Polymarket: quién financia la polémica plataforma de apuestas valuada en US$ 9.000 millones y por qué fue bloqueada en la Argentina
La startup montada sobre cripto activos que atrajo capital de billonarios del mundo tecnológico como Peter Thiel y Vitalik Buterin quedó localmente envuelta en denuncias judiciales que impiden su operatoria.

La Argentina avanzó con una decisión inédita en la región: bloquear el acceso a Polymarket, la plataforma de predicciones más grande del mundo. La medida surgió de una resolución de la Justicia porteña, que ordenó restringir el sitio web y quitar la app de las tiendas de Google y Apple tras considerar que operaba sin autorización y que presentaba riesgos elevados para los usuarios. Detrás del caso apareció un punto central: para las autoridades locales, el sistema funcionaba en los hechos como una modalidad de apuestas online encubierta bajo otra etiqueta.

El primer expediente se abrió después de una denuncia de la Lotería de la Ciudad de Buenos Aires basada en que la plataforma, que permitía operar con criptomonedas y tarjetas de crédito, no exigía controles sólidos de identidad ni de edad y habilitaba la apertura de cuentas en pocos minutos. Para la Justicia, esa combinación abría la puerta a un acceso sin filtros, incluso para menores de edad.

Pero la discusión no quedó limitada a un problema regulatorio. El bloqueo llegó pocos días después cuando Polymarket quedó en el centro de la escena por el dato de inflación. Es que minutos antes de que el INDEC difundiera la inflación de febrero, la plataforma registró movimientos que acertaron al dato oficial tras un giro brusco en la tendencia. Ese episodio alimentó sospechas sobre un posible uso anticipado de información sensible para obtener ganancias mediante bonos ajustados por CER (coeficiente que captura la inflación). Aunque la investigación que llevó al bloqueo no nació por ese hecho puntual, el caso expuso de manera descarnada qué clase de incentivos mueve a estos mercados.

Una empresa valuada en US$ 9.000 millones

Polymarket nació en marzo de 2020 en Nueva York, en pleno arranque de la pandemia. Su creador fue Shayne Coplan, un emprendedor que a los 27 años pasó a integrar la lista de multimillonaios hechos a sí mismos más jóvenes del mundo gracias a su participación en la compañía. Según los datos aportados, Coplan conservó cerca del 11% de la firma, una porción que alcanzó un valor de al menos US$ 1.000 millones.

El origen de la empresa combinó dos obsesiones de su fundador: las criptomonedas y la idea de construir una herramienta que, según su propia visión, permitiera leer mejor la realidad. Coplan empezó a experimentar con cripto cuando tenía 14 años y tomó como referencia experiencias previas montadas sobre Ethereum, como Augur y Gnosis, que nunca lograron masividad. Con Polymarket, buscó llevar ese formato a una escala mucho mayor.

 

Los primeros mercados que ofreció estuvieron vinculados al COVID-19. Los usuarios podían apostar sobre la fecha de reapertura de ciudades o sobre la llegada de vacunas en momentos determinados. La lógica era simple: cada evento se dividía entre dos posibles desenlaces, “Sí” o “No”, y el precio de cada posición oscilaba entre US$ 0 y US$ 1 según oferta y demanda. Si un resultado parecía más probable, su precio subía. Si luego ese resultado se confirmaba, pagaba US$ 1 por contrato.

Ese mecanismo imitó rasgos del mercado financiero tradicional y, al mismo tiempo, tomó elementos clásicos del juego. Ahí estuvo, justamente, una de las tensiones que acompañó a la empresa desde su nacimiento. Mientras sus impulsores la presentaron como una fuente de información colectiva o una herramienta para procesar expectativas, reguladores y fiscales de distintos países observaron otra cosa: había dinero en juego, un resultado incierto y la posibilidad de ganar o perder. En otras palabras, la estructura de una apuesta.

Quiénes financian y con qué intereses 

El crecimiento de Polymarket fue meteórico. A comienzos de 2025, la startup estaba valuada en apenas US$ 1.200 millones. Poco después, la firma dueña de la Bolsa de Nueva York, Intercontinental Exchange (ICE), anunció una inversión de US$ 2.000 millones a cambio de una participación del 20%, una operación que llevó la valuación de la compañía a US$ 9.000 millones, según PitchBook. Para una empresa nacida apenas cinco años antes, el salto fue extraordinario.

Pero ICE no fue el único actor de peso. Coplan también reveló dos rondas de financiamiento que hasta ese momento no habían trascendido y que sumaron US$ 205 millones. En esa lista aparecieron nombres muy conocidos del mundo tecnológico y financiero: Joe Gebbia, cofundador de Airbnb; Vitalik Buterin, fundador de Ethereum; Dylan Field, de Figma; Mark Pincus, de Zynga; Travis Kalanick, de Uber; y Glenn Dubin, histórico inversor de fondos de cobertura. También participaron Founders Fund, el fondo de Peter Thiel, y Coinbase, liderada por Brian Armstrong. Incluso el jugador de la NFL Saquon Barkley se sumó como inversor ángel.

Ese mapa de accionistas e inversores mostró algo más que respaldo financiero. Expuso una trama donde confluyeron grandes nombres de Silicon Valley, referentes del negocio cripto y figuras con llegada a la política y al sistema financiero tradicional. La sociedad con ICE aportó una pista clave. Además de invertir, la empresa acordó transformarse en distribuidora global de los datos basados en eventos de Polymarket y colaborar en futuras iniciativas de tokenización. El mensaje de fondo fue claro: el negocio ya no pasaba solo por captar usuarios minoristas que apuestan sobre elecciones o partidos, sino también por vender señales de mercado a instituciones más grandes. @@FIGURE@@

En ese tablero también aparecieron vínculos con el poder en Washington. Según la información aportada, Donald Trump Jr. invirtió en la empresa y se integró a su consejo asesor a través de 1789 Capital. A la vez, otro nombre cercano fue Jeffrey Sprecher, CEO de ICE, junto con Kelly Loeffler, ambos con lazos fuertes con Donald Trump. Esa red mostró cómo los mercados de predicción dejaron de ser una rareza de internet para convertirse en una pieza observada por fondos, operadores políticos y compañías financieras de primera línea.

Las polémicas regulatorias y la pelea por legalizar un negocio ambiguo

El ascenso de Polymarket no estuvo exento de choques con reguladores. En enero de 2022, la empresa pagó una multa de US$ 1,4 millones a la CFTC de Estados Unidos por ofrecer mercados no registrados. Como parte de ese acuerdo, se le ordenó bloquear el acceso a usuarios estadounidenses. Esa sanción marcó un antecedente relevante: para el regulador, la plataforma no podía operar libremente sin encuadre legal.

Sin embargo, el freno no detuvo la expansión. Durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos del año pasado, Polymarket alcanzó un volumen de operaciones de US$ 3.600 millones. Ese dato reveló hasta qué punto estas plataformas pasaron a funcionar como un termómetro alternativo de la opinión pública y de las apuestas sobre hechos políticos. Poco después de esos comicios, el FBI allanó el departamento de Coplan y secuestró sus dispositivos en el marco de una investigación por posibles incumplimientos del acuerdo con la CFTC.

Más tarde, en julio de 2025, tanto la CFTC como el Departamento de Justicia cerraron sus investigaciones. Apenas una semana después, Polymarket anunció la compra de QCX, una bolsa de derivados con licencia de la CFTC, por US$ 112 millones. Ese movimiento le abrió la posibilidad de lanzar operaciones a nivel nacional bajo un esquema regulado. En septiembre, la CFTC autorizó el inicio de actividades. El dato político no pasó inadvertido: la habilitación llegó en un contexto de mayor flexibilidad del gobierno actual de Estados Unidos hacia los mercados de predicción y las criptomonedas. @@FIGURE@@

En paralelo, la competencia se endureció. Kalshi, principal rival de Polymarket, también salió a buscar fondos y anunció una recaudación de US$ 300 millones con una valuación de US$ 5.000 millones. Según los datos citados, Kalshi llegó a mover US$ 956 millones en una semana, contra US$ 465 millones de Polymarket, apalancada sobre todo en mercados deportivos. Polymarket, en cambio, mantuvo una ventaja en el terreno político. Esa rivalidad dejó a la vista que el negocio no fue una moda pasajera: se convirtió en una industria con jugadores grandes, lobby y puja por regulación.

El bloqueo en la Argentina

En la Argentina, la plataforma todavía tenía una presencia incipiente. Pero la decisión judicial mostró que, aun sin una adopción masiva, el tema ya preocupaba a las autoridades. La investigación con intervención técnica del Cuerpo de Investigaciones Judiciales (CIJ) concluyó que el sitio operaba como un sistema de apuestas online encubierto bajo la figura de “mercado de predicciones”. Ese punto fue central para el expediente.

El razonamiento oficial fue directo. Si una persona podía cargar fondos con criptomonedas o tarjetas, abrir una cuenta en pocos minutos, apostar por un resultado incierto y cobrar dinero si acertaba, la estructura se parecía mucho más a la de una casa de apuestas que a la de una simple herramienta de análisis. El agravante, según la causa, fue la ausencia de filtros sólidos para verificar identidad y edad. Para la Justicia porteña, ese esquema amplificó de manera significativa los riesgos para los usuarios.

La decisión de bloquear Polymarket también tuvo un costado simbólico. La Argentina pasó a ser el primer país de América Latina en tomar una medida de este tipo contra la plataforma. El movimiento local se alineó con restricciones que ya habían aparecido en otros mercados del mundo y dejó una señal para todo el ecosistema cripto: detrás del discurso de innovación, los reguladores empiezan a mirar con más atención qué actividades se parecen a una inversión y cuáles encajan, en realidad, dentro del universo de las apuestas.

El caso dejó abierta una discusión más amplia. Polymarket nació con la promesa de ordenar expectativas colectivas y convertirlas en precios. Pero su expansión atrajo multimillonarios, fondos, empresas ligadas a Wall Street y actores con conexiones políticas de peso. Esa mezcla le dio escala global y una valuación impactante, aunque también multiplicó las dudas sobre su verdadera naturaleza. 

En la Argentina, la Justicia tomó una posición clara: detrás del formato sofisticado y del lenguaje de mercado, vio un esquema de apuestas sin autorización. Ahí estuvo la razón principal del bloqueo y, a la vez, la clave para entender por qué una startup celebrada por parte del mundo financiero quedó bajo la lupa apenas intentó ganar terreno local.