La posibilidad de flexibilizar todavía más el acceso al crédito en dólares comenzó a ganar espacio en la agenda del Banco Central. El presidente de la entidad, Santiago Bausili, sostuvo que “vale la pena debatir o considerar algunas flexibilizaciones adicionales” al esquema vigente, una señal que podría abrir la puerta a una mayor utilización de los depósitos en moneda extranjera para financiar al sector privado.
El debate parte de una particularidad estructural de la Argentina: los ahorristas mantienen una fuerte preferencia por el dólar, pero una parte significativa de esos fondos permanece dentro del sistema financiero sin transformarse en crédito productivo.
Actualmente, los depósitos en dólares rondan los US$ 40.000 millones, mientras que los préstamos en esa moneda se ubican en torno de los US$ 22.000 millones. La brecha muestra que existe un volumen considerable de capacidad prestable que podría ampliarse si se modifican las restricciones regulatorias.
La discusión no implica, sin embargo, habilitar un mercado de crédito en dólares sin controles. La regulación argentina mantiene desde la crisis de 2001 el principio de que los bancos deben prestar moneda extranjera fundamentalmente a quienes tienen capacidad de generar divisas. El objetivo histórico fue evitar que una devaluación deteriorara simultáneamente la capacidad de pago de los deudores y la solvencia de las entidades financieras.
Pero ese esquema comenzó a ser revisado. A comienzos de junio, el BCRA permitió que los bancos otorguen préstamos en dólares a empresas que no son exportadoras, siempre que cuenten con una garantía en moneda extranjera otorgada por una compañía exportadora con capacidad de pago.
Federico Filippini, economista jefe en Adcap Grupo Financiero, relató que el objetivo del BCRA con la última modificación en la normativa fue favorecer la expansión del crédito en un escenario en el que la oferta monetaria en pesos está restringida.
"En particular, el Gobierno enfrenta la disyuntiva entre motorizar el rebote de la economía y erosionar los anclas nominales que limitan la inflación. Desde la perspectiva del Gobierno, el crédito en dólares podría resultar como una diagonal que permita sortear dicho trade-off", indicó el ejecutivo.
Para Gustavo Araujo, líder de Investigación en Criteria, la flexibilización tiene sentido siempre que se mantenga algún mecanismo de cobertura frente al riesgo cambiario. “La restricción anterior era particularmente conservadora y limitaba el uso de los depósitos en dólares para financiar proyectos de empresas que, aun teniendo activos o garantías dolarizadas, no necesariamente generaban todo su flujo en moneda extranjera. La nueva normativa permite ampliar ese universo, siempre que existan garantías en dólares de terceros con capacidad de pago”, indicó.
En este punto aparece uno de los principales desafíos del nuevo esquema: el descalce de moneda. Una compañía que obtiene sus ingresos principalmente en pesos pero toma deuda en dólares queda expuesta a una eventual depreciación de la moneda. Si el peso pierde valor con rapidez y la empresa no cuenta con suficientes activos dolarizados, su capacidad de repago puede deteriorarse de manera significativa.
El problema comienza en el balance del deudor, pero podría trasladarse al sistema financiero si la exposición de los bancos aumenta demasiado o se concentra en determinados sectores, empresas o grupos económicos. Por eso, Araujo plantea que el debate no debería centrarse solamente en si flexibilizar o no, sino en cómo se estructura y distribuye el nuevo crédito en dólares.
“Más que cuestionar la flexibilización per se, el punto central es cómo evoluciona la composición del crédito en dólares. En otras palabras, observar quiénes son los nuevos tomadores, qué proporción de sus ingresos está dolarizada, qué calidad tienen las garantías y qué concentración existe por banco y por deudor", sostuvo Araujo.
La discusión adquiere relevancia porque Bausili considera que la regla heredada de la crisis de 2001 pudo haber protegido al sistema de un riesgo de descalce, pero también contribuyó a mantener un sistema financiero extremadamente pequeño. El titular del BCRA planteó que existen otros países con economías bimonetarias que utilizan marcos prudenciales capaces de canalizar el ahorro en moneda extranjera hacia la actividad productiva.
En ese sentido, una mayor flexibilización podría tener un efecto positivo sobre la inversión. Permitir que una porción mayor de los dólares depositados en los bancos se transforme en préstamos implica convertir ahorro en financiamiento, especialmente para empresas que necesitan capital para expandirse, importar bienes de capital o desarrollar proyectos de inversión.
El escenario, además, está lejos de reproducir automáticamente las condiciones que desembocaron en la crisis de 2001. La regulación actual no habilita a los bancos a prestar dólares indiscriminadamente. A eso se suma que el crédito en dólares parte de niveles relativamente bajos y que el financiamiento bancario total al sector privado continúa siendo moderado en términos históricos.
Otro dato relevante es que los bancos probablemente prioricen el crédito corporativo antes que los préstamos en dólares a personas físicas. Bausili explicó que la jurisprudencia argentina genera mayor incertidumbre para las entidades cuando una persona enfrenta dificultades para pagar una deuda en moneda extranjera luego de una devaluación. En cambio, las obligaciones asumidas por empresas presentan, en general, un marco de cumplimiento más previsible.
Por ahora, la flexibilización aparece como una oportunidad antes que como una amenaza. El desafío será encontrar el punto de equilibrio entre aprovechar los dólares que ya están dentro del sistema financiero y evitar que el crecimiento del crédito genere un nuevo riesgo de descalce cambiario.
“Flexibilizar es razonable porque permite canalizar mejor el ahorro en dólares hacia la inversión y el crédito. El riesgo de una crisis aparece si la expansión del crédito se desacopla de la capacidad de generación de dólares o de activos dolarizados de los deudores. Por ahora, el riesgo parece absolutamente manejable si la expansión continúa acompañada por garantías, límites de exposición y una adecuada gestión de liquidez y solvencia bancaria”, finalizó Araujo.