En pleno desarrollo de “Sabor es Polanco”, uno de los encuentros gastronómicos más importantes de América Latina, Gonzalo Aramburu recibió la distinción como embajador de Marca País, un reconocimiento que excede lo culinario y se inscribe en una lógica más amplia: la de proyectar la identidad argentina en el mundo.
La mención, de carácter institucional, destacó su aporte a la proyección internacional de la gastronomía porteña, poniendo el foco en una trayectoria construida con trabajo y dedicación. No se trata de un premio más en una vitrina cargada, sino de un gesto político y cultural que posiciona a la cocina como vector de marca nacional.
“Fue un honor participar en Sabor es Polanco y agradezco profundamente esta invitación. Representar a Buenos Aires en un encuentro de esta magnitud nos permitió compartir el trabajo que realizamos en el restaurante, con foco en el producto, la técnica y la identidad, y seguir difundiendo la cultura gastronómica porteña en un escenario internacional”, afirmó Gonzalo Aramburu.
El chef llega a este reconocimiento en un momento de consolidación. Su restaurante —el único en la Argentina con dos estrellas Michelin— lo ubica en una liga donde la exigencia es constante y el margen de error, mínimo. Pero más allá de las distinciones, su cocina funciona como un lenguaje: traduce territorio en experiencia y producto en relato, con una mirada centrada en la técnica y el producto.
Su participación en el festival mexicano formó parte de una estrategia más amplia impulsada por Visit Buenos Aires para posicionar a la ciudad como capital gastronómica global. En esa narrativa, la cocina deja de ser un complemento del turismo para consolidarse en uno de sus motores principales.
La presencia argentina tuvo, además, un condimento clave: el país fue invitado de honor, lo que amplificó la vidriera internacional y permitió mostrar una oferta diversa. Junto a Aramburu, también participaron proyectos como Crizia, con su enfoque contemporáneo sobre el producto de mar, y La Cabrera, emblema de la tradición parrillera reinterpretada.
En ese cruce entre sofisticación y raíz aparece una de las claves del momento actual de la gastronomía argentina: empieza a ser leída en toda su amplitud. Como viene señalando el propio Aramburu, el sector atraviesa un momento de “visibilidad internacional inédito”, impulsado por la calidad del producto, la diversidad del territorio y una escena cada vez más consolidada. Esa lectura más amplia corre el foco de los clásicos —carne y vino— y pone en primer plano una cocina donde conviven técnica, identidad y narrativa contemporánea.
Ser Marca País
En ese contexto, la distinción de Marca País adquiere otra dimensión. El programa, impulsado por el Estado argentino, reconoce a figuras que proyectan la identidad nacional a nivel global. Entre sus embajadores figuran nombres como Lionel Messi, Manu Ginóbili, Marta Minujín y Francis Mallmann, referentes que, desde distintos campos, construyen una imagen país reconocible en el exterior.
La incorporación de Aramburu a ese grupo no es casual. Tampoco es solo un reconocimiento individual: se inscribe en un proceso más amplio, donde distintos cocineros y proyectos vienen empujando en la misma dirección para posicionar a la Argentina en el mapa gastronómico global.
Durante el evento, el chef presentó platos que condensan esa mirada: producto local trabajado con rigor y una estética que dialoga con las grandes mesas internacionales. Fue, en definitiva, una síntesis de su cocina y de lo que hoy busca mostrar Buenos Aires: excelencia sin perder identidad.
La gastronomía argentina no está empezando a hacerse visible: está entrando en una etapa de reconocimiento más amplio y sostenido. En ese mapa, el nombre de Gonzalo Aramburu se consolida como una de las referencias de la nueva cocina argentina.