Cómo el año más caótico de Elon Musk terminó consolidando su poder político y económico en Washington
Los errores de gestión, los escándalos públicos y una imagen cada vez más desgastada no impidieron que el empresario más polémico de Estados Unidos saliera fortalecido: consiguió cargos clave en el gobierno, esquivó responsabilidades y se aseguró un pago récord de Tesla.

Alan Ohnsman Colaborador

Que el que probablemente haya sido el año más desquiciado y extravagante de Elon Musk terminara con los accionistas de Tesla aprobando su gigantesco paquete salarial es una buena muestra de que, en Silicon Valley, las consecuencias suelen quedar en la teoría y la paciencia de quienes invierten parece renovarse cada año.

Los cientos de millones de dólares que Musk destinó a la campaña presidencial de Donald Trump en 2024 dieron sus frutos. Se ganó su gratitud y un lugar destacado en el Gobierno. En enero lo nombraron al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), un nombre eufemístico para el organismo que dirige un grupo de técnicos —en su mayoría jóvenes y aficionados— encargados de revisar el presupuesto federal en busca de despilfarros. Durante un tiempo, su presencia constante junto a Trump en las reuniones de la Oficina Oval lo convirtió en una especie de copresidente.

Aunque Tesla, la empresa que sostiene su fortuna de US$ 745.000 millones, sufrió en 2024 su primera caída anual en la venta de autos eléctricos, Musk insistió en que los avances en inteligencia artificial, robótica y, sobre todo, en autos autónomos, podrían hacer que algún día se transforme en la compañía más valiosa del mundo.

En pocas semanas, todo se volvió previsiblemente complicado.

Los recortes impulsivos de DOGE en los presupuestos y en el personal de distintas agencias apenas lograron una fracción mínima del ahorro de US$ 2 billones que Musk había prometido. Algunas estimaciones hablan de apenas US$ 1.400 millones, y otras directamente de ningún ahorro. Además de impopulares, estas medidas generaron efectos contrarios a los buscados. En lugar de reducir el gasto, algunas proyecciones indican que sumaron US$ 21.700 millones en costos adicionales en el corto plazo, y mucho más en los próximos años por la caída en la recaudación tras los recortes al IRS impulsados por DOGE. Según Yale Budget Lab, en una década la pérdida fiscal podría alcanzar los US$ 2,4 billones.

A eso se sumó la eliminación de USAID, la agencia que durante décadas llevó alimentos y medicamentos a las regiones más pobres del mundo. Según un estudio de Harvard, la medida ya provocó cientos de miles de muertes. Fue un golpe de imagen especialmente negativo.

“La imagen del hombre más rico del mundo matando a los niños más pobres del mundo no es agradable”, dijo Bill Gates al Financial Times.

A pesar de sus similitudes —la falta de control de impulsos, la adicción a las redes sociales y una predilección desafortunada por los comentarios públicos ofensivos—, el hombre más rico del mundo y el presidente de Estados Unidos se cansaron rápido el uno del otro. Musk se alejó del círculo íntimo de Trump en mayo con una rabieta grosera que empezó con ataques a la llamada Ley de Presupuesto Único, Grande y Hermoso, terminó con acusaciones sobre el vínculo de Trump con los archivos de Epstein e incluyó planes disparatados para crear un partido político rival que, como era previsible, nunca existió. Dos meses más tarde, el millonario volvió a buscar el favor del presidente. @@FIGURE@@

Aunque la fortuna de Musk alcanzó su punto más alto, su reputación personal siguió un rumbo muy distinto. A la indignación que generó el escándalo de DOGE se sumó el gesto de estirar los brazos que repitió dos veces durante la fiesta de investidura de Trump en enero, y que muchos interpretaron como un saludo nazi. Musk lo negó, pero no hay dudas de que incrementó su respaldo a políticos europeos de extrema derecha y antiinmigrantes. También promovió publicaciones en su red social X que reflejan posturas propias de la supremacía blanca. En particular, alienta el miedo al crecimiento de la población no blanca.

Sus ataques contra la empatía, su aparición con una motosierra en un acto político conservador en febrero y su supuesto consumo de drogas tampoco contribuyeron a mejorar su imagen. "Es un consumidor declarado de ketamina", declaró Susie Wiles, jefa de gabinete de Trump, a Vanity Fair.

Pero nada de eso afectó ni a sus seguidores ni a la junta directiva de Tesla. En noviembre, le aprobaron un paquete salarial por diez años con un valor potencial récord de un billón de dólares. Y todavía hay más dinero en el horizonte: en 2026, podría recibir una ganancia extraordinaria si SpaceX avanza con una oferta pública inicial que valore a la compañía de cohetes en US$ 800.000 millones. De concretarse, probablemente se convierta en el primer billonario del mundo mucho antes de cobrar el nuevo y multimillonario pago en acciones de Tesla previsto para 2035.

Un CEO polémico

Musk no fue el primer CEO en quedar asociado de forma directa con la identidad de su empresa. Richard Branson con Virgin y Steve Jobs con Apple lo lograron mucho antes de que él apareciera en escena. Tampoco fue el primero en generar reacciones divididas por sus opiniones sobre política, temas sociales o incluso acusaciones de racismo. Así lo explicó Andy Wu, profesor de estrategia empresarial en la Escuela de Negocios de Harvard, que recordó casos como el de Henry Ford.

La diferencia, según explicó, es que "Henry Ford no tenía acceso a las redes sociales y no tenía que operar en un entorno mediático las 24 horas del día". Y agregó: "Las partes desagradables de su vida personal y sus creencias no eran lo suficientemente conocidas como para definir por completo su imagen pública".

Otra diferencia importante, según Gautam Mukunda, profesor de la Escuela de Administración de Yale, es la falta de voluntad de la junta directiva de Tesla para frenar los peores impulsos de Musk y así limitar el daño potencial a la empresa.

"La relación entre un director ejecutivo y la junta directiva es una colaboración", afirmó. "No es tarea de una junta directiva responsable simplemente asentir como un muñeco cabezón cada vez que el director ejecutivo les pide algo", sostuvo. "Sobre todo cuando el comportamiento del director ejecutivo es, en el mejor de los casos, errático".

Musk casi nunca pidió disculpas, pero en una entrevista reciente en un podcast reconoció que su paso por DOGE le hizo daño a Tesla y que, con el diario del lunes, no lo repetiría. "En lugar de hacer DOGE, habría… trabajado en mis empresas… y no habrían estado quemando los autos" en las protestas por el cierre de Tesla, dijo. @@FIGURE@@

Robots y robotaxis

Tesla todavía no vende los robots Optimus, pero Musk asegura que eso ocurrirá antes de que termine 2026, aunque resulta difícil medir cuánto avanzó el proyecto. La producción de lo que él describe como su "ejército de robots" está prevista en la planta automotriz de Tesla en Fremont, California. Según Musk, las unidades Optimus podrían costar apenas US$ 20.000. Sin embargo, es fácil encontrar videos que muestran sus fallas, y todo indica que todavía dependen de operadores remotos.

Por ahora, los autos, las baterías y los servicios de carga siguen siendo las principales fuentes de ingresos de Tesla. Para 2025, se espera una segunda caída consecutiva en las ventas de vehículos eléctricos, con una baja de alrededor del 6% en el tercer trimestre respecto del año anterior. La razón está en la mayor competencia —sobre todo en China— y en el rechazo que muchos compradores de autos en EE.UU. y Europa sienten hacia la marca, vinculado al respaldo de Musk a posturas y políticas de extrema derecha. En EE.UU., las ventas de la compañía durante 2025 probablemente cayeron un 8,9%, hasta 577.097 unidades, por una baja del 22% en el cuarto trimestre, según Cox Automotive.

El comportamiento de Elon Musk probablemente influyó en que Tesla sufriera la mayor caída de valor de marca entre los fabricantes de autos a nivel global en 2025, según Interbrand. La empresa se desplomó un 35 % respecto del año anterior, de acuerdo con la última encuesta de la firma de investigación con sede en Londres, que no lo señaló de manera explícita como motivo. @@FIGURE@@

Al cerrar el año, el programa de robotaxis de Tesla tampoco cumplió con lo que Musk había prometido. “Los Tesla estarán en plena actividad, sin pasajeros, en junio en Austin”, afirmó durante la presentación de resultados de la compañía, el 29 de enero. “Esta no es una situación remota ni mítica. Está literalmente a cinco o seis meses de distancia”.

Hasta ahora, los robotaxis de Tesla en Austin siguen circulando con conductores humanos de seguridad en el asiento delantero, un obstáculo que Waymo, líder en conducción autónoma, dejó atrás hace más de cinco años. De todos modos, algunos modelos de Tesla completamente autónomos, sin conductor de seguridad ni pasajeros, se vieron por primera vez en Austin a mediados de diciembre. Esa aparición impulsó las acciones de la compañía hasta un máximo histórico de US$ 489,88 el 16 de diciembre.

Mientras tanto, los investigadores federales de seguridad ampliaron una investigación en curso sobre el software de conducción autónoma completa de Tesla. Además, la compañía enfrenta una suspensión de ventas en California luego de que el Departamento de Vehículos Motorizados del estado y un juez determinaran que el uso de los términos "Conducción Autónoma Completa" y "Piloto Automático" para describir funciones de manejo parcialmente automatizado resultó engañoso para los consumidores. @@FIGURE@@

Mala bola de cristal

Durante años, quienes siguen de cerca a Elon Musk aprendieron que sus predicciones suelen fallar, y no solo cuando se trata de robotaxis o robots. En marzo de 2020, por ejemplo, su pronóstico sobre la COVID-19 fue completamente erróneo: “Basado en las tendencias actuales, probablemente cerca de cero casos nuevos [de COVID-19] en EE.UU. también para finales de abril”, tuiteó.

Las afirmaciones sobre la superioridad de Grok, el chatbot desarrollado por su empresa de inteligencia artificial xAI, también quedaron en duda tras múltiples fallas. El bot se autodenominó “Mechahitler”, difundió información falsa y racista, y aseguró que Musk estaba en mejor forma física que LeBron James y era más inteligente que Leonardo da Vinci.

The Boring Company, a la que Musk presentó como la base de un sistema futurista de transporte subterráneo de alta velocidad, acumuló infracciones ambientales en la construcción de su red de túneles para autos de baja velocidad en Las Vegas.

SpaceX, pese al entusiasmo que genera su posible salida a bolsa, aún no logró demostrar que pueda lanzar con éxito los enormes cohetes Starship, clave para el plan de Musk de colonizar Marte. Solo en el último año hizo estallar alrededor de una docena, cada uno con un costo estimado de más de US$ 90 millones.

Como ocurre con su mal comportamiento, eso no parece molestar a sus seguidores. “Las promesas de Musk nunca se cumplen en el plazo que dice”, sostuvo Wu. “Pero la razón por la que enseñamos sobre él, además de lo que entusiasma a los inversores, es su pasión por construir el futuro en lugar de exprimir el dinero del pasado”.

Esto se refleja con claridad en la oferta actual de vehículos de Tesla. El Model Y, un crossover, y el sedán Model 3 están entre los autos más vendidos del mundo, pero ambos modelos ya muestran signos de desgaste. La compañía no logró replicar ese éxito con nuevos lanzamientos. Su incorporación más reciente, el Cybertruck, resultó un fracaso, y el próximo Cybercab, anunciado para el segundo trimestre de 2026, enfrenta posibles obstáculos regulatorios y comerciales.

“Tesla está sufriendo problemas que van más allá del comportamiento de Elon”, señaló Ed Kim, presidente y analista jefe de la firma de investigación AutoPacific. “Su gama de productos se está volviendo bastante inestable. No hay nada nuevo”. @@FIGURE@@

Según Wu, abandonar la venta de vehículos personales podría no ser una mala decisión. “El mercado de vehículos eléctricos, en cuyo lanzamiento jugó un papel importante, será cada vez menos atractivo”, dijo. “Anticipábamos una gran cantidad de nuevos participantes en el sector de los vehículos eléctricos, algo que se está manifestando ahora, especialmente con las empresas chinas. Para que Tesla siga creciendo al ritmo al que los inversores se han acostumbrado, es necesario diversificarse hacia otras opciones, quizás robots humanoides o robotaxis”.

Distensión entre Trump y Musk

Por ahora, Elon Musk y Donald Trump parecen haber dejado atrás la disputa que mantuvieron durante el verano. La tregua tiene lógica: ambos pueden sacar provecho del otro. El dinero de Musk, especialmente si decide aportar a las campañas republicanas para el Congreso en las elecciones legislativas de 2026, podría resultar útil para Trump. A su vez, Musk necesita seguir contando con el visto bueno del presidente por el control federal sobre Tesla en temas de seguridad y regulación, y porque SpaceX es un contratista clave del gobierno de Estados Unidos.

El empresario atravesó momentos complicados en los últimos años. En 2018, la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) lo multó y tuvo que renunciar a la presidencia de Tesla después de afirmar falsamente que tenía la financiación asegurada para privatizar la compañía. En 2020, las restricciones sanitarias impuestas en California por la pandemia de COVID-19 lo enfurecieron, y su enojo escaló cuando calificó las medidas de seguridad como "fascistas" durante una conferencia de resultados. Esa situación motivó el traslado de la sede de Tesla de Palo Alto, California, a Austin, Texas.

Su caótico 2025 dejó una señal clara: las controversias públicas y el comportamiento errático de Musk, incluso cuando generan fuertes críticas, no modifican el rumbo de sus decisiones. Tampoco frenan el crecimiento de su fortuna ni afectan su magnetismo frente a muchos accionistas.

"Se puede argumentar a favor de las acciones meme: los inversores minoristas quieren una parte de Tesla porque quieren sentirse parte de algo", dijo Wu. "Pero ya sea que se trate de acciones meme o de crecimiento futuro, ambos requieren de Musk". @@FIGURE@@

Otros inversores expresaron su frustración por la débil supervisión que ejerce Tesla y por la falta de voluntad de su junta para ponerle límites a Musk.

"La junta directiva de Tesla, en lugar de respetar los estándares básicos de gobernanza, quiere dar luz verde a un escandaloso paquete salarial de un billón de dólares para un director ejecutivo que pasó la mayor parte del año involucrado en peleas políticas infantiles, en lugar de trabajar para crear valor para los accionistas", dijo Randi Weingarten, presidenta de la Federación Estadounidense de Maestros, que tiene acciones de la empresa en sus carteras de pensiones.

"Recompensar este comportamiento destructivo con un salario obsceno es una bofetada, no solo para los trabajadores federales que ha despedido, sino también para los jubilados cuyas pensiones están invertidas en acciones de Tesla", agregó.

Todavía no está claro si sus planes de robots y robotaxis llegarán a concretarse, aunque ya forman parte del valor de las acciones de Tesla, según el analista de Morgan Stanley, Andrew Percoco, quien hace poco bajó su recomendación sobre los papeles de la compañía y sugirió mantenerlos.

Algunos inversores y analistas todavía confían en que Musk puede transformar Tesla. Sin embargo, muchos de sus seguidores históricos y accionistas que apostaron desde el comienzo ya no lo ven con los mismos ojos.

"En mi opinión, la dirección que ha tomado se debe a que la gente ya no compra los coches", dijo Ross Gerber, director ejecutivo de Gerber Kawasaki Wealth and Investment Management, que administra unos US$ 4.000 millones, incluidos más de US$ 80 millones en acciones de Tesla. "Es fácil optar por los robots cuando nadie compra tu coche".


Con información de Forbes US.