La mejora en la calificación crediticia de Fitch Ratings para la Argentina impulsó la caída del riesgo país. También marca un punto de inflexión en la percepción internacional sobre la economía local. Después de años en terreno de alto riesgo, el país logró escalar un peldaño, desde “CCC+” a “B-”, con perspectiva estable. No se trata solo de un cambio técnico: detrás de esa decisión hay una lectura más amplia del rumbo económico, de los avances en reformas y también de los límites que todavía condicionan la recuperación.
La reacción del mercado fue moderada, con una leve baja del riesgo país a 528 puntos básicos.
El informe pone el foco en un cambio estructural que, según la calificadora, empieza a consolidarse. La combinación de un ajuste fiscal más ordenado, una mejora en el frente externo y una agenda de reformas con mayor respaldo político aparece como el núcleo de la decisión. En ese marco, la administración de Javier Milei logró fortalecer su posición tras las elecciones legislativas de 2025, lo que le permitió avanzar con iniciativas clave, desde modificaciones laborales hasta medidas orientadas a incentivar inversiones en sectores estratégicos como la energía y la minería.
Uno de los aspectos más destacados es la transformación del sector externo. Argentina dejó atrás su histórica dependencia energética y pasó a consolidarse como exportador neto, un cambio que mejora su capacidad de generar divisas en un contexto internacional volátil. El salto en el superávit comercial (que en el primer trimestre alcanzó niveles récord) refleja ese giro, al igual que el creciente interés de inversores en proyectos vinculados a recursos naturales. @@FIGURE@@
A esto se suma una estrategia más activa para recomponer reservas. Tras el giro en la política económica posterior a las elecciones, el Gobierno priorizó la compra de dólares, con el objetivo de reforzar la posición externa y cumplir metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional. Aunque las reservas netas siguen siendo bajas en términos históricos, la tendencia proyectada es de recuperación gradual, un factor clave para sostener la estabilidad cambiaria en los próximos meses.
El frente fiscal aparece como otro de los pilares que explican la mejora. Fitch destaca que el equilibrio de las cuentas públicas se convirtió en un ancla central de la política económica, en contraste con décadas de déficits persistentes. Si bien se prevé una leve erosión del resultado este año, el compromiso oficial con la disciplina fiscal es visto como creíble, incluso en un contexto de menor actividad y recaudación más débil.
Sin embargo, el informe también deja en claro que el camino está lejos de despejarse. La inflación, aunque en descenso respecto de los picos recientes, sigue siendo elevada y muestra resistencias en su tramo final. Factores como la inercia inflacionaria, ajustes tarifarios y shocks externos continúan presionando sobre los precios, lo que obliga a mantener una política económica consistente para evitar retrocesos.
El crecimiento, por su parte, presenta un perfil heterogéneo. Mientras sectores como el energético, el agro y las finanzas lideran la expansión, otras áreas más intensivas en empleo (como la construcción o la industria) siguen rezagadas. Esta dinámica plantea un desafío social y político: la recuperación no se distribuye de manera uniforme, lo que puede afectar la percepción pública sobre el rumbo económico.
El impacto en las acciones
La mejora de la calificación de la deuda argentina por parte de Fitch también tuvo impacto en la renta variable. Hacia las 13, las acciones argentinas que cotizan en Wall Street operaban con fuertes subas, lideradas por Banco Macro, que avanzaba 9,3%, seguido por Ternium, con una mejora de 9% tras la presentación de su balance trimestral. También se destacaban otros papeles bancarios, con alzas de 7,7% en Supervielle, 7,5% en BBVA Argentina y 6,7% en Grupo Financiero Galicia.
A esa misma hora, el impulso también alcanzaba a los bonos soberanos en dólares, que subían en promedio 1,5% entre Bonares y Globales, luego de que Fitch elevara la calificación crediticia de largo plazo de Argentina en moneda extranjera y local desde “CCC+” a “B-”, con perspectiva estable. En paralelo, el riesgo país de JP Morgan retrocedía 25 unidades y se ubicaba en torno a los 529 puntos básicos, en línea con la mejora del clima financiero para los activos argentinos.
La reacción positiva se daba, además, en un contexto internacional favorable. Pasado el mediodía, Wall Street operaba en alza por expectativas de avances en las negociaciones de paz en Oriente Medio y buenos resultados de empresas tecnológicas. Sin embargo, el desempeño no era uniforme: la fuerte caída del petróleo golpeaba a las compañías energéticas, con bajas en YPF y Vista Energy, que venían de tocar máximos recientes. En la plaza local, también cerca de las 13, el S&P Merval acompañaba la tendencia y avanzaba 3,4%, hasta la zona de los 2.850.000 puntos. @@FIGURE@@
Sin embargo, los riesgos financieros persisten
Los vencimientos de deuda en moneda extranjera continúan siendo exigentes, especialmente de cara a 2027, un año marcado por el calendario electoral. La estrategia oficial apunta a cubrir esos compromisos mediante financiamiento multilateral, emisiones locales en dólares y eventuales ingresos por privatizaciones, evitando por ahora el regreso pleno a los mercados internacionales.
Ese telón de fondo político no es menor. Fitch advierte que la economía argentina sigue siendo particularmente sensible a shocks de confianza, y que cualquier cambio en las expectativas de cara a las elecciones podría impactar en variables clave como el tipo de cambio, las reservas o el acceso al financiamiento.
En síntesis, la suba de calificación refleja una mejora tangible en los fundamentos económicos, pero también un equilibrio delicado. Argentina logró recuperar algo de credibilidad, apoyada en señales de orden macroeconómico y reformas en marcha. Sin embargo, el margen de error sigue siendo estrecho: la consolidación de estos avances dependerá de la capacidad de sostener la disciplina fiscal, profundizar la desinflación y fortalecer las reservas en un contexto político y externo que continúa siendo desafiante.