Japón atraviesa una tormenta económica. Los bonos del gobierno sufren una liquidación histórica y el yen se desploma por el pánico de los inversores ante el estímulo fiscal y las propuestas de recortes impositivos impulsadas por la primera ministra Sanae Takaichi. En los últimos 10 días, el rendimiento de los bonos a 40 años superó el 4%, un nivel que los títulos de deuda japonesa a largo plazo no alcanzaban desde hace tres décadas. En Tokio, los funcionarios ya ven venir una crisis.
Para Berkshire Hathaway, el caos trajo beneficios. El conglomerado con sede en Omaha, Nebraska, tiene participaciones importantes en las cinco grandes casas comerciales de Japón, conocidas como sogo shosha (o "empresas comerciales generales"): Mitsubishi, Mitsui, Itochu, Marubeni y Sumitomo. Las acciones de estas compañías, y de otras firmas japonesas, suben mientras el banco central ajusta las tasas de interés para contener la inflación, luego de años marcados por la deflación. En los últimos tres meses, Marubeni subió más de un 30% y Sumitomo más de un 40%. En medio de la volatilidad de la semana pasada, las cinco acciones ganaron entre 3% y 11%. El Nikkei 225, el principal índice bursátil japonés, bajó cerca de un 3% en los últimos cinco días hábiles, aunque subió un 33% en los últimos seis meses, frente al 8% que rindió el S&P 500 en el mismo período.
Berkshire invirtió por primera vez en las cinco empresas comerciales en julio de 2019, cuando destinó US$ 6.500 millones para adquirir participaciones del 5% en cada una. Entre 2023 y el año pasado, sumó otros US$ 7.300 millones, lo que le permitió ampliar su posición en las compañías. Esa inversión total en efectivo, de US$ 13.800 millones, hoy equivale a unos US$ 38.000 millones, con una ganancia de US$ 24.000 millones. Las sogo shosha también generan ingresos constantes: en su carta a los accionistas del año pasado, Berkshire informó que espera cobrar US$ 812 millones en dividendos de su inversión japonesa en 2025.
Esos rendimientos alcanzan de sobra para cubrir el costo de los intereses de la deuda en yenes que tomó Berkshire —US$ 135 millones el año pasado—, y que usó para financiar sus inversiones. La operación refleja la estrategia de compra que caracteriza a Buffett: pidió prestado en yenes a una tasa menor al 1% anual y apostó por compañías que le devuelven cerca de un 4% anual en dividendos.
El rendimiento de las inversiones de Buffett en las sogo shosha representa un respiro para Berkshire, que atraviesa una etapa de transición tras la salida prevista de su director ejecutivo, fundador y principal accionista individual, Warren Buffett, a fines de diciembre. El empresario, de 95 años, sigue como presidente y cuenta con una fortuna de US$ 143.600 millones. En 2025, las acciones de Berkshire rindieron un 11%, por debajo del 18% que marcó el S&P 500, en un contexto donde los inversores pusieron en duda el futuro del conglomerado sin su histórico líder y su instinto para elegir acciones. En los últimos años, Berkshire —que mantiene posiciones fuertes en bancos estadounidenses, compañías de consumo masivo y activos por unos US$ 380.000 millones— quedó mayormente al margen del boom de la inteligencia artificial, con la excepción de algunas apuestas como Apple y Amazon.
Las inversiones japonesas de Berkshire representan apenas el 4% de la capitalización bursátil del conglomerado, que ronda el billón de dólares. John Boyar, inversor en Berkshire y director de la firma de análisis Boyar Value Group, dice estar más atento a la transición en el liderazgo hacia el nuevo CEO, Greg Abel, que al resultado de cualquier inversión puntual. “La verdadera preocupación es qué efectos tendrá el reinado de Greg Abel en las acciones y en la cultura de Berkshire”, afirmó Boyar, aunque sigue confiando en el papel de la compañía.
En las últimas semanas, muchos inversores japoneses vieron a las sogo shosha como un refugio ante la dislocación en el mercado de bonos. Frente a una inflación persistente que golpea a los consumidores y obliga al gobierno a subir las tasas, estas enormes casas comerciales cuentan con activos tangibles —como energía, metales y alimentos— que les permiten soportar el aumento en los precios de las materias primas.
Las empresas japonesas, que en conjunto tienen un valor de mercado de US$ 440.000 millones, también sacan ventaja del debilitamiento del yen. Generan miles de millones en dólares y presentan sus resultados en yenes, por lo que la conversión de divisas impulsa sus ganancias. “Lo que estuvo frenando a las acciones japonesas era la deflación, que los precios de los activos no subieran”, dijo James Bianco, estratega macroeconómico. “Ahora lo tienen. Ya no tienen ese obstáculo”, agregó.
Buffett, que en su momento fue escéptico respecto a Japón, empezó a valorar a las sogo shosha al notar lo baratas que estaban durante el auge de la pandemia, cuando cotizaban por debajo de su valor liquidativo. “Simplemente revisamos sus registros financieros y nos sorprendieron los bajos precios de sus acciones”, recordó Buffett en la carta a los accionistas del año pasado. También se sintió identificado con su estilo: estas casas comerciales, con operaciones diversas que incluyen materias primas, logística, manufactura y finanzas, se parecen bastante al modelo de conglomerado que construyó con Berkshire.
Las operaciones de Berkshire no están exentas de riesgos. Si las tasas de interés en Japón suben con más fuerza, el rumbo del yen podría cambiar y eso reduciría parte del impacto positivo que hoy genera la conversión de divisas en las ganancias declaradas. Además, las casas comerciales están ligadas directamente a la economía real y siguen expuestas a los vaivenes en los precios de las materias primas.
Al final, dice Boyar, los inversores van a evaluar el negocio con Japón pensando en lo que vendrá. “Los inversores se centran más en si surgirán oportunidades como esta en el futuro, en función de si la gente seguirá queriendo hacer negocios con Berkshire”, señaló.