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Marilyn Monroe, 100 años después: la primera influencer global sigue facturando


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Mucho antes de Instagram, TikTok o los algoritmos que hoy transforman a desconocidos en celebridades globales, Marilyn Monroe ya dominaba una de las habilidades más valiosas del siglo XXI: su marca personal.

Cada vestido que usaba, cada peinado, cada fotografía y cada aparición pública generaban conversaciones, imitaciones y titulares alrededor del mundo. Décadas antes de que existiera el concepto de "marca personal", ella ya había entendido que el activo más valioso que poseía no era una película ni un contrato con Hollywood: era ella misma.

Por eso, a cien años de su nacimiento, Marilyn Monroe sigue siendo una de las figuras más reconocibles del planeta. Su rostro aparece en museos, campañas publicitarias, colecciones de moda, hoteles, objetos de diseño y redes sociales. Personas que jamás vieron una de sus películas pueden identificarla instantáneamente.

La historia comenzó lejos del glamour. Nacida como Norma Jeane Mortenson el 1° de junio de 1926 en Los Ángeles, atravesó una infancia marcada por la inestabilidad familiar, hogares sustitutos y orfanatos. A finales de los años 40 empezó a trabajar como modelo y rápidamente llamó la atención de la industria cinematográfica.

Hollywood encontró en ella una combinación perfecta de belleza, carisma y fotogenia. Sin embargo, detrás de la imagen cuidadosamente construida por los estudios existía una mujer mucho más compleja de lo que la cultura popular terminó recordando.

Mucho más que una rubia de Hollywood

Durante años, la industria explotó un personaje que parecía hecho a medida para la época: la rubia sensual, ingenua y siempre sonriente. Fue un papel que le dio fama mundial, pero que también terminó ocultando otras facetas de su personalidad.

Marilyn leía con voracidad, estudiaba actuación con algunos de los maestros más prestigiosos de su tiempo y mostraba un interés constante por la literatura, la psicología y la política.

Marilyn Monroe leyendo el Ulises de James Joyce
Marilyn Monroe leyendo el Ulises de James Joyce

En 1955 decidió desafiar el sistema de estudios de Hollywood: creó su propia productora, Marilyn Monroe Productions. La decisión le permitió renegociar contratos y obtener mayor control sobre los proyectos en los que participaba. Vista desde la actualidad, aquella jugada parece familiar.

Hoy en día, las celebridades, deportistas e influencers construyen empresas alrededor de sus nombres, pero Monroe fue una de las primeras figuras del entretenimiento en comprender que su imagen tenía un valor económico independiente de los estudios que la contrataban.

El artista que transformó a Marilyn en un ícono eterno

La muerte de Marilyn Monroe, en agosto de 1962, puso fin a una carrera que todavía tenía mucho recorrido por delante. Sin embargo, paradójicamente, también marcó el inicio de una segunda vida: la de ícono cultural.

Obra Marilyn, 1967, de Andy Warhol, el 10 de octubre de 2007 en Londres (Photo by Peter Macdiarmid/Getty Images)
Obra Marilyn, 1967, de Andy Warhol. National Portrait Gallery, 10 de octubre de 2007, Londres (Photo by Peter Macdiarmid/Getty Images)

Pocas semanas después de su fallecimiento, Andy Warhol tomó una fotografía promocional de la película Niágara y la transformó en una de las obras más famosas del arte pop. Con colores vibrantes y repeticiones casi industriales, el artista convirtió a Marilyn en algo más grande que una estrella de cine.

Warhol entendió antes que nadie que la actriz ya no pertenecía únicamente a Hollywood. Su rostro se había transformado en un símbolo de la cultura de masas, tan reconocible como una marca global. La repetición infinita de aquella imagen ayudó a consolidar una idea que sigue vigente hasta hoy: Marilyn podía ser reproducida una y otra vez sin perder fuerza. Si Hollywood la había convertido en una celebridad, Warhol la convirtió en mito.

Entre la política, el glamour y la conspiración

Mientras se encontraba en la cima de su carrera, las especulaciones sobre su persona crecían a la par. Gran parte de ellas giran alrededor de su relación con el entonces presidente estadounidense John F. Kennedy y con su hermano Robert Kennedy.

La escena más recordada ocurrió el 19 de mayo de 1962, cuando la actriz interpretó su célebre versión de "Happy Birthday, Mr. President" durante una gala realizada en el Madison Square Garden. La presentación alimentó rumores que durante décadas ocuparon libros, documentales y artículos periodísticos.

Lo cierto es que las versiones sobre una relación sentimental nunca pudieron ser demostradas de manera concluyente. Tampoco las múltiples teorías que intentaron vincular su muerte con secretos políticos, operaciones de inteligencia o conspiraciones de Estado.

Sin embargo, el impacto cultural de esos rumores fue enorme. Contribuyeron a construir una narrativa donde el glamour de Hollywood se mezclaba con el poder político de Washington, una combinación irresistible para la imaginación colectiva. En el caso de Marilyn, la frontera entre realidad y leyenda terminó siendo tan difusa que ambas quedaron unidas para siempre.

El negocio detrás del mito: cómo Marilyn Monroe sigue generando millones

A 64 años de su muerte, la actriz sigue generando ingresos millonarios a través de licencias, acuerdos comerciales, productos de consumo, moda, cosmética, coleccionables y campañas publicitarias. Y su imagen sigue siendo una de las más rentables del universo de las celebridades fallecidas.

La administración de ese negocio quedó durante años en manos de Anna Strasberg, viuda de Lee Strasberg, el legendario maestro de actuación que heredó gran parte de los bienes de Marilyn tras su muerte en 1962.

Sin embargo, el verdadero salto empresarial llegó en 2011, cuando los derechos comerciales vinculados a la imagen de Monroe fueron adquiridos por Authentic Brands Group (ABG), la compañía especializada en gestionar algunas de las marcas más famosas del mundo. Entre ellas figuran nombres como Elvis Presley y Muhammad Ali, además de David Beckham y Shaquille O’Neal.

La operación, valuada según distintas estimaciones entre US$ 20 y US$ 30 millones, marcó un cambio de paradigma. Monroe dejó de ser administrada como un legado artístico para convertirse en una propiedad intelectual global gestionada con lógica corporativa.

El empresario canadiense Jamie Salter, fundador de Authentic Brands Group, entendió rápidamente que el valor de Marilyn no estaba en la nostalgia. Su desafío consistía en transformar una figura histórica en una marca contemporánea.

Si bien no forma parte del Top 10 de las celebridades fallecidas con mayores ingresos del mundo, según datos difundidos por Authentic Brands Group, el ecosistema de productos y acuerdos comerciales vinculados a Marilyn Monroe mueve actualmente alrededor de US$ 80 millones anuales en ventas licenciadas.

La cifra ayuda a entender por qué, seis décadas después de su muerte, siguen existiendo disputas legales, controles de propiedad intelectual y una estructura empresarial dedicada exclusivamente a proteger y expandir su legado.

Una marca que lo tiene todo

Arthur Miller y Marilyn Monroe en la casa de Miller en Roxbury, pocas horas antes de su casamiento. (Getty Images)
Arthur Miller y Marilyn Monroe en la casa de Miller en Roxbury, pocas horas antes de su casamiento. (Getty Images)

Hoy, cuando hubiese cumplido 100 años, su imagen continúa siendo una referencia estética para nuevas generaciones que jamás vieron Los caballeros las prefieren rubias ni Una Eva y dos Adanes. Y quizás por eso sigue fascinando tanto. Porque Marilyn reúne elementos que rara vez conviven en una misma figura: éxito, vulnerabilidad, glamour, tragedia, deseo, inteligencia, poder y misterio.

Hollywood la convirtió en estrella. Andy Warhol la transformó en ícono. Los negocios la consolidaron como marca. Pero fue el paso del tiempo el que terminó de hacer el resto: convertir a Marilyn Monroe en una de las pocas celebridades capaces de seguir influyendo sobre generaciones que nunca la vieron actuar.


 

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