Reforma laboral: por el alto costo fiscal, se posterga la implementación de los fondos para pagar indemnizaciones hasta 2027

De a capítulos, el Gobierno viene avanzando en la implementación de la reforma laboral, cuestionada en gran parte de su articulado en la Justicia donde se espera la decisión de la Corte. Sin embargo, uno de los apartados ultra sensibles sobre el que se preveían definiciones inminentes entró en el freezer. Se trata de la reglamentación de fondos de asistencia laboral (FAL), el nuevo instrumento que crea la ley para pagar indemnizaciones sobre el que hay una enorme expectativa en la industria de servicios financieros. 

El plazo original para poner en marcha el nuevo régimen estaba previsto para el 1° de junio, es decir, en menos de 15 días. Sin embargo, trascendió que funcionarios del equipo económico ya transmitieron a actores clave de los bancos y gestoras de fondos privados que los tiempos se estirarán. La nueva fecha se extiende, por ahora, exactamente un semestre. Significa que recien en 2027 comenzará a regir uno de los puntos de la reforma que resulta central para el Gobierno y también para el mercado de capitales. 

Es que, en virtud de lo dispuesto por la norma, los empleadores deberán destinar una parte de los aportes patronales a estos fondos. En el caso de las grandes empresas será de 1% mientras que para las medianas, pequeñas y microempresas el aporte a los FAL será de 2,5%. En ambos casos, son recursos que las empresas no aportarán al sistema de seguridad social, lo cual implica un alto costo fiscal, con un piso de de US$ 2.500 millones al año 

Esa es, precisamente, la cifra que las sociedades gerentes de fondos comunes de inversión y los fiduciarios autorizados por la Comisión Nacional de Valores se preparan para captar apenas debute el sistema. Pero deberán esperar. La caída de la recaudación, que acumula un retroceso en los últimos 9 meses y motivó un nuevo ajuste del Presupuesto a partir de este mes impide por el momento avanzar. Es lo que habría decidido el ministro de Economía, Luis Caputo. La medida no toma por sorpresa al sector donde, si bien la expectativa es alta, todavía no terminan de diseñar los productos a ofrecer a las empresas ya que no están definidas todas las características y requisitos que deberán cumplir ante la CNV.

Está mucho más claro, en cambio, quiénes serán los grandes ganadores del nuevo negocio que se genera en el mercado, más allá de las empresas que, en la práctica, se benefician de una baja del costo inmdemizatorio. 

Los grandes bancos llegan con una ventaja evidente. De acuerdo a los últimos datos de la Cámara Argentina de Fondos Comunes de Inversión (CAFCI) Santander y Galicia concentran más de un cuarto de todo el mercado local de Fondos Comunes de Inversion (FCI) al sumar 27,7% del total administrado. En conjunto, los bancos -pagadores de sueldos-  concentran el 67% de la industria de fondos comunes (money market)

Para las empresas, esa escala no es un dato menor. En un régimen de aportes recurrentes, los jugadores con mayor volumen tienen más probabilidades de ofrecer infraestructura, integración operativa, administración diaria de saldos y una experiencia más cercana a la banca transaccional. Pero será en función de la reglamentación que también sociedades de Bolsa y otras administradoras de fondos puedan jugar un papel relevante en el negocio. 

La clave, aseguran los expertos, es que el mercado tiene jugadores con suficiente escala para absorber un flujo anual relevante. Si los FAL efectivamente movilizan un piso de US$ 2.000 millones anuales, el volumen no resulta marginal pero tampoco aparece fuera del alcance de una industria que ya administra millones.

En cualquier caso, desde el equipo económico destacan el impacto que se producirá. En el marco del Forbes Money Summit que se desarrolló esta semana, el titular de la CNV, Roberto dimensionó el alcance. “Estamos hablando de un poco más de 500.000 empleadores. Es una revolución de números y de tamaño brutal”, afirmó y resaltó el carácter obligatorio de los aportes que generará un flujo constante de recursos, con un efecto de acumulación que podría habilitar inversiones cada vez más sofisticadas y de mayor plazo. “Estamos hablando de una inyección permanente de fondos en el mercado todos los meses”, dijo, y anticipó que este proceso exigirá también una adaptación regulatoria para acompañar el crecimiento.