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Turismo fuera de órbita: por qué los vuelos espaciales ya son una realidad

Sebastián Chicou

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El turismo espacial podría convertirse en una industria de US$ 3.000 millones en los próximos 10 años.

17 Julio de 2020 11.00

Mientras que acá en la Tierra se empieza a ver cómo se vuelve a una nueva normalidad en la postpandemia, y donde aún queda por resolver qué aerolíneas quedan en pie o cómo los pasajeros vuelven a viajar, la carrera por los vuelos orbitando la Tierra tiene jugadores fuertes dispuestos a despegar este mismo año.

Podríamos estar frente a un cambio en la forma de viajar, y es que dejar la órbita terrestre significa viajes a través del mundo mucho más rápido. El turismo espacial ya dejó de ser un tema del futuro, y los pasajeros ya no son parte únicamente de una película de ciencia ficción; esta modalidad de turismo que se realiza a más de 100 kilómetros de altura de la Tierra, lo que se considera la frontera del espacio, ya empezó a hacerse realidad con la venta de pasajes. Existe un beneficio asociado a estos desarrollos que es el de poder moverse entre ciudades lejanas en cuestión de minutos y cambiar 14 horas de vuelo por 40 minutos.

Elon Musk, CEO de Tesla y fundador de SpaceX, es uno de los jugadores más fuertes, y ya está promocionando un vuelo de 40 minutos de Nueva York a Shanghái usando su tecnología de vuelos espaciales.

El sudafricano y fundador de Tesla quedó en la mira de todos días atrás, cuando la nave Crew Dragon, primera misión conjunta de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) y SpaceX, fue lanzada rumbo a la Estación Espacial Internacional. De esta forma, se convirtió en la primera misión espacial tripulada gestionada por una empresa privada. 

Pero, según lo planeado, Virgin Galactic, de Puntapié espacial. De la mano del magnate Richard Branson, marcará este año el inicio del turismo espacial. Será  la primera empresa privada en llevar turistas al espacio en el 2020. La compañía asegura que 600 personas ya compraron su pasaje, incluidas celebridades como Justin Bieber y Leonardo DiCaprio, entre otras.

Otra es la empresa Blue Origin, lanzada por el fundador de Amazon, Jeff Bezos, que también tiene reservas de pasajeros para los vuelos espaciales y espera despegar con ellos este año. En todos los casos, el precio promedio del ticket para abordar ronda los US$ 250.000. La estrategia para lograr el éxito fue generar una demanda seduciendo a los consumidores con capacidad económica que buscan experiencias transformadoras. A través de ellos se logra la financiación y viabilidad de los proyectos. 

Apalancados en el turismo, ya que los viajes de lujo se multiplicaron y las experiencias exclusivas hoy venden, las campañas de comunicación apuntan los cañones hacia ese público. En el 2019 un banco de inversión suizo publicó un informe que calculaba que el turismo espacial podría convertirse en una industria de US$ 3.000 millones en los próximos 10 años. 

Para Virgin Galactic los primeros turistas están ayudando a demostrar que existe una demanda incipiente para los vuelos  espaciales privados, incluso a pesar del alto valor que tienen los pasajes. La empresa se convirtió en octubre del año pasado en la primera compañía de vuelos espaciales para individuos no profesionales que cotiza en Wall Street. 

Tan adelantadas están las gestiones que en noviembre de 2019 algunos de los futuros viajeros pudieron probarse los trajes espaciales diseñados por la marca deportiva Under Armour. 

A diferencia de los astronautas de las legendarias misiones Apolo, que pasaron por meses de riguroso entrenamiento y agotadoras experiencias físicas, los turistas espaciales se someterán a solo tres días de preparativos para su viaje al espacio. Virgin Galactic dice que el entrenamiento incluso podría ser más corto, aunque desea que los pasajeros obtengan lo máximo de su experiencia. En este sentido, la compañía también diseñó una sala equipada con ventanas del piso al techo, en su base situada en Mojave, California, para ver los lanzamientos con servicio gourmet incluido. Desde allí, los turistas de Virgin Galactic abordarán las naves que harán un viaje de ida y vuelta de hora y media, con solo unos cuantos minutos en la órbita baja, aunque será una experiencia mucho más lujosa que la de los astronautas de la NASA. 

Virgin, por su parte, armó un gran equipo con referentes en la industria provenientes de la NASA. Estos saben que la experiencia espacial es potencialmente transformadora. Los astronautas que volvieron del espacio en los últimos cuarenta o cincuenta años no hablan de la experiencia espacial por unos pocos meses, ni siquiera por unos años: hablan de ese viaje por el resto de sus vidas. Un cuarto de millón de dólares podría parecer mucho para un viaje turístico, pero Virgin Galactic está esperanzada en que la demanda supere la oferta en el corto plazo, lo cual podría incluso provocar un aumento en los precios de los pasajes en lo inmediato.

Además del lanzamiento de la Crew Dragon, la NASA ya firmó contratos con SpaceX y Boeing para transportar astronautas estadounidenses. Los viajes de un punto de la Tierra a otro, pero saliendo de su órbita, podrían dar para el 2030 unas ganancias de hasta US$ 20.000 millones.

Lo interesante ahora es que el comercio espacial es un negocio masivo y en este momento representa más de US$375.000 millones anuales, y se espera que alcance alrededor de US$1,5 trillones. 

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