Ahora que se dio a conocer el dato de inflación de todo el 2025 y se actualizaron las proyecciones para 2026, el foco del mercado está en qué pasará con las tasas de interés, fundamentales para el buen funcionamiento de la actividad económica.
De acuerdo con el consenso relevado por FocusEconomics, el índice de precios al consumidor aumentaría en promedio 24% durante 2026, frente al 31,5% del año pasado, y continuaría desacelerándose hasta ubicarse en torno al 14,9% en 2027.
Los analistas atribuyen esta trayectoria a una combinación de factores macroeconómicos, como un gasto público más contenido y una mayor disciplina fiscal que moderan las presiones de demanda.
A esto se suma una mayor competencia en algunos mercados internos y una flexibilización gradual de las importaciones, que ayuda a limitar los aumentos de precios en determinados rubros.
El frente monetario también juega un papel clave en la dinámica proyectada. Tras las elecciones legislativas de octubre, las tasas de interés registraron una fuerte corrección a la baja.
La tasa Badlar, que se ubicaba en niveles cercanos al 49%, descendió hasta perforar el 30%, en línea con la menor inflación esperada y una mayor estabilidad financiera. Este movimiento refuerza las expectativas de continuidad en la desaceleración de los precios.
Hacia adelante, el consenso prevé que la Badlar cierre 2026 en alrededor del 18,5% y continúe bajando hasta cerca del 14,2% en 2027, en un escenario de mayor normalización del sistema financiero.
Para los economistas, un contexto de tasas más bajas mejora las condiciones de financiamiento para empresas y hogares, lo que no solo acompaña el proceso de desinflación, sino que también sienta las bases para una recuperación de la actividad.
No obstante, se estima que habrá volatilidad y que el proceso no será lineal, principalmente por la preocupación de que el dólar no se dispare.
“A pesar de la recalibración del régimen cambiario, el equipo económico sigue priorizando controlar el tipo de cambio. Para ello, sigue con la lógica de restringir la cantidad de pesos en circulación”, comentó Gonzalo Lacunza, economista en Empiria Consultores.
“La contracara de eso es que, ante la escasez relativa de pesos, el precio del dinero (tasa de interés) sube. Con una demanda volátil, la tasa de interés será volátil. Es decir, creemos que el Gobierno sigue prefiriendo volatilidad en la tasa ante el riesgo de una volatilidad cambiaria”, añadió.
Por su parte, Leonardo Anzalone, del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), señaló que “el margen para sostener tasas bajas es muy limitado porque el Gobierno necesita preservar la demanda de pesos y evitar que se reabran tensiones cambiarias en un esquema donde la acumulación de reservas sigue siendo frágil".
“El costo de esa estrategia es claro: tasas reales positivas encarecen el crédito y tienden a enfriar la actividad, especialmente en los sectores más dependientes del financiamiento. Sin embargo, desde la óptica macro, aparecen como una condición necesaria para sostener la estabilidad nominal. El desafío en 2026 será calibrar ese nivel de tasas para contener la inflación sin generar una contracción excesiva del crédito y de la economía real”, agregó.