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Liderazgo

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La ciencia revela por qué las personas más inteligentes no siempre llegan a ser los mejores líderes

Alexander Puutio

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Décadas de estudios muestran que el mérito, la experiencia y el coeficiente intelectual explican solo una parte del ascenso profesional: otros rasgos, incluso físicos y de personalidad, también influyen en quién termina ocupando puestos de poder.

26 Agosto de 2026 15.55

Los investigadores saben desde hace décadas que algo falla en la forma en que elegimos a nuestros líderes, sobre todo si creemos que el proceso está diseñado para seleccionar, de manera invariable, a los mejores candidatos para ocupar puestos de liderazgo.

El mérito sigue siendo importante y, en muchos casos, las habilidades y la experiencia resultan decisivas. Pero están lejos de ser lo único que importa. Lo mismo sucede con la inteligencia, quizás uno de nuestros atributos más valiosos, aunque su relación con el liderazgo resulta mucho más compleja de lo que uno podría imaginar.

Para entender cómo funciona este mecanismo y qué se puede hacer al respecto, primero hay que distinguir dos cuestiones que solemos tratar como si fueran una sola. Los investigadores las denominan surgimiento del liderazgo, es decir, quién resulta elegido para liderar, y eficacia del liderazgo, que se refiere al desempeño real de esa persona una vez que asume el cargo. Esa diferencia cambia casi todo.

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La inteligencia no está del todo ligada al liderazgo (Foto: Pexels)

Lo que los rasgos inmutables revelan sobre el liderazgo

Si alguna vez sentiste que hablar con ciertos líderes implica, literalmente, mirar hacia arriba, no fue imaginación tuya.

Uno de los hallazgos más firmes en este campo de investigación es la estrecha relación entre la estatura y el éxito laboral. Los investigadores descubrieron que una mayor altura se asociaba con el surgimiento del liderazgo, la estima social y el desempeño, aunque los efectos resultaron más marcados en la estima social. 

En sus estudios longitudinales, la diferencia entre una persona de 1,83 metros y otra de 1,65 metros representó cerca de US$ 166.000 en ingresos a lo largo de una carrera profesional de 30 años.

La estatura no es el único factor que influye. Los estudios sobre liderazgo político sugieren que la gente prefiere líderes físicamente más imponentes, sobre todo en situaciones de amenaza. Más sorprendente todavía, se observó que los simpatizantes perciben a sus líderes políticos como físicamente más grandes que a sus oponentes.

Incluso las voces parecen tener peso. Un estudio realizado con 792 CEO varones reveló que aquellos con voces más graves tendían a dirigir empresas más grandes, ganar más dinero y permanecer durante más tiempo en sus cargos. Si bien los investigadores tuvieron cuidado de describirlo como una asociación, el patrón resulta difícil de ignorar.

liderazgo, voz (SE PUEDE USAR) Crédito: Imagen creada con IA
La gente prefiere líderes físicamente más imponentes e incluso con una voz más grave (Foto: Imagen creada con IA)

La razón por la que cualquier investigación sobre inteligencia y liderazgo debería comenzar por este punto es que estos estudios obligan a distinguir entre lo que ayuda a una persona a convertirse en líder y lo que la hace eficaz una vez que ocupa ese lugar.

Por alguna razón, quizás arraigada en nuestro pasado evolutivo, parecemos tener cierta predisposición a favorecer a los líderes que lucen y suenan imponentes. Sin embargo, ser más alto o tener una voz potente no garantiza, por sí solo, que alguien sea un mejor estratega.

Gran parte de ese efecto nace de la forma en que los percibimos.

Después aparece otro conjunto de características en las que la voz que convence ya no viene de afuera, sino del interior de la propia cabeza del líder.

La Tríada Oscura

En 2010, un estudio arrojó uno de esos datos curiosos destinados a circular por internet durante años.

Un grupo de investigadores analizó a 203 profesionales corporativos seleccionados por sus empresas para programas de desarrollo gerencial y encontró niveles más altos de rasgos psicopáticos que en muestras de la población general. Curiosamente, esos rasgos mostraron una asociación positiva con las calificaciones de carisma y estilo de presentación, pero negativa con la responsabilidad y el desempeño.

Eso puede explicar alguna que otra reunión incómoda, aunque detrás aparece una conclusión bastante más profunda.

Un metaanálisis posterior reveló que el narcisismo predecía de manera positiva el surgimiento del liderazgo, mientras que su relación lineal con la eficacia resultaba prácticamente nula. Un nivel moderado de narcisismo podía ser útil, pero, a partir de cierto punto, la grandiosidad y las tendencias explotadoras se transformaban en desventajas.

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Los rasgos psicopáticos mostraron una asociación positiva con las calificaciones de carisma y estilo de presentación (Foto: Imagen creada con IA)

Algunos rasgos de estas características pueden ayudar a las personas a ascender. El ego, la confianza o el simple deseo de liderar pueden empujarlas hacia la cima.

Mantenerse cómodamente en ese lugar es una cuestión completamente distinta. Y eso, finalmente, nos lleva a la inteligencia misma.

¿Necesitás ser más inteligente para ser un mejor líder?

Si alguna vez te preguntaste cómo algunas de las personas menos brillantes terminan en los puestos más importantes, es posible que simplemente estés observando el lado equivocado de la curva que relaciona inteligencia y liderazgo.

Un estudio realizado con casi 400 líderes de nivel medio y superior de empresas multinacionales reveló una relación en forma de U invertida entre el coeficiente intelectual y el liderazgo percibido. Las calificaciones mejoraban a medida que aumentaba la inteligencia, hasta que la curva alcanzaba su punto máximo con un coeficiente intelectual cercano a 120. A partir de ahí, una mayor capacidad intelectual empezaba a jugar en contra del líder.

La explicación que plantearon los investigadores resulta profundamente humana. Los líderes muy inteligentes pueden proponer soluciones innecesariamente complejas o comunicarse de una manera que dificulta que quienes los rodean sigan el razonamiento. De ahí surgen dos lecciones útiles.

En primer lugar, no necesitás ser la persona más inteligente para liderar bien un equipo. Además, la inteligencia percibida mostró una correlación más fuerte con el liderazgo que aquella medida mediante pruebas tradicionales.

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La inteligencia solo se transforma en liderazgo cuando consigue superar la distancia entre tu mente y la de los demás (Foto: Imagen creada con IA)

En segundo lugar, la inteligencia solo se transforma en liderazgo cuando consigue superar la distancia entre tu mente y la de los demás.

Tu equipo necesita comprender la idea, confiar lo suficiente en vos como para seguirla y tener la capacidad de hacer algo útil con ella. Llegado cierto punto, aumentar tu propia capacidad intelectual importa mucho menos que conseguir que el talento que ya tenés funcione de manera coordinada.

Por eso, la conclusión después de décadas de investigación resulta sorprendentemente sencilla.

Hacé de tu inteligencia un multiplicador de la inteligencia de los demás.

La materia prima que aportás importa. Pero lo que, en última instancia, te convierte en un líder es aquello que los demás pueden hacer con ella.

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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