De los creadores de la serie de suspenso "¿Dónde está el oro?" —y su versión inicial "Se robaron el oro"— llegó la semana pasada al mercado y a los medios una nueva saga, bastante más sofisticada, que otra vez pone en el centro de la polémica el manejo de las reservas de oro por parte del Banco Central. El nuevo hit se titula "El Banco Central perdió plata por timbear con el oro" y, si bien es mucho menos ambicioso que los anteriores ya que desiste del intento de instalar la idea de que el ministro de Economía, Luis Caputo, y el titular de la autoridad monetaria, Santiago Bausili, literalmente se quedaron con los lingotes de oro que integran una gran parte de las reservas netas del BCRA, también resulta mucho más efectivo.
La razón es sencilla: la acusación es fácil de entender, mientras que la explicación es literalmente "mucho más compleja", como suelen ser las finanzas.
El nuevo episodio se inició con el informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) sobre los estados contables del Banco Central al cierre de 2025, que puso la lupa sobre las operaciones con derivados vinculados al metal precioso, consignando que arrojaron una pérdida de USD 1.023 millones. El mismo informe resaltó la ganancia contable por revaluación del oro físico en las reservas, aunque diferenció de ese total el resultado de la operación de cobertura.
Aunque ambos conceptos son indisociables, ya que dependen de la variación de la cotización del oro, la AGN hizo esa distinción metodológica: por un lado, destacó el efecto de los contratos de derivados (que se liquidan en dólares y generaron un saldo negativo, ya que el evento —la caída del precio— del que protegían esos contratos no ocurrió), y por otro, la valorización positiva del stock de oro por la suba internacional del precio. Es decir, el documento oficial reconoce la ganancia patrimonial. Sin embargo, la distinción dio lugar a una picardía política.

En base al informe, el titular de la AGN, Juan Manuel Olmos, consideró en un posteo en X que "el Banco Central perdió más de mil millones de dólares en operaciones de cobertura con oro. Un error de cálculo que compromete reservas estratégicas", al tiempo que señaló que nunca antes se habían usado reservas físicas de oro en "operaciones de riesgo de esa magnitud". Antes de asumir en la AGN —cargo destinado a la oposición política— Olmos fue vicejefe de Gabinete de Alberto Fernández hasta diciembre de 2023, período que coincidió con la gestión de Sergio Massa en el Ministerio de Economía, desde donde se administró el esquema de las SIRAS para acceder a los dólares del Banco Central, ahora investigadas en la Justicia, y con Miguel Pesce al frente del Central. Pesce intervenía en el mercado vendiendo bonos en dólares al 20% de su precio nominal, operatoria a la que destinó una tenencia de US$ 4.300 millones, entre otras maniobras extremas para evitar una devaluación. En ese momento, la entidad tenía reservas netas negativas por más de US$ 11.000 millones, una deuda comercial mayor a los US$ 58.000 millones y controles cambiarios que generaban una brecha del 200%, lo que abrió oportunidades para muchos cambistas que también se investigan en los tribunales. Olmos cuestionó la transparencia de la gestión actual del Banco Central.
Pese a lo provocador del asunto —hasta intervino el expresidente del Banco Central durante el último tramo de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, Alejandro Vanoli, célebre por el festival de "dólar futuro" de fines de 2015—, la reacción oficial buscó cierta mesura para evitar hacer crecer aun más una batalla casi perdida.
La respuesta del Banco Central apuntó a explicar cómo funciona la operatoria de cobertura y que su resultado debe interpretarse en el marco del resultado patrimonial neto. En esa línea, al sumar la ganancia patrimonial de US$ 3.500 millones por la suba del metal, el saldo neto de la operación fue positivo en US$ 2.505 millones. El objetivo, se indicó, era que la cobertura funcionara como un seguro frente a la volatilidad del precio del oro para proteger las reservas en un contexto de incertidumbre global.

Con un tono menos técnico pero mucho más comprensible, el viceministro de Economía, José Luis Daza, contraatacó: "Para esta gente, comprar seguro contra incendio de tu casa es un error si la casa no se incendia", dijo, e insistió en que la cobertura fue lo correcto, además de calificar las críticas como "brutalidades".
El impacto en el mercado fue nulo, aunque sí provocó una encendida discusión en redes con un amplio abanico de expertos le quitó entidad a la discusión. Por caso, Javier Timerman, socio de AdCap, consideró que "el tema de la cobertura del oro es una discusión técnica que tienen todos los bancos centrales del mundo: diversificar o no las reservas. Cuánto diversificar. Si decidís diversificar, siempre vas a tener costos y/o beneficios. No hay delito. ¿Se podría haber ganado más? ¿Menos?", planteó. "Tener más oro, menos oro, comprar otros activos; todas son decisiones propias de todos los bancos centrales del mundo", agregó.
Más ambiguo, el ex titular del BCRA, Martín Redrado, cuestionó técnicamente algunos aspectos de la operatoria, como los precios contemplados y una cobertura que, a la postre, se demostró "inoportuna" porque, según dijo, "era evidente" que el oro iba a subir y no bajar. Aun así, evitó hablar de especulación y lo consideró un error de "cálculo técnico".
Pero la discusión excede lo técnico. De hecho, lo técnico no importa. El plano del debate es político, tal vez equiparable a la discusión por la deuda que le valió a Caputo el mote de "endeudador serial". Desde que asumió, el Gobierno no logra salir a colocar deuda en Wall Street, por lo que los debates sobre el oro fungen como un buen sustituto. Incluso brilla más.