En un contexto internacional todavía atravesado por episodios de volatilidad, Argentina empieza a destacarse dentro del universo emergente por una combinación poco habitual: estabilidad cambiaria, mejora en los fundamentos y rendimientos que siguen captando la atención de los inversores globales. Un reciente informe de J.P. Morgan pone el foco justamente en ese equilibrio y confirma que, al menos por ahora, la apuesta por el peso sigue vigente.
El banco estadounidense decidió renovar su posicionamiento bajista en el dólar contra el peso (short USD/ARS) luego de cerrar con ganancias una estrategia previa. La operación a tres meses, iniciada en enero, arrojó un retorno del 13,4%, impulsado por la compresión del tipo de cambio desde niveles cercanos a 1.570 hasta la zona de 1.380. Lejos de dar por terminado el trade, la entidad optó por extender la exposición a seis meses, buscando capturar nuevos rendimientos en un escenario que, según su visión, continúa siendo favorable.
Uno de los pilares que explican este cambio de percepción es la acumulación de reservas del Banco Central, que viene superando las expectativas iniciales. El ritmo de compras en el mercado oficial se ubica en torno a los USD 1.500 millones mensuales durante el primer trimestre, alineándose con los escenarios más optimistas que manejaba el propio Gobierno.
Este proceso no solo fortalece el balance del BCRA, sino que además amplía el margen dentro del esquema cambiario. Según el análisis, la banda superior del tipo de cambio oficial se encuentra más de 20% por encima del nivel actual, lo que reduce significativamente el riesgo de tensiones como las observadas en 2025, cuando la cercanía a ese límite obligaba a intervenir con ventas de reservas y generaba un círculo vicioso de presión cambiaria y aumento del riesgo país. @@FIGURE@@
A esto se suma un factor clave: la política dejó de ser, al menos en el corto plazo, el principal driver de volatilidad. La disipación del “ruido electoral” y la implementación de cambios en el marco monetario contribuyeron a estabilizar las expectativas.
Incluso con cierta apreciación real del tipo de cambio, el peso argentino sigue ofreciendo uno de los rendimientos más elevados dentro del universo emergente. El informe destaca que el “carry” (la ganancia por tasas) compensa el deterioro en las valuaciones y continúa posicionando a Argentina en los primeros puestos en términos de retorno implícito a tres meses.
Cuando se ajusta por volatilidad, el atractivo relativo se modera, pero aun así el peso se mantiene competitivo frente a la mayoría de sus pares. En un contexto global donde los inversores buscan rendimiento en monedas de alto carry, este diferencial juega un rol central.
El frente externo también aporta argumentos a favor. La combinación de una cosecha en camino de aceleración y el rol creciente del sector energético refuerza la oferta de divisas. Argentina ya opera como exportador neto de petróleo, con un saldo positivo equivalente a más del 1% del PBI.
Este cambio estructural no es menor: según las estimaciones del banco, un aumento sostenido del 10% en el precio del crudo podría mejorar la cuenta corriente, el crecimiento y el resultado fiscal en torno a 0,1-0,2 puntos porcentuales del producto. @@FIGURE@@
Además, los términos de intercambio se mantienen favorables, incluso antes de incorporar completamente el impacto de la suba reciente del petróleo. En este marco, el flujo de dólares luce sólido para los próximos meses, lo que contribuye a anclar expectativas cambiarias.
En el universo de inversiones locales, el informe señala una preferencia por instrumentos a tasa fija, aunque sin grandes distorsiones frente a otras alternativas. En particular, los contratos NDF (non-deliverable forwards) aparecen como el vehículo más eficiente para inversores del exterior, tanto por rendimiento como por facilidad de acceso.
La decisión de migrar de una posición a tres meses hacia otra a seis meses responde, en parte, a mejores tasas implícitas y a la posibilidad de capturar ganancias adicionales si la curva mantiene su pendiente actual. También influye la expectativa de que la abundancia de dólares en el mercado contribuya a una compresión de tasas implícitas.
Pese al tono constructivo, el propio banco reconoce que el escenario no está exento de riesgos. La dinámica estacional juega un papel relevante: hacia el tercer trimestre, cuando se modera la liquidación del agro, el soporte cambiario podría debilitarse. En ese momento, anticipan, será clave reevaluar la estrategia.
Por ahora, sin embargo, el diagnóstico es claro: la combinación de reservas en alza, menor incertidumbre política, sólidos flujos externos y tasas elevadas sigue ofreciendo una ventana de oportunidad para posicionarse en activos vinculados al peso. Una apuesta que, al menos hasta hoy, viene rindiendo.
Crédito imagen de portada: Argentina.gob.ar, CC BY 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/4.0>, via Wikimedia Commons