Latas de atún, indumentaria o caños de acero sin costura, no importa el rubro y tampoco los protagonistas. De Paolo Rocca a Marcos Galperín y hasta cualquier empresario pyme del conurbano bonaerense, el shock que implica el cambio de modelo hacia una economía más abierta y flexible descoloca incluso a los más aguerridos defensores de las políticas libertarias.
El debate es “culturalmente” profundo para los argentinos. Se le superponen varias capas: la más básica, la de un comercio exterior normalizado, lejos de las insólitas y poco transparentes restricciones que rigieron hasta hace apenas 2 años, y con un sesgo mucho más aperturista respecto de las últimas dos décadas. Varios informes coincidieron en los últimos días en señalar el veloz crecimiento de importaciones aunque en algunos casos comparan -intencional o distraídamente- con 2023. Las cifras son abrumadoras.
Uno de los informes fue elaborado por la consultora Equilibra, de Diego Bossio y Martín Rappetti. Advierte sobre un dato preocupante: de un total de 26 sectores, sólo 8 lograron ganar mercado compitiendo con los importados aun cuando, como en el caso de la pesca, el tabaco o la extracción de mierales, la producción local haya caído. Los 18 sectores restantes, en tanto, perdieron mercado según Equilibra, “contra bienes importados”. En 16 de ellos, cayó la producción. El segundo informe fue elaborado por el think tank cercano al kirchnerismo, CEPA, y hace foco particularmente en alimentos. Indentifica un crecimiento de 77,4% en las compras al exterior aunque en ese guarismo se incluyen tanto productos masivos como latas de atún y marcas premium de cápsulas de café o cervezas españolas. Destaca el centro de estudios que casi 300 empresas que no importaban en 2023 sí lo hacen ahora, entre ellos cadenas de supermercados.
Desde el equipo económico, el Secretario de Coordinación de Producción eligió abordar el estudio de Bossio y Rapetti. Más alla de señalar la distorsión del tercer trimestre de 2023, la falta de dólares llevó el cierre de la economía a extremos inéditos, como base de comparación, explicó que “correlación no es causalidad” . Puntualizó que hay sectores entre los señalados por el informe como el cemento que caen por otros motivos. De hecho, el cemento es casi un “no transable” ya que sus altos costos logísticos impiden su importación (o exportación). “Cae porque cae la actividad de la construcción”, aclaró. En alimentos, en tanto, si bien la importación crece, representa un porcentaje minoritario del consumo y, en ese rubro, la producción local aumentó comparando con 2023. El análisis es inagotable.
Asociado a eso mismo, en la Argentina se da también una discusión que está vigente en casi todos los países del mundo: ¿qué hacer con China? ¿Hasta dónde permitirle el ingreso a sus productos para bajar costos, moderar la inflación, aumentar la productividad? ¿En qué punto poner un freno antes de que arrase con producción local? Y la cuestión de fondo, claro: ¿se puede realmente competir con China?
Desde el ámbito textil, tal vez el rubro más afectado por las importaciones particularmente desde las plataformas Shein y Temu, el titular de la Cámara Argentina de la Indumentaria, Claudio Drescher (ex dueño de Vitamina y Jazmín Chebar), lo descarta de plano. “No se puede. Nadie puede competir con China”.
El propio dueño de Mercado Libre parece estar comprobándolo. La empresa presentó una denuncia en la Secretaría de Comercio por publicidad engañosa contra Temu, que recurrió a la Justicia y ahora serán los integrantes de la Corte Suprema quienes deberán decidir (y sentarán precedente) sobre la espinosa cuestión de los límites a la apertura comercial. Que de eso se trata en definitiva.

Con distinta suerte pero el mismo trasfondo, desde una industria más pesada, la del acero y los tubos con y sin costura, Paolo Roca, experimenta sinsabores similares. Desde hace meses viene advirtiendo sobre el avance chino, no en vano. Acaba de perder por precio a manos de una compañía india, Welspun, una licitación para proveer los caños en la construcción de un gasoducto en Vaca Muerta. Aunque la compulsa internacional era privada -con la participación minoritaria de YPF-, su resultado se transformó en una cuestión de Estado por varios motivos: en principio, por lo inédito dado el calibre de Tenaris, candidato “natural” y proveedor exclusivo hasta ahora de ese insumo clave. Se asume que por su condición de empresa líder a nivel mundial pero sobre todo, por su carácter de “nacional”, lo que dicho sea de paso quita el sentido a un llamado internacional.
En segundo lugar, por que ese resultado fue posible al amparo del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones en el que está inscripto el proyecto en cuestión y que, precisamente, facilita la importación de insumos. Finalmente, por la reacción de la propia empresa, que hizo trascender una posible denuncia de dumping ya que, según adujo, Welspun utilizaría chapa china en la fabricación de los caños, lo que abarataría “deslealmente” su costo.
Al margen que desde la embajada india descartaron ese tipo de prácticas y aseguraron que los insumos son propios y que el precio es bueno porque tienen “buena productividad” y “salarios algo bajos”, el amague fuera de micrófonos de Techint, que pocos dentro y fuera del Gobierno creen se traducirá en una presentación concreta, le sirvió para instalar con fuerza el debate respecto del equilibrio entre productividad a lo Mario Draghi (lo que sea necesario o “whatever it takes” en su versión original) y empleo y desarrollo de la industria local, contra lo que precisamente atentaría la participación de la empresa india. O de cualquier otra de las 5 compañías extranjeras que presentaron ofertas más económicas que la de Tenaris.

Pero también sirvió al Presidente para jugar con la carta que más domina, la de la confrontación y polarización vía mensajes extremos, agresivos, pero claros y muy asimilables. Javier Milei aprovechó la oportunidad para escribir un episodio más en la saga de la batalla cultural.
En ese campo, para ambas partes, los datos importan poco. La denuncia de dumping -vender en otro mercado un producto determinado por debajo del precio del país de origen- es prácticamente inviable antes de consumada la importación. Al menos no se conoce ningún antecedente serio. “Sería un anti dumping preventivo, lo cual suena bastante disparatado legalmente. Típicamente, se empieza a importar un producto con dumping, hay una denuncia, se inicia una investigación y luego se pone una medida. Pero esa investigación tarda un año”, explican los expertos quienes además destacan la contradicción de la regulación internacional ya que vender por debajo del precio del país de origen es una estrategia típica de todos los exportadores en el mundo para ganar nuevos mercados.
Al mismo tiempo, para ser concedida una medida, se debe probar “daño y causalidad”. Es decir que esa importación es la que está generando un daño a un sector o empresa en particular. Difícil de probar en el caso de Tenaris: la empresa facturó US$ 12.000 millones, de los cuales la mayor parte provienen de sus plantas en el país. La licitación en disputa involucra poco más de US$ 200 millones (US$ 250 en el caso de la propuesta rechazada de la empresa de Rocca). La mayor parte de la producción local, además, se destina a exportación a países en los que el grupo compite con buenos resultados.
El desafío, en cualquier caso, no es menor. Por delante se avizoran al menos tres licitaciones clave asociadas a Vaca Muerta en las que los resultados podrían volver a sorprender.