El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó el viernes último en el Salón Oval que Argentina y Brasil estarán entre los países habilitados para cubrir el cupo extraordinario de hasta 300.000 toneladas de carne vacuna sin aranceles durante 90 días.
La medida entró en vigencia el 1 de septiembre y tiene como objetivo reforzar la oferta en el mercado estadounidense, en medio de la escasez de ganado y de los precios récord de la carne picada. El presidente republicano salió al cruce de acusaciones según las cuales la calidad de los cortes importados es deficiente y puede afectar la salud de los consumidores.
Trump dijo que el producto "viene de Argentina, viene de Brasil" y también de "un par de lugares más". Ante los cuestionamientos de ganaderos, legisladores y especialistas estadounidenses sobre la calidad y los controles de las importaciones, el mandatario aseguró que la carne es "muy limpia" y "muy buena".
Las críticas apuntaron, entre otras cuestiones, al riesgo de que un fuerte incremento de los embarques extranjeros sature las estaciones de inspección y facilite el ingreso de carne de menor calidad al mercado estadounidense. El nuevo régimen contempla un máximo de 100.000 toneladas mensuales durante tres meses, aunque la Casa Blanca no informó cuánto corresponderá a Argentina, cuánto a Brasil ni cuáles serán los demás países que participarán.
Dentro de ese esquema ingresarán recortes magros de carne vacuna, que Estados Unidos utiliza para mezclar con carne local de mayor contenido graso y producir carne picada estándar, como las variedades 80/20 o 90/10.
Argentina ya dispone de una cuota anual de 20.000 toneladas para exportar carne vacuna a Estados Unidos con aranceles preferenciales. En 2025, el país utilizó prácticamente todo ese cupo, con ventas de 19.918 toneladas.
Durante 2026, Washington sumó una ampliación excepcional de otras 80.000 toneladas, según un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. El volumen se dividió en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas y corresponde a carne magra deshuesada destinada a usos industriales.
El mismo documento indicó que los embarques argentinos dentro del cupo pagan US$ 44 por tonelada, mientras que los volúmenes fuera del cupo enfrentan una tasa del 26,4%. Las importaciones estadounidenses de carne argentina llegaron a 42.445 toneladas en 2025, el nivel más alto desde 1999.
Un análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario indicó, además, que los envíos argentinos a Estados Unidos se triplicaron durante los primeros siete meses de 2026 y representaron cerca del 20% de las exportaciones nacionales de carne vacuna.
El pedido de un empresario brasileño que precedió a la apertura para Argentina
La decisión quedó bajo mayor atención después de una reunión entre Trump y el multimillonario brasileño Joesley Batista, copropietario de JBS, uno de los mayores grupos cárnicos del mundo. Batista visitó al presidente en el Despacho Oval el 20 de agosto y le pidió una modificación en los aranceles que pagaba la carne brasileña una vez superado el cupo disponible. Al día siguiente, la Casa Blanca anunció la flexibilización y Trump formalizó la medida el 26 de agosto.
Brasil dispone habitualmente de unas 52.000 toneladas anuales en una categoría arancelaria que comparte con otros proveedores. Una vez superado ese volumen, sus exportaciones pagan un arancel del 26,4%. La medida de Trump suspende temporalmente ese costo y permite a los países incluidos en esa categoría competir por hasta 100.000 toneladas mensuales, según el orden de ingreso.
Pocos días después de la entrada en vigor del nuevo régimen estadounidense, la Unión Europea suspendió algunas importaciones brasileñas porque el país no presentó las garantías exigidas sobre el uso de antimicrobianos en animales, una medida vinculada a las normas del bloque que buscan reducir la aparición de bacterias resistentes que pueden transmitirse a las personas a través de los alimentos, el contacto directo o el ambiente.
Las dudas por los controles sanitarios
La carne argentina también apareció recientemente en las discusiones sobre los controles. Unas 30.000 libras, equivalentes a cerca de 13,6 toneladas, ingresaron a Texas y a Florida sin la inspección de los trabajadores estadounidenses.
En agosto, China rechazó un cargamento de 22 toneladas de carne vacuna argentina después de que inspectores encontraron evidencia de contaminación con cloranfenicol. Ese antibiótico está estrictamente prohibido en animales destinados a la producción de alimentos según los estándares estadounidenses.
Estos antecedentes formaron parte de las preocupaciones planteadas en Estados Unidos ante la apertura temporal, junto con las advertencias sobre una posible saturación de las estaciones de inspección.
Por qué Estados Unidos abrió las importaciones
La decisión llega en un momento de fuerte escasez de ganado en Estados Unidos. El stock cayó al nivel más bajo en 75 años, tras varios años de sequía severa y escasez de agua en los principales estados productores. Esa menor disponibilidad impulsó los precios de la carne picada a máximos históricos y llevó a grandes procesadoras, entre ellas Tyson Foods, a cerrar o reducir la capacidad de algunas plantas.
Trump prometió que la carne importada llegará a los consumidores con un descuento del 25%. Sin embargo, los especialistas consideran improbable que el aumento de las importaciones tenga un impacto significativo en la oferta o en los precios.
La medida también recibió críticas de legisladores republicanos, representantes de estados agrícolas y asociaciones de ganaderos, quienes sostuvieron que las compras externas perjudicarán a los productores estadounidenses y cuestionaron los estándares de seguridad alimentaria de otros países.
En paralelo, Trump firmó el viernes dos órdenes ejecutivas vinculadas a la producción de carne. Una permite a ganaderos y agricultores sacrificar, procesar, envasar y vender sus propios productos. La otra exige el etiquetado del país de origen en toda la carne vacuna importada.
Los ganaderos de algunos estados rechazaron las reglas que facilitan el procesamiento propio y defendieron el actual sistema federal de inspección como una herramienta para proteger la salud pública y la confianza de los consumidores. Al mismo tiempo, reclamaron que la carne importada de menor precio muestre con claridad su procedencia. Los consumidores pueden identificar un producto exclusivamente estadounidense mediante etiquetas como "Producto de EE. UU.", "Hecho en EE. UU." o "Nacido, criado y cosechado en EE. UU.". También pueden revisar el sello ovalado de inspección del Departamento de Agricultura, cuyo número permite identificar la planta en la que se procesó la carne.
*Con información de Forbes.com.