Las obligaciones negociables (ON) siguen llamando la atención de los inversores argentinos que buscan renta en dólares, pero los rendimientos de dos dígitos que todavía aparecen en algunas emisiones no son gratuitos.
Hoy en día, existen sólo cinco ON que se operan con una tasa interna de retorno (TIR) superior al 10%: DNCA y DN1A de Edenor, CP38 de Compañía General de Combustible, EAC4 de MSU Green Energy y las OZC8 y OZC6 de Edemsa.
A simple vista, podría resultar atractivo apostar por bonos que generarían una renta de este calibre, pero es fundamental contemplar los mayores riesgos que conllevan frente a títulos de menor tasa.
"Yo no diría que son un negocio redondo estas obligaciones negociables porque hay varios riesgos que hay que tener en cuenta", explicó Bruno Perinelli, jefe de Trading de Inversor Global. "Están, por un lado, los riesgos de mercado y, por otro, los riesgos particulares de cada compañía", añadió.
Uno de los principales problemas es la liquidez. Estas ON suelen negociarse en unidades de 100 o 1000 nominales, lo que limita la fluidez de las operaciones. Además, no todas las emisiones tienen la misma demanda. Mientras títulos de compañías como YPF o Vista suelen contar con compradores y vendedores de manera más frecuente, otras emisiones pueden presentar una negociación mucho más reducida.
En esos casos, una operación aislada puede dejar precios desactualizados durante varios días. Eso puede hacer que la TIR aparente suba simplemente por la cercanía del vencimiento o por la ausencia de nuevas operaciones que actualicen la cotización.
Qué significa cobrar más de 10%
Germán Marin, operador y asesor financiero, explicó que el mercado determina el rendimiento de las ON en función del riesgo percibido. El antecedente de varias reestructuraciones empresariales es clave para entender por qué algunas emisiones todavía pagan tasas muy elevadas.
"Algunas buscaron canjes amigables, lo que es habitual, estirando las fechas de pagos, es decir un rolleo tradicional y voluntario manteniendo condiciones, pero en otros casos fue una situación forzosa para evitar consecuencias más graves", explicó.
Entre los casos más relevantes mencionó a Gemsa y Albanesi. Según Marin, luego de un canje formalizado en octubre de 2024, nuevas ON de estas compañías entraron posteriormente en default y atravesaron un segundo proceso de canje, situación que deterioró fuertemente la confianza de los inversores.
Marin divide actualmente el mercado en tres grandes grupos: ON con TIR inferior al 5%, generalmente de empresas sólidas y vencimientos relativamente cortos; emisiones con rendimientos de entre 5% y 8%, que considera el segmento más atractivo por su relación entre riesgo y retorno; y las que superan ese nivel, donde el mercado evidentemente está incorporando riesgos adicionales.
"Pasar de AAA a AA- y estirar plazo te da 2 o 3 puntos extra, lo cual es razonable pero no es un regalo", sostuvo.
En este último grupo aparecen emisiones como las mencionadas DNCA, CP38, EAC4, DN1A, OZC8 y OZC6, que, según Marin, pueden tener lugar dentro de una cartera moderada/agresiva, siempre que el inversor pueda mantenerlas hasta el vencimiento y tolere la volatilidad.
El especialista recomienda utilizarlas como una porción satélite de la renta fija, diversificando entre emisores y sectores. En cambio, emisiones de compañías como Gemsa, Rizobacter o SAMI, con rendimientos todavía superiores, deberían quedar reservadas para inversores especulativos e informados, con posiciones pequeñas y luego de analizar en detalle los prospectos, garantías, prelación y cláusulas de cada emisión.
El mercado ya no paga 9% por cualquier ON
En este marco, Gastón Otaola, analista corporativo de Bull Market Brokers, también advirtió que el atractivo de las ON se redujo frente a meses anteriores, motivo por el cual hay interés por títulos más riesgosos.
"Hoy el contexto de las obligaciones negociables es muy favorable para las empresas, pero no tanto para los inversores. Los rendimientos ya no son tan interesantes como hace un tiempo", señaló. Para el especialista, el desafío será evaluar el costo-beneficio de estos instrumentos frente a un 2027 que podría presentar una elevada volatilidad.
Una comparación permite dimensionar el cambio. Actualmente, un bono del Tesoro de Estados Unidos puede rendir alrededor de 4,50%, mientras que una ON argentina con calificación AAA puede ofrecer 6% o menos, dependiendo de su duración.
La reciente colocación de deuda de YPF también mostró el apetito por el crédito corporativo argentino. La compañía consiguió US$ 1.200 millones, luego de recibir ofertas por casi US$ 2.400 millones, a una tasa del 7,85%.
Para Otaola, el dato demuestra la confianza que despiertan las empresas argentinas, especialmente las vinculadas con el sector energético. Sin embargo, considera que, frente a este escenario, resulta conveniente reducir la exposición a renta fija local y buscar alternativas internacionales. Entre ellas mencionó fondos de bonos corporativos latinoamericanos que pueden rendir alrededor de 5,50% anual en dólares.