La economía argentina es aquella en donde surgen, periódicamente, fenómenos inéditos complejos de explicar. Hace unos cinco años, por ejemplo, comenzó a gestarse una nueva realidad que sorpendía: al calor de la inflación, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios el tal que las cifras de pobreza crecían a tal punto de sumar a los trabajadores formales. Casi un tercio de ellos cayó bajo la línea que mide la canasta básica. Eso impidió, expicaron hasta el cansancio los analistas, que el desdempleo aumentara drásticamente.
Los datos de desocupación publicados ayer por el INDEC dan cuenta de una nueva rareza: con una economía en máximos, es decir, lejos de una recesión, el desempleo crece. Fue lo que ocurrió durante 2025, cuando el mercado de trabajo creó unos 245.000 nuevos desempleados, es decir, 1,1 punto más que el año anterior. La tasa se ubica ahora en 7,5%.
El dato no sorprendió a nadie. Amplios sectores de la industria y la construcción están eliminando puestos de trabajo ante la caída de la actividad. Pero 0o que sí llama la atención, o al menos es un elemento nuevo en el siempre tan atípico paisaje de la economía, es que eso ocurra mientras el nivel general de actividad está en valores récord. Es decir, la economía argentina cerró el año pasado en máximos.
Las cifras oficiales dejan en claro que la economía argentina avanza con una dinámica de doble velocidad. Por un lado, los sectores primarios y financieros se consolidan como motores del crecimiento. La agricultura, impulsada por una campaña de trigo excepcional, registró un salto interanual del 32,2% en diciembre. La minería, con un incremento del 9,1% y exportaciones que superaron los US$ 5.900 millones, reforzó su rol como sostén de las economías regionales gracias al auge del oro, la plata y el litio. La intermediación financiera, por su parte, también mostró su mejor desempeño desde 2020, con picos de actividad en la segunda mitad del año, aunque ya aparecen señales de tensión en el crédito y el consumo por las tasas elevadas. Eso en el marco del “boom Vaca Muerta”, que genera en Nequen indicadores positivos de todo tipo (en materia de actividad, empleo y creación de nuevas empresas). En conjunto, la división El sector de electricidad, gas y agua mostró un crecimiento de 10,7% interanual.
En contraste, señala un informe reciente de la Fundación Libertad y Progreso, los sectores intensivos en empleo y orientados al mercado interno siguen sin recuperar terreno. La industria manufacturera cayó 3,9% en diciembre, arrastrada por el retroceso del sector automotriz, que pese a un fuerte aumento en las ventas internas no logró traducirlo en producción local. La construcción apenas creció 0,3%, mientras el comercio minorista y mayorista retrocedió 1,3%. El consumo de bienes y servicios, además, inició 2026 con una baja del 0,8% interanual y acumula tres meses consecutivos de caída.
El resultado es una economía que se expande sobre una base estrecha: el dinamismo proviene de sectores con fuerte exposición a precios internacionales y con menor capacidad de generar empleo masivo, mientras las ramas que sostienen la demanda interna y la ocupación aún atraviesan un proceso de estabilización y, eventualmente, de uan reconversión que se vislumbra lenta.