La acumulación de reservas volvió al centro de la estrategia económica en el arranque de 2026, luego de que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) acelerara sus compras de dólares tras el salto de la inflación de diciembre.
El movimiento se dio en un contexto delicado: la suba mensual del índice de precios al consumidor, que alcanzó el 2,8%, obligó a recalibrar la política monetaria sin abandonar uno de los principales objetivos del programa económico: fortalecer la posición externa.
Durante la segunda semana de enero, el BCRA compró US$ 187 millones en una sola rueda, el mayor monto desde la puesta en marcha del nuevo esquema monetario. En apenas seis jornadas consecutivas, la autoridad monetaria acumuló más de US$ 270 millones, una dinámica poco habitual para esta época del año y que marcó una señal clara al mercado.
Según la visión oficial, el proceso de compra de divisas busca acompañar una mayor demanda de pesos en un escenario de menor incertidumbre, sin recurrir a mecanismos de esterilización agresivos.
Desde el Gobierno explican que la estrategia apunta a recomponer reservas de manera genuina, apoyándose en la remonetización gradual de la economía.
Con una base monetaria que parte de niveles históricamente bajos, el BCRA considera que la expansión de la demanda de dinero permite comprar dólares sin generar presiones inflacionarias inmediatas. @@FIGURE@@
“La estrategia de acumulación de reservas para 2026 se sustenta en el proceso de re-monetización de la economía. Con una base monetaria partiendo de niveles históricamente bajos (4,2% del PIB), el equipo económico estima que el regreso a niveles cercanos al 4,8% generará una demanda genuina de pesos que el BCRA deberá abastecer mediante la compra de divisas”, relataron desde IOL.
“Bajo este esquema, se proyecta una capacidad de compra de entre US$ 7.000 y US$ 10.000 millones anuales sin necesidad de esterilización, validando el saneamiento del patrimonio de la entidad. Vale aclarar que las compras pueden ser llevadas a cabo por el Tesoro de igual manera”, añadieron.
En ese marco, la entidad monetaria priorizó reforzar su hoja de balance incluso después de un dato de inflación que interrumpió, al menos transitoriamente, el proceso de desinflación.
El giro no pasó inadvertido entre los analistas. Algunos advierten que la decisión de acelerar la compra de reservas introduce una tensión clásica en la política económica argentina.
Como sintetizó el economista Andrés Neumeyer, “la inflación corre a un ritmo anualizado cercano al 40%, lo que plantea un dilema: acumular reservas con un piso implícito al tipo de cambio nominal o comprar menos dólares y permitir una mayor apreciación del peso”.
En un esquema cambiario más flexible, el hecho de que el BCRA sea comprador neto funciona como señal de fortaleza financiera y reduce la percepción de fragilidad externa, uno de los principales factores detrás de episodios recurrentes de inestabilidad.
En ese sentido, la política de compras busca anticiparse a eventuales shocks y fortalecer la credibilidad del programa económico. @@FIGURE@@
En paralelo, el Tesoro Nacional acompañó el movimiento del Central con un ajuste al alza de las tasas en pesos. En la última licitación, logró renovar cerca del 98% de los vencimientos, ofreciendo rendimientos más elevados para los instrumentos de corto plazo.
Las tasas llegaron a niveles cercanos al 49% anual, con promedios en torno al 35%, una señal orientada a sostener la demanda de activos en moneda local y reducir presiones dolarizadoras.
Este esquema coordinado refuerza la idea de que la compra de reservas no es un fenómeno aislado, sino parte de una arquitectura más amplia. Mientras el BCRA acumula dólares en el mercado oficial, el Tesoro busca absorber pesos vía tasas más altas, intentando equilibrar la expansión monetaria derivada de las compras de divisas.
El desafío es evitar que este mecanismo derive en un endurecimiento excesivo de las condiciones financieras que complique la recuperación de la actividad.
Desde una mirada estructural, los informes económicos recientes coinciden en que la dinámica de reservas será el principal driver macro de 2026. La capacidad del Banco Central para sostener compras dependerá tanto del flujo de exportaciones (con la cosecha gruesa como factor clave) como del comportamiento de la cuenta financiera y la confianza del mercado en la consistencia del programa.
Para los ejecutivos de Portfolio Personal Inversiones, la condición sine qua non para que se compren los US$ 10.000 millones estimados es que la cuenta financiera muestre inflows elevados y sostenidos.
“Al respecto, el grado de formación de activos externos (FAE) del retail será determinante para el objetivo. Si bien septiembre y octubre fueron outliers, también lo fue noviembre. Una demanda de billete para atesoramiento crucero como la de agosto equivale a US$ 14.556 millones anuales. Como referencia, el atesoramiento de billete del retail más bajo de la era Macri fue US$ 10.976 millones en 2016”, detallaron.