Del Martini al Bloody Mary: 5 cócteles clásicos y qué vodka usar en cada uno
El 4 de octubre se celebra el Día Mundial del Vodka, uno de los destilados más consumidos y versátiles del planeta. De Polonia y Rusia a Francia, cinco cócteles permiten recorrer su historia y descubrir cuánto puede cambiar según su origen, su materia prima y la forma de elaborarlo.

Transparente, aparentemente neutro y capaz de adaptarse a casi cualquier combinación, el vodka construyó buena parte de su éxito internacional precisamente alrededor de esa versatilidad. Cada 4 de octubre tiene su Día Mundial, una celebración que se instaló en el calendario internacional de las bebidas y sirve como excusa para volver sobre un destilado mucho menos uniforme de lo que parece.

Su lugar de nacimiento sigue siendo una disputa. Polonia y Rusia sostienen tradiciones centenarias vinculadas al vodka y ambos países resultan fundamentales para explicar su desarrollo. Con el tiempo, sin embargo, la categoría desbordó Europa del Este y hoy se elabora en casi todo el mundo. Su base puede ser a partir de destilados de papa, trigo, centeno, maíz e incluso uvas.

También sobrevive una de las grandes leyendas de la historia de las bebidas. Durante décadas se repitió que Dmitri Mendeléyev, el químico ruso creador de la tabla periódica, había determinado científicamente que el vodka perfecto debía tener 40 grados de alcohol.

Si bien es cierto que Mendeléyev presentó en 1865 una tesis sobre las combinaciones de alcohol y agua, no fue el químico quien estableció esa proporción ni, mucho menos, quien inventó el vodka. Investigaciones históricas y químicas posteriores desmintieron la asociación; incluso el estándar ruso de 40 grados antecedía a ese trabajo. Un dato extra: en la actualidad, la legislación de la Unión Europea admite una graduación mínima de 37,5% de alcohol.

Lo que sí cambia —y mucho— es el resultado según la materia prima y el método de producción. Hay vodkas de centeno con mayor estructura y notas especiadas, otros elaborados con trigo que buscan un perfil más limpio, versiones aromáticas y hasta destilados franceses hechos con uvas. Esa diversidad permite elegir una botella diferente según el cóctel, en lugar de tratar al vodka como un componente neutro y completamente intercambiable.

Vodka Martini

 

Pocos cócteles exponen tanto al destilado como un Vodka Martini. La fórmula moderna combina vodka y vermut seco, generalmente con una aceituna o una piel de limón, y exige sobre todo temperatura y equilibrio. Aunque su parentesco con el Martini tradicional es evidente, las referencias escritas al Vodka Martini comenzaron a aparecer durante la primera mitad del siglo XX. Décadas después, James Bond terminó de convertirlo en un icono popular, aunque el famoso Vesper de Casino Royale es en realidad otro cóctel: combina gin, vodka y Kina Lillet, un aperitivo vínico aromatizado con quinina.

Para darle un carácter menos neutro, la elección es Żubrówka Bison Grass, uno de los vodkas más reconocibles de Polonia. Su particularidad está en la hierba de bisonte vinculada al bosque de Białowieża, que aporta aromas herbales, florales, especiados y notas que la propia marca describe como vainilla, manzana verde y almendras. Una alternativa para quien busca un Martini más aromático y personal.

Moscow Mule

 

Pocas combinaciones hicieron tanto por la expansión del vodka en Estados Unidos como el Moscow Mule. Nacido alrededor de 1941, combina vodka, ginger beer y lima y quedó inseparablemente unido a su característica taza de cobre. Su éxito tampoco fue accidental: John G. Martin, ejecutivo de la compañía que comercializaba Smirnoff, recorría bares fotografiando bartenders con una botella de vodka y la famosa taza para promocionar el cóctel y alimentar su expansión.

Acá sí tiene sentido volver directamente a Rusia con Russian Standard Original. Creado en 1998 y producido en San Petersburgo a partir de trigo ruso, tiene un perfil limpio, con notas de cereal y pimienta, que funciona particularmente bien cuando el ginger beer y la lima deben dominar el cóctel.

Cosmopolitan

 

Rosa, cítrico y asociado definitivamente con la cultura pop de los años 90 y a la serie Sex and the city, el Cosmopolitan es bastante más joven que la mayoría de los grandes clásicos. Su autoría tiene distintas versiones, pero la fórmula que terminó convirtiéndose en estándar tomó forma a finales de los años 80: vodka, Cointreau, jugo de lima y arándanos. El bartender neoyorquino Toby Cecchini elaboró en 1988 en The Odeon una de las versiones decisivas utilizando vodka cítrico, mientras que Dale DeGroff contribuyó después a popularizarlo desde el Rainbow Room.

Acá entra Cîroc, una rareza dentro del grupo por su materia prima. A diferencia de los tradicionales vodkas de cereales o papa, se elabora en Francia a partir de uvas y pasa por cinco destilaciones; la marca destaca un perfil fresco, suave y ligeramente frutado. Esa característica encuentra un buen lugar en un cóctel dominado por los cítricos y el arándano, pero además permite demostrar hasta dónde se amplió la definición moderna de vodka.

Bloody Mary

 

Si el Vodka Martini busca pureza, el Bloody Mary juega exactamente en el extremo opuesto. Vodka y jugo de tomate se combinan con limón, salsa inglesa, picante, sal, pimienta y distintas especias según la versión. Su origen también tiene zonas grises: durante mucho tiempo se atribuyó al bartender francés Fernand "Pete" Petiot, relacionado con Harry's New York Bar de París y posteriormente con el St. Regis de Nueva York, aunque investigaciones posteriores señalan que el actor y empresario George Jessel ya bebía una combinación de vodka y tomate antes de que Petiot la sofisticara.

La botella elegida tiene otra historia detrás: Beluga fue durante años uno de los símbolos internacionales del vodka ruso premium, pero hoy su geografía es diferente. En 2022, Noblewood adquirió los derechos globales de la marca fuera de Rusia y actualmente obtiene el alcohol utilizado para Beluga en su destilería de Letonia, mientras que el refinado, la mezcla y el embotellado se realizan en Montenegro.

Espresso Martini

 

El Espresso Martini tiene una de las mejores historias de la coctelería moderna. El bartender británico Dick Bradsell lo creó en el Soho londinense durante los años 80 después de que una joven clienta le pidiera una bebida capaz de despertarla y, al mismo tiempo, darle un golpe alcohólico. La identidad de aquella mujer quedó envuelta en leyendas, pero el origen del cóctel está mucho mejor documentado: vodka, espresso y licor de café, agitados para conseguir su característica superficie cremosa.

Para acompañar al café, Belvedere aporta algo de peso sin perder elegancia. Se produce en Polonia con 100% centeno orgánico polaco y agua purificada; la propia destilería describe una textura redonda y aterciopelada, con notas de vainilla, almendra y pimienta blanca. Ese mayor cuerpo le permite convivir con la intensidad del espresso y del licor de café sin desaparecer detrás de ellos.