La propuesta del Gobierno para reformar la Carta Orgánica del Banco Central comienza a instalarse como uno de los factores que más atención despiertan entre los inversores internacionales. Para JP Morgan, el proyecto no solo representa un cambio institucional de peso, sino que también podría convertirse en el catalizador que permita reducir el riesgo país, fortalecer la confianza y cerrar parte del descuento con el que todavía cotizan los activos argentinos.
En un informe reservado para sus clientes dedicado a la estrategia de inversión de acciones de América latina, la entidad sostiene que la iniciativa, que el Poder Ejecutivo prevé enviar al Congreso antes de septiembre, apunta a redefinir el funcionamiento del Banco Central bajo estándares similares a los de otras economías. El proyecto contempla otorgarle un único objetivo, preservar el valor de la moneda, impedir que financie de manera directa o indirecta al Tesoro y reforzar su independencia mediante nuevas reglas para la designación y remoción de sus autoridades.
Para el banco estadounidense, la importancia de la reforma trasciende el plano institucional. La independencia de la autoridad monetaria es vista como un elemento indispensable para consolidar la estabilidad macroeconómica y reducir uno de los principales factores de incertidumbre que históricamente condicionaron a la economía argentina. En ese sentido, considera que un Banco Central con menor influencia política y sin capacidad para financiar déficits fiscales contribuiría a mejorar la percepción de riesgo de los inversores.

Ese cambio de percepción, sostiene JP Morgan, todavía no está plenamente reflejado en las valuaciones del mercado local. El informe destaca que el índice Merval opera actualmente en torno a 9,3 veces ganancias (P/E), un nivel considerablemente inferior a las aproximadamente 15 veces registradas durante la administración de Mauricio Macri. Esa diferencia es interpretada como una señal de que las acciones argentinas aún conservan margen para una expansión de múltiplos si el proceso de reformas logra consolidarse y mejora el acceso del país al financiamiento.
Sin embargo, la entidad también introduce un matiz relevante. Advierte que la aprobación de una nueva ley no garantiza por sí sola un cambio estructural. El verdadero desafío será demostrar que las nuevas reglas pueden sostenerse en el tiempo y que futuros gobiernos respetarán la autonomía del Banco Central. La historia económica argentina, marcada por reiterados cambios de rumbo en la política monetaria, hace que los inversores otorguen un peso especial a la capacidad de implementar y mantener las reformas más allá de su aprobación legislativa. A ese interrogante se suma el frente político. El oficialismo no cuenta con mayoría propia en el Congreso y necesitará construir acuerdos con distintos bloques para convertir el proyecto en ley. Ese proceso podría derivar en modificaciones al texto original o demorar su tratamiento, factores que el mercado seguirá de cerca durante los próximos meses.
En ese entido, el mensaje general es que el mercado argentino ya no observa únicamente la evolución de la inflación o el resultado fiscal. La calidad institucional, la previsibilidad de las reglas y la credibilidad de la política económica comienzan a ocupar un lugar cada vez más relevante en la evaluación de los activos locales. Si la reforma logra avanzar y, sobre todo, consolidarse en el tiempo, el banco considera que podría transformarse en uno de los principales impulsores de una nueva etapa de revalorización para la Bolsa argentina.