. No es una cuestión de preferencia personal por un candidato, sino de evitar que el capital se quede sentado esperando a ver qué pasa.
Algunas empresas le dijeron al presidente Trump que Venezuela es "un lugar donde no se puede invertir". ¿Cree que otras compañías más allá de Chevron se sumarán?
Cada empresa tiene su propia estrategia y perfil de riesgo. Las grandes corporaciones públicas suelen ser seguidoras, no líderes, porque su perfil de riesgo es distinto. En cambio, el capital privado, como el nuestro, tiene un perfil de mayor riesgo y busca mayores retornos. Tomamos riesgos altos hoy para que, en cinco o diez años, cuando hayamos "desrisqueado" la oportunidad, otros quieran entrar.
¿Qué potencial de producción real ve en Venezuela en el corto y mediano plazo?
Nuestros equipos han estudiado la economía y las oportunidades de gas y petróleo de Venezuela durante siete años. Venezuela tiene una gran oportunidad de alcanzar 1,5 millones de barriles diarios en 12 a 18 meses si se mueve rápido y atrae inversores con procesos ágiles; para esto se necesitan entre 5.000 y 7.000 millones de dólares. Para llegar a los 2,5 millones ya se requiere una inversión masiva en infraestructura de superficie. La capacidad máxima podría ser de 4 millones de barriles, pero a ese nivel el precio del crudo bajaría considerablemente, compitiendo con Arabia Saudita e Irán.
En Argentina existe el temor de que la apertura de Venezuela desvíe inversiones de Vaca Muerta. ¿Es un riesgo real?
No lo creo. El conflicto actual en el Medio Oriente demuestra que necesitamos recursos en todos los países. He defendido durante 20 años que la seguridad energética de Estados Unidos debe depender de América Latina; si no es el Plan A, debe ser el Plan B. Si Argentina produjera hoy 2 millones de barriles diarios, estaríamos en una posición mucho mejor. Debemos trabajar en ambos frentes: nosotros estamos invirtiendo en Argentina de la misma manera que pensamos en Venezuela.

¿Cómo analiza la crisis energética actual y la disparada de precios producto de la guerra en Medio Oriente?
Hoy los precios no se basan en fundamentos económicos, sino en la geopolítica, lo cual no es una buena señal. Hay cerca de US$ 40 integrados en el precio solo por la situación geopolítica actual. Si los conflictos se resolvieran mañana, veríamos un colapso en los precios hacia sus fundamentos básicos. Para el negocio petrolero, que es de largo plazo, es mucho mejor un precio estable que estos altibajos. Creo que se subestimó la dependencia que tenemos del petróleo y el gas. La administración anterior en EE. UU. presionó mucho por la transición energética, pero ahora la realidad nos golpea. Por primera vez en 100 años, el mundo se da cuenta de lo crucial que es la energía para la economía global. La transición es parte de la ecuación, pero el petróleo y el gas siguen siendo el sustento de la economía mundial y debemos seguir trabajando en ellos mientras avanzamos en lo demás.
¿Qué proyección tiene para el precio del petróleo en los próximos meses?
Si se cumplen ciertas señales que estoy observando, existe la posibilidad de llegar a 150 dólares por barril en el corto plazo. No veo que los precios bajen en la actualidad; estamos en un piso o hacia arriba. Incluso si el conflicto terminara hoy, tomaría seis meses normalizar los precios. No es un interruptor que se apaga y se enciende; la estabilización lleva tiempo.
¿Cómo afecta este escenario a las principales economías?
La situación es devastadora para importadores como Europa y Asia. Por ejemplo, el retraso del GNL de Qatar está presionando a otros productores y afectando seriamente a países como Japón y Corea del Sur.
¿Considera que los efectos económicos de esta guerra serán peores a los de la invasión rusa a Ucrania?
A diferencia de la guerra en Ucrania, que tuvo un impacto territorial y afectó a Europa por un tiempo determinado, este es un conflicto económico con un impacto global. Es un golpe directo a la economía mundial.
¿Puede haber un cambio de actitud del presidente Trump debido a la cercanía de las elecciones de medio término?
Será una situación desafiante para el presidente Trump. Espero que todo se resuelva antes de las elecciones. La administración ha demostrado que puede manejar esto de forma inteligente, como lo hizo en Venezuela, y espero que encuentren una solución similar. Trump es un hombre de negocios, y los empresarios trabajamos cada día en resolver problemas; no podemos vivir con ellos. Espero que se encuentre una solución que sea buena para todos. No soy optimista, pero tengo esperanza porque todos vivimos de la esperanza al levantarnos cada mañana.
Una vez que la guerra termine, ¿Dónde se estabilizarán los precios?
Creo que volverán a donde estaban, en un rango de entre 60 y 65 dólares.
De todos los líderes globales con los que trató. ¿Quiénes fueron más difíciles?
No se trata de quién fue más duro, pero tomó más tiempo convencer a Cristina Kirchner.