Lo que hasta hace unos días se percibía como una jugada de riesgo por parte de Luis Caputo, terminó encontrando la validación del mercado. En una licitación clave para el programa financiero, el Gobierno logró colocar US$ 150 millones a través de su nuevo título en moneda extranjera, diseñado específicamente para afrontar los pagos de capital e intereses que vencen en julio.
La respuesta de los inversores fue masiva, superando las proyecciones iniciales. Este resultado le permite al Palacio de Hacienda no sólo captar la liquidez necesaria, sino también enviar una señal de confianza en un momento donde el Riesgo País había mostrado signos de volatilidad.
El dato que más celebraron en la Secretaría de Finanzas fue la tasa de corte. A diferencia de lo que sugería la curva de los bonos en el mercado secundario, la licitación arrojó un rendimiento por debajo de lo previsto. La demanda superó ampliamente la oferta inicial, permitiendo al Gobierno seleccionar las ofertas más competitivas.
El mercado valida el rumbo
La colocación ocurre en un contexto donde el mercado monitorea de cerca la capacidad de pago y la acumulación de reservas. Con esta operación, Caputo logra un doble objetivo: asegura el fondeo para julio y comprime las tasas de interés, lo que podría traducirse en una mejora para el resto de la curva soberana en las próximas ruedas.
El foco de los inversores se desplaza ahora hacia la evolución de la brecha cambiaria y la consolidación del superávit fiscal, pilares que sostienen la estrategia del Ejecutivo.