Comprar uranio resulta sospechosamente fácil. Aunque te sorprenda, no se trata de una exageración. "Aparece en un camión de UPS", dice Staff Sheehan, director ejecutivo y fundador de Project Omega. "Puedes buscarlo en Google". No habla en términos hipotéticos: describe, con precisión, cómo empezó su nueva empresa.
Con Project Omega, Sheehan, exalumno de Forbes Under 30 y fundador en serie, encara uno de los problemas energéticos más persistentes de Estados Unidos: los residuos nucleares. Para que tengas una dimensión del tema, hoy existen alrededor de 100.000 toneladas de combustible nuclear gastado almacenadas en más de 100 emplazamientos en todo el país, tanto en piscinas de agua purificada como en contenedores de acero y hormigón. Ese material constituye el subproducto de más de medio siglo de generación nuclear. A la vez, mientras las empresas de servicios públicos, el gobierno y la industria recurren a la energía atómica para responder a la demanda eléctrica que impulsa la inteligencia artificial, esa reserva de combustible sin reutilizar va a aumentar. El dato más llamativo es que ese combustible todavía conserva más del 90 % de su energía original, pero Estados Unidos no cuenta con la capacidad necesaria para reciclarlo.
Sheehan sostiene que se trata de una oportunidad desaprovechada. Por eso creó Project Omega, con la idea de capitalizar ese potencial. La empresa dejó atrás el sigilo con una financiación de US$ 12 millones, que compartió en exclusiva con Forbes, y alcanzó una valoración estimada en US$ 50 millones. Ese cálculo correspondió a una etapa previa al desarrollo de un prototipo funcional. La ronda de inversión estuvo encabezada por Starship Ventures y contó con la participación de Mantis Ventures, Decisive Point y Slow Ventures. Además, el gobierno se sumó a través de un contrato de ARPA-E, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada del Departamento de Energía de Estados Unidos.
A diferencia de otras compañías del sector nuclear, Project Omega, con sede en Rhode Island, propone una estrategia orientada al consumidor para el reciclaje de residuos atómicos. La meta consiste en transformar los isótopos energéticos presentes en ese material en baterías de larga duración, aptas tanto para uso civil como gubernamental. La iniciativa surgió a partir del interés de Sheehan por las energías limpias y de su experiencia en la química de metales pesados.
Milan Koch, de Mantis Ventures, quien conoce a Sheehan desde hace más de una década, explicó que decidió invertir por su combinación de tenacidad, capacidad científica y habilidad comercial. "Es el arquetipo perfecto para este negocio", sostiene.
Sheehan ingresó a la lista de Forbes “30 menores de 30” a los 27 años, gracias a una startup que nació de su doctorado en Yale: Catalytic Innovations, una firma dedicada a soluciones anticorrosivas. Más tarde cofundó Air Company, una compañía que transforma el dióxido de carbono atmosférico en combustible para aviones y en productos de consumo, como vodka y colonia. En 2024, la empresa alcanzó una valoración de US$ 436 millones. Después de siete años en la compañía, Sheehan dejó Air Company a fines de 2024. Dos meses más tarde presentó una demanda por despido injustificado y sostuvo que lo echaron por “actividad de denunciante protegida”. Air Company rechazó esas acusaciones y el caso continúa en la Justicia.
Después de su salida de Air Company, Sheehan empezó de inmediato a probar con algo nuevo. A partir de su experiencia con metales pesados en Yale y en Catalytic Innovations, registró Project Omega como empresa el verano pasado. El trabajo de la startup, aunque todavía incipiente, mostró señales alentadoras. En su laboratorio de Rhode Island produjo un material que luego envió al Laboratorio Nacional del Pacífico Noroeste del Departamento de Energía. Allí lo utilizaron para transformar el calor o la radiación de isótopos nucleares, como el estroncio-90, en electricidad aprovechable. "Pudimos medir la energía eléctrica que emanaba", afirma Sheehan. "De hecho, lo estamos haciendo", agrega.
Sean Hoge, de Starship Ventures, imagina que Project Omega puede marcar el comienzo de un escenario en el que, quizá dentro de una década, no tengas que cargar tu teléfono celular porque funcione con isótopos nucleares capaces de mantenerse activos durante décadas. "Me encantaría ver un futuro con teléfonos, drones, ordenadores y autos de propulsión nuclear", afirma.
La competencia en el negocio del reciclaje de combustible nuclear es fuerte y cuenta con respaldo financiero significativo. La compañía más relevante es la francesa Orano, que gestiona todo el ciclo del combustible, desde la extracción de uranio hasta el reciclaje. La firma opera bajo control estatal y recibe apoyo del gobierno de Francia. En Estados Unidos también avanzan jugadores de mayor tamaño. La semana pasada, el Departamento de Energía asignó US$ 19 millones a cinco empresas —Alpha Nur, Curio Solutions, Flibe Energy, Oklo y Shine Technologies— para respaldar programas vinculados al reciclaje de combustible nuclear. @@FIGURE@@
La mayoría de esas compañías busca transformar el combustible gastado en material especializado para sus propios reactores nucleares avanzados. Se trata de un camino complejo, sobre todo porque ninguno de esos reactores opera hoy en Estados Unidos. Esa realidad implica, según Hoge, “10 años de planificación, 10 años de certificaciones y muchos miles de millones de dólares”.
Y agrega: “Queremos algo que pueda entrar en el mercado en un plazo breve”. Frente a ese escenario, Project Omega adopta otra estrategia: enfocarse en aplicaciones de consumo a partir de los residuos nucleares ya disponibles. La decisión guarda relación con los primeros pasos de Sheehan como emprendedor.
En Air Company encontró un espacio dentro del amplio negocio de la captura de carbono, al convertir ese gas en productos utilizables, primero para el Estado y después para el consumidor masivo. Ahora replica una lógica similar, con la intención de abrir un mercado distinto dentro de un sector dominado por desarrollos de largo plazo.
El plan arranca con aplicaciones militares y aprovecha los vínculos que Sheehan construyó con el gobierno durante su paso por Air Company. Project Omega obtuvo un contrato del Departamento de Guerra, que atraviesa la etapa final de aprobación.
La empresa aspira a trabajar junto al gobierno y a la comunidad de inteligencia para proveer “fuentes de energía radiactiva” destinadas a “misiones aburridas, sucias o peligrosas”, como sensores y sistemas autónomos. Koch sostiene que una fuente nuclear de larga duración puede resultar útil en dispositivos como boyas de vigilancia en aguas profundas o satélites ubicados en zonas remotas, donde el recambio de baterías o el mantenimiento frecuente no representan una opción viable.
Las aplicaciones de consumo más amplias quedarán para una etapa posterior, cuando la tecnología alcance mayor desarrollo y escala. La apuesta apunta a consolidar primero la viabilidad técnica y luego avanzar hacia mercados masivos. “Piensen en qué aplicaciones podrían beneficiarse de una batería que nunca se agote”, dice Sheehan.
Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com